TRABAJO PRÀCTICO NRO 4

Temario:

 

    Lea los ataques producidos el día 11 de mayo:

    Conforme esa lectura, diga cuáles son a su criterio las causas del fracaso del ataque del RI 351

    Fecha de entrega:

    Hasta el 7 de octubre de 2010.

    Puede entregarse en cualquier fecha con anterioridad a la fijada.

    La fecha límite no tiene prórroga.

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    CHINDITAS

    El siguiente es un relato de la primera parte de la segunda invasión Chindita en Birmania, tras las líneas japonesas. El autor del relato es el Grl Michael  Clavert, comandante de una de las brigadas intervinientes en la operación

    Invasión desde el aire

      La primitiva intención de la invasión aerotransportada aliada del Norte de Birmania, tal y como se estableció en Quebec, era la de ayudar a las fuerzas chino-norteamericanas del general Stilwell a conquistar Mogaung y Myitkyina y una zona lo bastante al Sur para hacer seguros a dichos centros ferroviarios, a fin de poder abrir una carretera y un oleoducto desde el Nordeste de Assam a Yunnan, en China. Los japoneses tenían veinticinco divisiones en este último país, y los chinos, que habían estado luchando contra ellos desde 1937, estaban cansados de guerra. La principal tarea de Wingate consistía en cortar las comunicaciones de los japoneses que se enfrentaban a Stilwell y la división china sobre el río Saluin, al Este.

    El 5 de febrero, el general Bernard Fergusson partió de Ledo, en el valle del Brahmaputra, para marchar hacia Iridaw, una distancia de 575 kilómetros a través de la selva. Comenzó por cruzar el Chindwin superior el 28 de febrero, y halló la progresión por las sierras de Patkai increíblemente dura y muy lenta.

    Cuando Fergusson inició su marcha, el plan general preveía que las tres brigadas Chinditas — la 16a (Fergusson), la 77a (Calvert) y la 111a (Lentaigne) — tomarían la pista de aterrizaje de Indaw, y que una división regular, con artillería y blindados, sería aerotransportada allí para conservarla. Fergusson iba a llevar a cabo el ataque original, mientras que Calvert bloquearía los accesos por el Norte y Lentaigne impediría cualquier envío de refuerzos desde el Sur.

    Este plan ocupaba naturalmente todos los pensamientos de Fergusson en tanto realizaba su gran marcha al Sur. Pero desde su partida de Ledo al comienzo de la operación aerotransportada el 5 de marzo, habían pasado muchas cosas en ambos bandos, y resultaba difícil que Fergusson saliera airoso.

    El jefe de la 16a había completado el cruce del Chindwin para el 5 de marzo, gracias a la utilización de botes neumáticos de goma lanzados por la RAF, y empezado la segunda parte de su larga marcha hacia el Sur.

    La noche del 5 de marzo daba comienzo la invasión de Birmania por la ruta del aire. Como general de brigada, yo mandaba entonces la 77a de Infantería india, y estaba encargado de la fuerza transportada en planeadores. El relato de la invasión que aparece a continuación procede de las notas que tomé entonces.

    •«Originalmente, mi plan había sido desembarcar mi brigada en dos claros, «Piccadilly» y «Broadway», a fin de conseguir el mayor número posible de soldados la primera noche, antes de que se produjera cualquier reacción japonesa. Wingate había ordenado que ningún avión de reconocimiento volara sobre los lugares de aterrizaje propuestos, una vez elegidos éstos, hasta la última tarde. Cuando nos preparábamos para embarcar, en presencia del general Slim, jefe del Catorce Ejército anglo-indio; del vicemariscal del Aire (general de división) Williams y de otros altos oficiales, un tal comandante Russhon, de las Fuerzas Aéreas del Ejército de los Estados Unidos, se presentó con las fotografías de los dos terrenos de desembarco. Piccadilly había quedado bloqueado por una cubierta de troncos de árbol.

    «Hubo una conferencia inmediata. Tras algunas discusiones, Wingate se me acercó y dijo: ‘¿Está preparado para volar a Broadway y Chowringhee?’ (Este último era otro posible lugar de aterrizaje al Este del Irrawaddy.) Wingate continuó diciendo: ‘Si no vamos ahora, no creo que vayamos nunca, ya que tendremos que esperar a la próxima luna y la estación está muy avanzada. Slim y los aviadores desean que vayamos ahora, y todo está dispuesto. ¿Qué le parece? No me gusta ordenarle que vaya si yo no voy. Por el momento, les he dicho que lo pensaría, porque quería conocer su punto de vista’.

    «Yo había discutido las posibilidades con mi segundo en el mando, coronel Claude Rome, mientras esperábamos. Rome iba a encargarse del extremo indio mientras yo volaba. Le dije a Wingate: ‘Estoy preparado a llevar a toda mi brigada a Broadway solo, y aceptar las consecuencias de una concentración más lenta, puesto que no deseo dividir mi brigada a ambos lados de Irrawaddy. Este cambio de plan significará volver a dar instrucciones a los tripulantes, pero creo que esto se puede hacer a tiempo si enviamos primero a los que ya han sido informados acerca de la ruta Broadway’. El coronel Cochran, de las Fuerzas Aéreas del Ejército de los Estados Unidos, que estaba con Wingate, dirigía el excelente «Comando Aéreo» norteamericano y era su consejero en materias de aviación, se mostró de acuerdo conmigo. Wingate no se hallaba aún totalmente satisfecho, y el general Slim se acercó y pidió mi opinión. Le dije que cualquier nueva escisión en mi brigada arruinaría mis planes para el ataque al ferrocarril, que constituía el verdadero objetivo de la invasión aérea. Después de todo, nuestro propósito principal era atacar, y los medios para llegar allí resultaban secundarios respecto al ataque en cuestión. Añadí que no creía que se presentara ningún problema. Si las fuerzas aéreas podían desembarcarnos en esos puntos, estaríamos perfectamente. Eso les correspondía a ellas. Slim no hizo ningún comentario y se alejó silenciosamente.

    «Wingate vino hacia mí pocos minutos después diciendo: "Toda su brigada va a ir a Broadway como usted quería. Los norteamericanos están reorganizando los horarios y las rutas de vuelo para que todos los planeadores aterricen allí esta noche. Ello puede causar cierta confusión, pero Alison y Cochran dicen que pueden hacerlo. Mucha suerte y acuérdese de comunicármelo’.

    «Media hora después despegábamos en doble remolque. En el quinto planeador de la tercera sección íbamos la avanzadilla del cuartel general de mi brigada y yo.

    «Al sentarme nerviosamente en el planeador me preguntaba cómo se desarrollaría nuestro plan. No se debía a temeridad que yo dijera que debíamos ir aquella noche. Habíamos reunido tres brigadas de doce mil hombres, dos mil mulos, cañones antiaéreos, abastecimientos, equipo, alambre de espino y otro material diverso. Disponíamos de cinco o seis noches de buena luna para aterrizar. Nuestra concentración de planeadores pronto sería advertida por los japoneses. En mi opinión, si titubeábamos estábamos perdidos. También había muchos que dudaban entre los altos oficiales de los cuarteles generales superiores, que no creían en una operación semejante ni deseaban que se llevara a cabo. No podíamos esperar otra luna. Yo había tenido noticia de que se preparaba una ofensiva japonesa y, una vez que se iniciara, me parecía que habríamos perdido nuestra oportunidad porque podíamos vernos envueltos en la lucha. Entonces nuestra idea, nuestro plan, en el que confiaba plenamente, de penetrar profundamente en las líneas japonesas, donde no había unidades de combate, y de destruir sus comunicaciones o bloquearlas, no se podría ejecutar ni demostrar.

    «Todos anhelábamos poner en practicar las ideas y los planes de Wingate.

    Pensé también en que nunca se nos volvería a forzar hasta tal extremo, moral, física o materialmente.

    «Miré por el portillo del planeador y vi la llanura de Imphal y, luego, más montañas. Cruzamos el Chindwin. Era mi cuarto cruce: dos a nado y otro en bote perseguido por los japoneses. Quizá éste constituía el mejor medio de hacerlo.

    «Mi tarea consistía en cortar, y mantener cortadas, todas las comunicaciones de las divisiones japonesas que se enfrentaban a Stilwell, a fin de contribuir a su avance hacia el Sur. Mi plan suponía hacer esto primero mediante el establecimiento de una «plaza fuerte» que sería nuestra base. Una vez que hubiéramos construido una pista de aterrizaje, los Dakotas podrían tomar tierra y despegar y evacuar nuestras bajas al mismo tiempo que nos abastecían. Mi fuerza principal de la 77a Brigada avanzaría inmediatamente desde esa base para bloquear la carretera y el ferrocarril entre Mawlu y Hopin. Una tercera misión tenía por objeto negar el uso del Irrawaddy a los japoneses. En cuarto lugar, el teniente coronel Herring, con su fuerza Dah y el 4°-9° de Gurkhas, iba a cortar la otra ruta que tenían los japoneses en el Norte: la carretera Bhamo-Myitkyina.

    «Vi la desembocadura del Kaukkwe Chaung en el Irrawaddy. Era nuestro punto de giro. Viramos al norte. Piccadilly me pareció encantador a la luz de la luna. ¿Cómo sería nuestra recepción en Broadway?

    «Luego lo vi debajo. Cortamos el remolque. Hubo un tremendo silencio sú-bito. Nos inclinamos acusadamente al virar y nos dirigimos hacia tierra. Hubo una gran sacudida y despegamos nuevamente, el morro al aire. Un choque; un montante me golpeó en la espalda, y descendimos.

    «Me uní a Alison que apagaba las bengalas de petróleo utilizadas para guiar a los planeadores en el descenso. El coronel Scott y su equipo estaba patrullando. Un obstáculo fue que había dos árboles solitarios en medio de la pista principal y varias zanjas que no se apreciaban en las fotografías aéreas; pero resultaron suficientes para eliminar el tren de aterrizaje de los planeadores.

    «Mientras Alison y los suyos extinguían las balizas de aterrizaje, el resto de nosotros trataba de despejar la pista a fin de recibir al grueso de los planea-dores. Sin embargo, antes de que pudiéramos hacerlo, oímos con espanto el zumbido de aviones, y más planeadores comenzaron a tomar tierra. Los primeros lo hicieron felizmente, logrando evitar las unidades destrozadas y otros obstáculos; mas muchos de ellos cayeron en las zanjas y quedaron inmovilizados, Luego, otros más chocaron con los que se hallaban parados antes de que fueran desocupados.

    «El estrépito de los planeadores y el consiguiente tumulto alcanzaron su apogeo y se apagaron. Se produjo un silencio roto únicamente por los lamentos de los heridos y los gritos de los imposibilitados. La primera oleada había aterrizado. Para entonces yo me sentía exhausto y descorazonado. El oficial de radio del coronel Alison había logrado establecer comunicación con nuestra base en Assam, y Wingate se hallaba al aparato. Se trataba de la primera experiencia del general en cuanto a la soledad del alto mando. Había pasado toda la noche en vigilia preguntándose si los planes daban resultado, y se veía impotente para hacer algo al respecto.

    «El general Slim estaba sentado a la mesa con el jefe de Estado Mayor de Wingate, general Derek Tulloch, y mi segundo en el mando, coronel Claude Rome, que organizaba el despegue. Claude me dijo posteriormente que el general Slim era una fortaleza absolutamente tranquila. Yo había convenido con el general Wingate un código por si tenía que hablar con él sin emplear la clave, en caso de urgencia. Había pensado dos conjuntos de palabras. Si todo iba bien, enviaría el mensaje: «Salchicha de cerdo». Y si las cosas se presentaban mal, el mensaje sería: ‘Soya Link’. (Soya Link era una especie de sucedáneo de salchicha, a base de soja, que, en nuestra opinión, suponía lo peor que nos podía ocurrir si la recibíamos en nuestras raciones durante el período de instrucción y adiestramiento).

    «Yo sabía que muchos de la primera oleada no habían aparecido. Vi bastantes soldados muertos o heridos. La ruta de los planeadores aparecía sembrada de aparatos destrozados. Una segunda oleada se disponía a despegar. No se podía confiar en nuestras comunicaciones con la base. Y envié el fatídico mensaje: ‘Soya Link’.

    «Alison y yo echamos un vistazo a nuestro alrededor y evaluamos nuestros triunfos y nuestras pérdidas. Los totales sobre el terreno ascendían a treinta muertos y veintiún heridos, incluidos soldados británicos y tripulaciones aéreas, y personal de ingenieros norteamericanos. De los 54 planeadores que despegaron, 37 habían aterrizado en Broadway, seis cayeron en manos japonesas en territorio ocupado en Birmania y el resto se vio forzado a tomar tierra en terreno británico en Assam. Supe, al pasar lista, que tenía 350 hombres en total bajo mi mando y dispuestos a luchar.

    «Aproximadamente la mitad de los pasajeros y tripulaciones de los planea-dores que habían hecho aterrizajes forzosos en Birmania lograron regresar felizmente a la India o marchar hacia nosotros en Broadway. El personal de un planeador a las órdenes del teniente coronel Peter Fleming tomó tierra cerca de un puesto de mando japonés. Tras llevar a cabo una acción de diversión, que hizo creer a los nipones que constituían el objetivo de aquel desembarco aéreo, Fleming condujo a su grupo en el recorrido de 160 kilómetros de regreso a la India, perdiendo sólo un hombre en el cruce del Chindwin. Todos los que volvieron tomaron inmediatamente un avión para reintegrarse a sus unidades, ahora en Birmania.

    «En Broadway, el teniente Brockett, al mando de los ingenieros, descubrió que además de sus dos explanadoras, intactas, tenía un jeep con raedera y unos siete hombres. Otro oficial con sus soldados habían perdido la vida. Días antes, en el adiestramiento, un tercer oficial y su grupo perecieron en un planeador. Al romper el día, Brockett vino a informarme y dijo que disponía de bastante equipo si yo le podía proporcionar mano de obra para terminar por la tarde una pista de aterrizaje para los Dakotas. Tanto Alison como yo sentíamos ciertas dudas, pero confiando en ello y tras ver a la luz del día todo lo que era posible y lo que no lo era, envié un ilusionado mensaje «Bachicha de cerdo» a la India y hablé después con el general Wingate.

    «Aún me sentía apesadumbrado por el número de planeadores perdidos, pero cuando supe que muchos habían aterrizado en la India porque no pudieron superar las montañas, comprendí que nuestras pérdidas no eran tan grandes como había pensado. Un hábil oficial despegó tres veces en planeadores distintos y en cada ocasión el piloto se estrelló o tuvo que hacer un aterrizaje forzoso en las cercanías. El personal de un planeador había tomado tierra cerca de un puesto de mando británico, y sus pasajeros y tripulación, que creyeron haber caído en medio de los japoneses, mantuvieron a raya a tropas de su país hasta el amanecer, pensando que se trataba del enemigo.

    «Sesenta y seis oficiales y soldados desaparecieron y no volvieron. Algunos de ellos quizá fueron hechos prisioneros. Sin embargo, hubo un dividendo inesperado. Muchos de estos planeadores aterrizaron entre fuerzas japonesas que se dirigían a atacar Imphal y Kohima. La caída de los aparatos causó completa confusión al enemigo, y algunas tropas interrumpieron su marcha. Tardaron algún tiempo en enterarse de nuestro paradero y de la cuantía de nuestros efectivos.

    «Durante aquel día, mientras Alison montaba su organización en tierra para guiar por la noche a los aviones, yo establecí mi puesto de mando. Había elegido un punto para la defensa de Broadway en una península de árboles que se proyectaba hacia el llano abierto. Allí le dije a Scott que cavara, mientras enviaba patrullas en todas direcciones con fines de reconocimiento. Una agra-dable corriente de agua atravesaba la zona.

    «A mitad del día llegaron doce avionetas a las órdenes del comandante Rabori, de las Fuerzas Aéreas del Ejército de los Estados Unidos. Yo había estado preocupado por nuestros heridos, a quienes posiblemente no podríamos llevar si éramos atacados. Cada uno de nosotros disponía de raciones para siete días. Si podíamos evacuar a los heridos, yo me sentiría feliz de luchar o de marchar si las cosas se ponían mal.

    «El comandante Rabón se ofreció galantemente a llevarse a los heridos, lo que significaba volar 650 kilómetros a plena luz sobre territorio enemigo y con unos pilotos que no habían estado anteriormente en Birmania. Rozando los árboles y fijando una juiciosa ruta por encima de la selva, todos los aviones volvieron felizmente. Este fue nuestro primer contacto con los valerosos pilotos de las avionetas norteamericanas.

    «Brockett y sus hombres trabajaron sin descanso durante todo aquel día. Alison había estado en comunicación con Assam. Una hora después del crepúsculo, el general de brigada Oíd, de las Fuerzas Aéreas del Ejército de los Estados Unidos, llegó con el primer contingente. Sesenta y tres Dakotas más aterrizaron esa noche bajo el excelente control aéreo de Alison y su equipo.

    «Elegimos emplazamientos para la artillería de campaña y la antiaérea, que iba a llegar la noche siguiente. A partir de entonces, y durante los próximos días, más de un centenar de aviones Dakota tomaban tierra cada noche. No hubo accidentes, ni actividad enemiga, ni informes de patrullas adversarias.

    «El general Wingate aterrizó la segunda noche. Le llevé de inspección y se mostró satisfecho. Tras un contra-tiempo inicial sus planes se desarrollaban perfectamente.

    «También, durante aquellas primeras noches, la 111a Brigada de Infantería india del general Joe Lentaigne tomó tierra en Chowringhee, al Sur de nosotros y al otro lado de Irrawaddy.

    «En pocos días, los Chinditas tenían doce mil hombres y dos mil muías, gran cantidad de equipo y baterías de campaña y antiaéreas, todo ello bien afincado detrás de las líneas enemigas.

    «Como dijo Wingate, ‘estábamos ahora en las entrañas del adversario’».

    Establecimiento de White City

    «A medida que aterrizaban los batallones de la 77a Brigada, eran conducidos por guías a sus zonas de concentración. Al mediodía siguiente las columnas iniciaban su marcha hacia el objetivo, el ferrocarril.

    «En el curso del adiestramiento, estas columnas habían recorrido centenares de kilómetros, y cada soldado y cada mulo sabían cuál era su puesto en la columna y al vivaquear por la noche.

    «Yo había reconocido en dos ocasiones la vía férrea en un bombardero B-25 Mitchell, desde la zona del nudo ferro-viario de Indaw a Hopin. Y descubrí dos posibles puntos para bloquear la carretera y el ferrocarril. Uno se hallaba en Nansiaung, a mitad de camino entre Mawlu y Mawhun. El otro estaba donde había una serie de pequeñas colinas semejantes a toperas, justamente al Norte de Mawlu. En Nansiaung se encontraba una eminencia dominante cubierta de vegetación. En Henu, al Norte de Mawlu, la serie de colinas ofrecía una buena posición defensiva, porque los pequeños valles entre ellas podían proporcionar cobertura a todos nuestros servicios auxiliares, como mulos, equipos de radio, sanidad, etcétera.

    «Mi plan suponía que una columna de los Fusileros de Lancashire, a las órdenes del comandante Shuttleworth, avanzara sobre la carretera y el ferrocarril al Sur de Mawlu, en las cercanías de Pinwe, y hostigara y volara la comunicación ferroviaria en esa zona. La otra columna del mismo Regimiento, bajo el mando del coronel Christie, haría lo mismo en las proximidades de Mawhun y Kadu. Serían éstas incursiones de di-versión para mantener ocupadas a las guarniciones japonesas de Indaw y Mohnyin, mientras montábamos entre ellas el obstáculo principal.

    «Esto me dejaba dos batallones y el Cuartel general de la brigada para dicho obstáculo. Los del 3°-6° de Gurkhas del comandante Shaw (tal era su graduación entonces) se dirigieron a Nansiaung, mientras el teniente coronel Richard y el comandante Degg, del regimiento South Staffordshire, avanzaban sobre Henu. Mi Cuartel general de brigada y la compañía defensiva de ésta, del capitán MacPherson, les siguieron. «En la alta escarpa de Rit Pun recibí confirmación de que Shaw había tenido una escaramuza con el enemigo en Nansiaung, cuya estación parecía estar ocupada por los japoneses. Así que dispuse que el coronel Skone, que mandaba el 3°-6° de Gurkhas, avanzara con su columna para reforzar a Richard e instalar el obstáculo en Henu inmediatamente. Dije al comandante Shaw que se reuniera conmigo en el valle como reserva próxima a la obstrucción, y que observaríamos cómo se desarrollaban los acontecimientos.

    «Las dos columnas de Fusileros de Lancashire al Norte y al Sur de nosotros habían tenido dificultades al atravesar la jungla, y yo no tenía aún conocimiento de si se había bloqueado el ferrocarril para impedir que vinieran refuerzos hacia nosotros con destino a la obstrucción. Al acercarnos a ésta oímos intenso fuego. Recibí entonces un mensaje de que Christie había entrado también en acción y volado la vía férrea en Kadu.

    «La radio me informó de la situación en Henu. Degg llegó primero a la línea del ferrocarril y pidió que le lanzaran suministros para la consolidación, especialmente alambre de espino, picos y palas y gran cantidad de municiones y alimentos. Por desgracia, el procedimiento de lanzar no funcionó bien esta vez, y muchos de los pertrechos cayeron en una ladera próxima a donde nosotros estábamos, y hasta una semana después no pude recuperarlos mediante un equipo de elefantes que habíamos incautado.

    «A Degg se habían unido rápidamente Skone y Richard. Empezaron a cavar con lo que tenían: cuchillos indígenas, como el kukri, y bayonetas. La operación de Freddye Shaw en Nansiaung había entretenido a los japoneses en aquella zona, permitiendo así que se consolidara la obstrucción, al menos por el momento. El 14 de marzo decidí avanzar con las fuerzas de plana mayor de mi brigada y la columna de Shaw. Alcanzamos una pequeña colina desde donde podíamos ver Mawlu, Henu y la línea férrea. Los japoneses parecían ocupar otra colina semejante con una pagoda en la cumbre, y Ron Degg la ladera anterior de un cerro que se alzaba frente a ella al Norte. En medio había un pequeño valle, y todo hacía suponer que los japoneses avanzaban valle arriba hacia la selva sobre el flanco izquierdo de Degg. Yo me había adelantado con un pequeño grupo, en el que figuraban Shaw, en comandante Bobby Thompson, mi primer oficial de la RAF, el cabo Young mi asistente, un chino de Hong-Kong, y el cabo Paddy Dermody, mi ordenanza del Ejército irlandés. Le dije a Shaw que cruzaríamos corriendo el valle para establecer contacto con Ron Degg, y que éste iba a subir el resto de los gurkhas, con la compañía de MacPherson, y que acatase cualquier cosa que él hiciera.

    «Atamos nuestros mapas, impresos en pañuelos de color naranja, a un largo palo que yo llevaba, y los cuatro cruzamos el valle a la carrera, tras las líneas japonesas, hacia donde la columna de Ron Degg cavaba trincheras. Como los picos y palas que esperaban habían caído en las colinas a varios kilómetros de distancia, sus estrechas trincheras eran poco profundas, y ya habían sufrido cierto número de bajas en las desnudas laderas. Yo me había dado cuenta, al venir desde el flanco que proporcionaba una buena observación, que los japoneses no disponían de grandes efectivos, pero también que los de South Staffordshire se hallaban en una posición muy expuesta. Así que me puse en pie y ordené a los hombres de este regimiento que calaran bayonetas y atacaran la colina de la pagoda. Mis órdenes no fueron comprendidas inmediatamente en el fragor de la lucha, ya que eran además un tanto inusitadas. No obstante, las repetí y comencé a bajar cautelosamente por la ladera con mi pequeño grupo. Los South Staffords comprendieron pronto lo que quería decir. Calaron bayonetas y nos rebasaron lanzados a la carga.

    «Subirnos unos diez o doce metros hasta la cima de la colina de la pagoda, donde se hallaban los japoneses. En vez de permanecer tendidos en el suelo (no había trincheras) y disparar contra nosotros, siguieron alocadamente nuestro ejemplo y cargaron al grito de Banzai. Oí descargas en mi flanco izquierdo, donde Shaw con sus gurkhas combatía con los japoneses que habían intentado infiltrarse en la posición del South Staffordshire.

    «En la cumbre de la pagoda de la colina, no mucho mayor que dos campos de tenis, se desarrollaba una escena asombrosa. La pequeña pagoda blanca se hallaba en el centro de la colina. Entre ella y la ladera que remontábamos tenía lugar una melee de South Staffords y japoneses, que se acribillaban a bayonetazos en lucha personal, mientras otros japoneses se limitaban a lanzar granadas desde los flancos. Young, Dermody y Thompson se acercaron para protegerme todo lo posible de los japoneses. A corta distancia vi cómo un oficial nipón cortaba un brazo al teniente Cairns y recibía un balazo de éste. Cogió la espada, aunque su axila era un surtidor de sangre, y empezó a dar tajos a los japoneses que le rodeaban, hasta caer al suelo. Me arrodillé y le ha¬blé antes de que expirara, justo cuando el enemigo era rechazado detrás de la pagoda. Cinco años después recibió la Cruz Victoria (máxima recompensa británica al valor) a título póstumo.

    «Empujamos a los japoneses detrás de la pagoda y hubo una breve pausa, mientras se lanzaban granadas hacia atrás y hacia adelante. Freddie Shaw apareció en ese momento y dijo: «Tengo seis pelotones de gurkhas a su disposición, señor». Los japoneses nos gritaban en inglés, así que puse en práctica una pequeña treta. Chulé a los South Staffords que ‘los retiraríamos en esa dirección’, y señalé un lado de la pagoda, y a ‘los gurkhas en aquel lado’. Lo repetí y ellos comprendieron. Cuando grité: «¡Ahora!», los South Staffords corrieron por un lado de la pagoda y los gurkhas por el otro, y en pocos minutos los sorprendidos japoneses fueron expulsados de la cumbre hacia la localidad de Henu, que se hallaba abajo. Allí les siguieron los gurkhas y les sacaron de las casas, hasta que desde la cima pudimos ver cómo los japoneses comenzaban a arrastrarse por el seco arrozal.

    «Tenía ahora el 3°/6° de Gurkhas y a los South Staffords en la obstrucción, junto con la plana mayor de mi brigada y la compañía de defensa. Tras haber explicado a la base que los suministros de consolidación se habían extraviado, la noche siguiente recibimos una buena cantidad de alambre de espino, munición de mortero y de ametralladora y raciones extra para el caso de que nos sitiaran. Esta obstrucción en las principales líneas de comunicación —carretera y ferrocarril— de las fuerzas japonesas que se enfrentaban a Stilwell en Moguang y Myitkyina se hallaba situada idealmente alrededor de una serie de colinas de nueve a quince metros de elevación con numerosos valles pequeños intermedios y agua al Norte y al Sur. Incorporé la localidad de Henu a nuestra área defendida para que pudiéramos tener un buen campo de tiro a través del arrozal, al Sur. También incluí en el perímetro lo que denominábamos «Colina OP», un accidente de terreno apenas más alto que nuestras colinas, para que nos permitiera una buena observación. Dicho perímetro te-nía ahora unos mil metros de longitud, principalmente siguiendo el ferrocarril, y ochocientos de profundidad.

    «Entre tanto, las otras columnas no habían estado inactivas. La de Christie, al Norte, voló un puente en Mawhun. El comandante David Monteith se situó en el Irrawaddy con un centenar de hombres de los Fusileros de Lancashire y paralizó todo el tráfico. La columna de Shuttleworth había llegado a la carretera en Pinwe. Al alcanzarla vio que por ella venían algunos camiones japoneses con tropas, y les tendió una emboscada inmediatamente. Esta se completó por algunos Mustangs, cuya colaboración pidió Shuttleworth para terminar la destrucción. Se hicieron numerosas bajas. Supimos luego por unos diarios que los camiones pertenecían a un batallón que se disponía a atacarnos en el plazo de dos días. Se sembraron minas en la carretera al Sur de Mawlu, operación realizada por uno de los comandos gurkhas.

    «Entre el 18 y el 21 de marzo comenzaron las patrullas japonesas a tantear nuestras defensas, y nos causaron un par de bajas. Reunimos algunas de las suyas con fines de identificación, pero los muertos no llevaban documentos ni insignias. Dedujimos de ello que probablemente pertenecían a un batallón veterano. Hicimos una pista para avionetas entre las colinas y el terraplén de la línea férrea. Así quedaba protegida del fuego casi en todas direcciones, y los aviones podían llegar y evacuar heridos sin constituir un blanco mientras estaban en tierra.

    «White City se organizaba de este modo para la defensa con nuestras columnas móviles al Norte y al Sur de nosotros. Teníamos ahora dos mil hombres en la obstrucción y gran cantidad de víveres y municiones. Muchos de los paracaídas empleados para lanzar su-ministros se enredaron en los árboles y no se podían recuperar. Me preguntaron cómo llamaríamos a la obstrucción con fines de identificación y, debido a esos paracaídas, contesté que la denominaría «The White City» (La ciudad blanca).

    «Cada puesto de mando de compañía y pelotón disponía entonces de alambrada de espino; se tendieron y enterraron líneas telefónicas; se almacenó la reserva de agua; se coordinó y perfeccionó lo relativo a morteros y ametralladoras; todos los sectores se hallaban bien abastecidos de municiones y granadas de mano. Los médicos prepararon un centro para la selección de bajas.

    «Destaqué una compañía como «compañía móvil» para que efectuara breves patrullas en torno a la obstrucción, fuera de la alambrada del perímetro, que se mantendría en comunicación conmigo por medio de la radio, a fin de que pudiera atacar por la retaguardia a cualquier enemigo que hostilizara el obstáculo. Era una tarea terrible para los nervios de sus componentes, por lo que la compañía se relevaba con frecuencia. La compañía de defensa de MacPherson guarnecía la un tanto aislada ‘Colina OP’. Utilizábamos los envases que venían en paracaídas: los llenábamos de tierra y hacíamos muros, para proteger a nuestros mulos y caballos, así como la enfermería central. Durante el día podíamos disponer de los Mustang de Cochran a las dos horas y media de solicitarlo. El lanzamiento de suministros se producía casi cada noche. Estábamos preparados para un asedio.

    «A las siete menos cuarto de la tarde del 21 de marzo, gritos y estallidos de granadas en el sector Norte fueron la primera señal de un ataque importante. El enemigo se precipitó contra la sección avanzada haciendo como si sus soldados fueran gurkhas y exclamando: ‘Hola, Johhny’, Alto el fuego’, ‘De acuerdo, Bill’, ‘Retiraos ahora, somos gurkhas’. Esto hizo que los defensores suspendieran momentáneamente el fuego, pero no por mucho tiempo. Los japoneses lograron poner pie en las posiciones de dos pelotones en el sector del coronel Richard, sufriendo pérdidas muy duras por el fuego a quemarropa y el de los morteros de 75 milímetros. Habíamos puesto en acción nuestra barrera coordinada de fuego de mortero cuando él nos dio la señal de peligro.

    «La lucha continuó hasta las dos o las tres de la madrugada. Los japoneses habían montado para entonces dos ametralladoras ligeras dentro de nuestras líneas y gritaban continuamente muy cerca de nosotros. Richard me pidió dos pelotones para el contraataque. Le mandé dos de comandos con lanza-llamas, que se deslizaron por el borde occidental para unirse a él. Al amanecer, Richard lanzó un frenético contraataque y una carga a la bayoneta que dirigió personalmente. Puso en fuga o dio muerte a muchos, pero resultó herido en el pecho. Me puse en contacto con Shaw, que estaba con nuestra compañía móvil, y atacó a los japoneses por la retaguardia.

    «Yo me adelanté a observar los resultados. Los japoneses habían alcanzado nuestro hospitalillo, donde los capitanes Cheshire y Thorne, de Sanidad Militar, se ocupaban valientemente de los heridos, "pero no intervinieron.

    «Delante de nosotros se alzaba la Colina Desnuda. Era un pequeño otero donde se habían talado todos los árboles, cuyos troncos, desprovistos de ramas, yacían en la tierra pelada. Cuando Paddy Dermody, Young y yo subíamos por ella, a la que se suponía limpia de enemigos, Paddy gritó: ‘Al suelo’, me dio un empujón y cayó alcanzado en la ingle. Había un japonés herido al otro lado de un tronco. Le vacié mi revólver y dirigí a los gurkhas hacia la colina. Allí dieron muerte a once nipones. Los japoneses a veces se hacían pasar por muertos y luego disparaban a los oficiales por la espalda. Por ello, siempre clavábamos las bayonetas en cualquier cuerpo que no estuviese muerto sin lugar a dudas, sólo para asegurarnos.

    «En el curso de la mañana reparamos nuestras defensas y tomamos medidas para otro ataque. Yo había pedido apoyo aéreo para castigar las colinas, doscientos metros al Norte de nosotros, donde los restos de las tropas japonesas se habían atrincherado un tanto al azar. Vimos cómo un japonés saltaba por el aire y caía sobre un árbol. Otras bombas hicieron volar las hojas y descubrieron cuerpos de francotiradores atados a los troncos.

    «Los japoneses que nos atacaron pertenecían a compañías del 3ef. Batallón del 114° Regimiento de la 18a División, la que se enfrentaba a Stilwell.

    «Habíamos aprendido muchas lecciones importantes de este encuentro. Nuestros lanzallamas personales habían demostrado su eficacia, pero, por desgracia, los que los manejaban sufrieron cuantiosas pérdidas. El control centralizado del fuego de mortero resultó de gran eficiencia y abortó completamente un ataque cerca de la esquina Nordeste, donde hallamos muchos más cadáveres, algunos días después, en la espesa selva. Nuestra alambrada no era lo bastante gruesa, pero eso se remedió rápidamente. Las trampas explosivas montadas en ella dieron resultado y causaron numerosas bajas a los japoneses.

    «Nuestro sistema telefónico a todas las posiciones en torno al perímetro se había demostrado insustituible, y cualquier sector podía pedir apoyo de mortero en cualquier momento.

    «Pasamos revista al difícil papel de la compañía móvil. Descubrimos que o bien tenía que estar bastante cerca del perímetro al trabar combate en condiciones muy difíciles y sin la protección de las alambradas, o adentrarse más, lo que supondría que no se la podría dirigir fácilmente y a tiempo contra el enemigo. Decidimos que la compañía móvil debería intentar hallar la base del ene-migo o sus emplazamientos artilleros y atacarlos mientras las tropas de éste es-tuvieran ausentes, y no mezclarse en la inmediata batalla en el perímetro.

    «Wingate visitó la obstrucción el 25 de marzo. Me habló del ataque japonés sobre Tiddim, Imphal y Kohima, y que el IV Cuerpo de Ejército en la zona de Imphal estaba en el mismo estado, y que él había tenido dificultades en conseguir que se nos abasteciera adecuadamente. Dijo también que el avance de Stilwell se hacía más lento a causa de la embestida japonesa hacia Kohima, que amenazaba sus propias comunicaciones por ferrocarril, y que no quería comprometerse demasiado por si tales comunicaciones eran, a su vez, cortadas. Esto aminoraba el efecto de nuestro corte de las vías de abastecimiento japonesas, porque la lucha había cesado en el extremo de ellas.

    «Me mostró mensajes de felicitación de Churchill y Roosevelt por su magnífico logro de situar doce mil hombres en las ‘entrañas del enemigo’. Wingate había contestado que, con tres escuadrones de Dakotas, podía tomar el norte de Birmania en unos pocos meses. Llegaron los escuadrones e hicieron logísticamente posible la conquista de la citada zona en los seis meses siguientes, pero seis meses después de la muerte del general Orde Wingate. Esta era la última vez que iba a verle. Visitó cada parte de White City y el perímetro, e hizo mucho por la moral de las tropas. Tenía algo que decir a cada uno, y una y otra vez ofrecía buenos consejos tácticos. Por último se despidió de nosotros: ‘Tened ánimo y yo cuidaré de que no carezcáis de nada’».

     

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    LA GUERRA DE VIETNAM

    Esta guerra plantea aún hoy interrogantes, situaciones poco claras
    y posiciones encontradas debido a que su componente ideológico es
    muy fuerte y en lo que atañe a esta obra hay una mezcla de táctica
    tradicional, combate irregular e innovación tecnológica.

    El Teatro de Operaciones

    Cuatro características principales de Vietnam tienen consecuencias
    determinantes sobre las operaciones militares.
    La topografía es escabrosa, más de la mitad del territorio está cubierto
    de montañas y montes boscosos, con pasos altos y tapados por
    una vegetación de jungla casi infranqueable. En un ámbito semejante
    el tránsito por caminos y senderos está expuesto a abundantes emboscadas.
    Las operaciones militares a gran escala se ven disminuidas
    por lo estrecho de las líneas de avance y el difícil desarrollo y mantenimiento
    de líneas de comunicación convencionales. En el norte y el
    sur del país los deltas del Río Rojo y del Mekong obligan al empleo
    de medios fluviales adecuados para el desarrollo de operaciones militares.
    El clima marcadamente subtropical, con humedad alta y sostenida
    tampoco favorece la guerra. En Vietnam hay tres tipos básicos de
    clima; en el norte y sobre todo en el interior, las temperaturas son de
    tipo subtropical y la acción de vientos estacionales produce inviernos
    secos y veranos húmedos; los sectores central y suroriental se caracterizan
    por un clima de monzón tropical, con altas temperaturas y fuertes
    precipitaciones; y en el suroeste se pueden distinguir
    perfectamente las épocas secas y húmedas, aunque las temperaturas
    son superiores a las del norte. Se suceden dos monzones a lo largo del
    año, de mediados de mayo a mediados de octubre el del suroeste, y

    de septiembre a diciembre el del noreste. Durante la época de monzones
    las operaciones aéreas se ven muy reducidas y las aerotransportadas
    son imposibles de realizar. Los norvietnamitas preferían
    suspender las operaciones durante el monzón del suroeste.
    La vegetación es de jungla cerrada o moderadamente abierta en
    un 80% favoreciendo las tareas de enmascaramiento de instalaciones
    y los movimientos encubiertos.
    El sistema de vías de comunicación era muy primitivo. Los caminos
    eran mayormente pistas de difícil tránsito para medios motorizados,
    ello y el peligro de las emboscadas haría que los occidentales
    recurrieran con cada vez mayor regularidad al abastecimiento y transporte
    aéreo.
    En líneas generales Vietnam es un país con características que favorecen
    las operaciones defensivas; con marcada ventaja para el uso
    de la infantería a pie y en grupos de reducido tamaño y con altas limitaciones
    para el empleo de medios mecanizados o blindados, forzando
    el uso de medios aéreos para el desarrollo de operaciones convencionales.

    El Ejército de Vietnam del Norte

    La organización de las fuerzas armadas se basaba en tres grupos
    especializados: las Unidades Regulares, las Fuerzas Regionales y las
    Fuerzas Populares o Guerrillas.
    Las Unidades Regulares concentraban a las tropas mejor entrenadas,
    preparadas y equipadas del ejército. Dependían directamente
    del Grl Giap y poseían una alta moral y una notable capacidad profesional.
    Las Fuerzas Regionales las componían tropas de segunda línea
    reclutadas dentro del distrito en el que actuaban. Se dividían en dos
    componentes. La Fuerza Provincial del tamaño de un batallón y que
    actuaba en cualquier parte de su provincia de origen y la Fuerza Local
    de menor tamaño y de actuación en el distrito de la leva.
    Las Fuerzas Populares se reclutaban en cada villa o pueblo. Dos
    ramas componían la guerrilla, una que reclutaba a personas sin distinción
    de sexo o edad, su valor militar era casi nulo pero su mayor éxito
    lo constituía el adoctrinamiento y la provisión de información; y otra
    que incorporaba sólo hombres de entre 18 y 45 años y los entrenaba
    como una milicia; tenía un valor militar propio, actuaba como tropa de
    apoyo, portadores de abastecimientos y equipos, y aún como unidad

    de combate. Es de destacar que su mimetización con la población
    civil hacía casi imposible detectar a estos milicianos cuya especialidad
    eran los atraques nocturnos a puesto avanzados y patrullas aislados.
    Estas unidades alcanzaban entonces el nivel máximo de dispersión
    logrando mezclarse con el enemigo sin poder ser identificadas.
    La carrera militar comenzaba en la guerrilla, de donde se extraían
    los mejores elementos para formar las Fuerzas Regionales. Una nueva
    selección escogía a las tropas que integrarían las Unidades Regionales.
    Este sistema trataba de asegurar que las fuerzas regulares contasen
    con personal capacitado y veterano ; sin embargo la falta de
    personal entrenado siempre afectó al ejército en todos sus niveles.
    Después de todo Giap no era más que un miliciano.
    El Ejército de Vietnam del Norte al principio carecía de medios
    mecanizados o blindados, ni tampoco tenía aviación, ni un sistema de
    comunicaciones apropiado. De allí que mayormente sus operaciones
    fuesen limitadas, y que la unidad estable más grande en uso fuese el
    batallón.
    Las ventajas de estas fuerzas residían en importantes factores
    morales. Luchaban en y por su propio país, perseguían la independencia
    que era una idea soportada por la mayor parte de la población.
    Sobre esta base el adoctrinamiento constante lograba mantener altísimos
    niveles morales.
    Por otra parte el conocimiento del terreno y las posibilidades que
    el país proveía para la guerra de guerrillas eran ventajas incuestionables.
    El tamaño del teatro de operaciones contaba también a favor de
    la guerrilla. Quien quisiera controlar todo el país debía dispersar sus
    fuerzas al grado de transformarlas en pequeños destacamentos altamente
    vulnerables; si por el contrario el plan era concentrarse en las
    áreas más pobladas, la guerrilla quedaba dueña de las zonas rurales.
    Finalmente la situación logística favorecía a los norvietnamitas.
    Con sus bases, los Viet Bac, ocultos en el interior y próximos a la
    frontera china, al principio y en Laos y Camboya después, tenían
    asegurada la provisión de alimento, armas y equipo.

    Las Tácticas de Combate

    Se suele dividir a las operaciones militares en Vietnam en cinco
    categorías: el manejo internacional del conflicto; el bombardeo estratégico;
    la zona de interdicción sobre Laos y Camboya; el área de

    combate de las fuerzas militares principales y por último la Guerra de
    las Aldeas.
    La táctica tradicional se desarrolló en la región de las fuerzas
    principales que afectaba la zona entre Quang Tri y Qui Nhon el área
    del delta al sur y al oeste de Saigón En esa región las unidades regulares
    occidentales debieron enfrentar el problema de contar con efectivos
    suficientes. Las tropas norteamericanas apoyadas por un sistema
    logístico poderoso y tradicional requerían de tiempo para el despliegue
    de tropas, entre las que debían incluirse no sólo a tropas combatientes
    sino también a las no combatientes. El mantenimiento del
    número necesario de soldados se vio complicado además por la decisión
    política de limitar el tiempo en que debían permanecer en campaña.
    Así se determinó que el plazo máximo a cumplir tenía que ser
    de un año, lo que además de complicar el trámite de relevos y reemplazos
    disminuía el nivel de experiencia y eficacia combativa de las
    fuerzas. Sin dejar de reconocer la importancia de esta decisión en la
    política social en la población norteamericana, desde el punto de vista
    táctico tuvo un efecto similar al de las prestaciones limitadas de la
    Edad Media donde la falta de práctica bélica hacía imposible encontrar
    soldados con conocimiento y experiencia.
    En enero de 1965 se habían empeñado 23.000 hombres en Vietnam,
    para 1968 ese número se había elevado a 549.000.
    Las tropas de Vietnam del Norte, con requisitos logísticos mucho
    menores lograron comprometer un número de efectivos que se mantuvo
    equiparado al de las fuerzas de occidente, pero con una permanencia
    continua que les permitía adquirir cierta experiencia, no
    siempre pareja en razón del empleo de tropas regulares e irregulares.
    De todas formas las fuerzas norteamericanas disponían de amplias
    ventajas sobre sus oponentes. A un intenso poder de fuego y una
    amplia movilidad se sumaban un gran adelanto tecnológico y la situación
    básica de enfrentar fuerzas mecanizadas a las más simples tropas
    de infantería. Se emplearon en Vietnam cerca de 5.000 helicópteros,
    una muy importante cantidad de vehículos blindados y tres veces el
    tonelaje de bombas empleadas en la Segunda Guerra Mundial. Estos
    recursos le permitieron a los norteamericanos establecer una relación
    de bajas de entre seis a diez norvietnamitas por cada baja propia. La
    pregunta que surge de inmediato es cómo se emplearon estos recursos
    en atención al resultado de la guerra.
    Para el combate, el terreno de Vietnam presenta especialmente
    un serio problema de Detectabilidad. La jungla es tan densa que
    favorece el ocultamiento de los movimientos aún a muy cortas distan

    cias. Ese denso follaje aumenta la oscuridad en las horas nocturnas lo
    que facilitaba aún más el desplazamiento y el control del terreno por
    parte de los norvietnamitas, especialmente a sus fuerzas irregulares.
    Para enfrentar este problema se practicaron diversos métodos. Por
    un lado se desarrolló un proyecto conocido como “El Muro de
    McNamara”, que consistía de un sistema de vigilancia electrónica
    integrado por una gran cantidad de sensores automáticos desplegados
    en amplias zonas del terreno. En 1967 los sensores fueron lanzados
    desde aviones. El efecto que producían era el de presentar blancos al
    fuego propio como si la jungla estuviera despejada. El más famoso
    caso es el de la Base de Apoyo de Fuego Crook, que entre el 5 y el 7
    de junio de 1969 lograron provocar 400 bajas al enemigo al precio de
    una sola propia.
    Pese a que mejoró la alerta, este tipo de vigilancia electrónica
    nunca dejó de ser un elemento secundario pues su confiabilidad era
    irregular y en ocasiones no alcanzaron a prevenir acciones masivas de
    asalto.
    Otro método fue el de la defoliación química cuya peligrosidad
    de manejo y secuelas hizo que se empleara limitadamente y fuese
    reemplazada por equipos de topadoras empleados principalmente en
    la apertura de caminos y despeje de zonas de tiro.
    Se desarrolló también el avión OV-1 Mohawk cuya función era
    recoger información terrestre mediante el uso del radar y de escaners
    infrarrojos. Aunque el proyecto era interesante la necesidad táctica de
    recibir, procesar y enviar rápidamente la información, era una destreza
    que este avión nunca pudo cumplir por lo que se lo relegó a funciones
    estratégicas.
    Con la intención de aprovechar el dominio del espacio aéreo, se
    decidió el empleo en función de vigilancia, de aviones a los que se
    equipó con armamento para atacar las posiciones enemigas. Los aviones
    elegidos para esta misión fueron aeronaves de transporte que
    pudieran soportar el peso de las armas y que aportaban una velocidad
    adecuada para la observación del terreno. Así apareció el (Spooky)
    que era un C-47 equipado con ametralladoras laterales y algunas pesadas
    en su puerta trasera o un cañón Gatling; se equiparon de manera
    similar aviones C-130 que en 1972 alcanzaron a portar un obús de
    105mm. Aunque contaban con equipos electrónicos de detección y
    reflectores para iluminar la superficie de noche, realmente su función
    fue más de apoyo de fuego que de detección y alerta.

    El más efectivo elemento de vigilancia del campo de batalla resultó
    ser el helicóptero liviano cuya maniobrabilidad permitía acercamientos
    al terreno privados a los otros medios.
    Esta guerra es esencialmente una guerra de infantería donde los
    grupos y secciones son los protagonistas del combate, sin importar
    cuántos batallones o regimientos estén comprometidos en la batalla.
    Entre octubre y noviembre de 1965 se desarrolló la campaña de
    Plaiku donde la primera división de caballería norteamericana empleó
    sus cuatro batallones de infantería aeromóvil contra una división norvietnamita
    compuesta de tres regimientos de infantería, un batallón
    de morteros de 120 y dos de apoyo de fuego. Como resultado los
    americanos sufrieron 800 bajas, perdiendo cuatro helicópteros y sufriendo
    daños en otros 56, mientras que el vietcong soportó 4.900
    bajas, perdiendo 1.000 armas de todo calibre y un hospital de campaña.
    Después de esta campaña el General Westmoreland adoptó la
    táctica de Búsqueda y Destrucción basada en la movilidad aérea y
    actuando bajo la idea de que no existe una línea de frente. Como toda
    táctica móvil su mayor dificultad consistía en la ubicación y fijación
    del enemigo, se empleaba para ello el método conocido como “reconocimiento
    por fuego”. Esto consistía en solicitar a la artillería batir
    zonas frente a las unidades esperando así detectar posiciones enemigas,
    también se empleaba por medio de las armas de los helicópteros
    batiendo la zona de descenso a ciegas antes de aterrizar. Esta táctica
    que a veces resultaba productiva era buena para la moral de la tropa
    pues reforzaba su confianza, sin embargo también actuaba como alerta
    para el enemigo pues indicaba las áreas de acción y le ahorraba sus
    propias misiones de reconocimiento.
    Así esta alerta del fuego podía volverse en contra de las tropas
    americanas pues permitía al vietcong prepararse para emboscarlos,
    cuando esto ocurría las tropas occidentales emboscadas debían reunir
    todo el apoyo de fuego posible para sostenerse y salir airosos de la
    trampa.
    Para ello contaban los infantes con fusiles M16, lanzagranadas
    M79 y ametralladoras M60, sus contrapartes disponían del fusil de
    asalto Kalashnikov AK-47, ametralladoras RPD y lanzacohetes RPG-2
    y 7. La distancia promedio del combate de infantería en la jungla
    oscilaba entre los 30 y los 10 metros, sin importar el volumen de las
    tropas comprometidas resultaban virtualmente invisibles en la jungla
    por lo que mayormente, el fuego debía hacerse sin apuntar. Trabado
    el combate iniciaba su gestión el apoyo de fuego de morteros y artille

    ría, que era solicitado por radio y no siempre recibido rápidamente. Se
    debe tener en cuenta que las condiciones de la jungla afecta las comunicaciones
    radiales y que solicitar apoyo de fuego sobre blancos
    que no se ven es un trabajo complejo. Se podía llegar a tardar 20 minutos
    para establecer las referencias de fuego, sin que ello asegurase
    un buen resultado. En el caso de la artillería se sumaba el hecho de
    que antes de disparar se debían identificar las posiciones de la propia
    tropa y cumplir con las reglas de empeñamiento que identificaban
    áreas protegidas. Ocasionalmente se sumaban limitaciones políticas
    respecto del empleo del fuego en determinadas áreas.
    Morteros y cañones enfrentaban también una limitación reglamentaria
    y era que no debían emplearse a menos de 100 metros de
    unidades propias, con combates a distancias como las que señalamos,
    este apoyo sólo podía emplearse en la retaguardia enemiga o sobre
    algunos de sus flancos pero no en el frente de contacto. A esto se
    suma que los morteros que acompañaban a la infantería debían hallar
    posiciones donde el techo del follaje estuviese abierto lo que no
    siempre era fácil de encontrar y disminuía su efectividad. Finalmente
    la munición de hasta 105mm podía no surtir efecto por explotar sobre
    el techo de la jungla, sólo los escasos cañones de 155mm lograban una
    penetración completa.
    A continuación el apoyo aéreo se iniciaba con los helicópteros.
    Estos elementos sufrían una limitación debido a que necesitaban diez
    horas de mantenimiento por cada hora de vuelo, lo que significaba
    que el número de aeronaves disponibles se hallaba limitado y se traducía
    en retrasos de una hora para proveer el apoyo solicitado. El otro
    problema que encontraban era el de la identificación de los blancos.
    El uso de humo de colores podía encontrarse con la contención del
    techo de la jungla y no poder ser observado desde el aire o por el
    empleo de humo del mismo color por parte del enemigo.
    Finalmente procedía el apoyo de los aviones bombarderos que
    pese a tener un mayor poder de fuego, tardaban más en actuar, debían
    contemplar áreas de seguridad mayores y la identificación de
    blancos se hacía más difícil dada su velocidad, por lo que también su
    empleo en la línea del frente era limitado.
    Se debe tener en cuenta que los soldados de Vietnam del Norte
    eran muy hábiles para atrincherarse y fortificar sus posiciones, lo que
    disminuía la efectividad del fuego. Bajo estas circunstancias el combate
    requería del empleo de fuego directo en una potencia superior al
    de las armas de infantería y que contase con la protección suficiente

    para acercarse al enemigo: lo que se necesitaba era el empleo de blindados.
    Aunque no lo parezca el territorio de Vietnam ofrece áreas donde
    los blindados podían operar, aunque más restrictivas para tanques que
    para vehículos acorazados de menor porte. En su empleo se prefirió
    comprometerlos en la seguridad de caminos o posiciones estáticas, lo
    que llevó a una excesiva dispersión, del mismo modo que se dispersaron
    los blindados aliados durante la Campaña de Francia de 1940.
    Para cuando se advirtió este error y se comprendió que podían emplearse
    en batalla, los americanos ya habían comenzado a retirarse de
    Vietnam.
    También la doctrina táctica de la infantería sufrió cambios. Pasando
    del empleo de “fuego y maniobra” al empleo de “maniobra y
    fuego”. El primer procedimiento consistía en tomar contacto con el
    enemigo, generar una base de fuego para aferrarlo y luego maniobrar
    por pequeñas unidades en escaramuza para asaltarlo y aniquilarlo. El
    segundo procedimiento tuvo su origen en dos elementos, por un lado
    el voluminoso apoyo de fuego de que podían disponer hasta las unidades
    más pequeñas y en segundo lugar el requerimiento político de
    actuar con el menos número de bajas propias. Esto dio la idea de
    emplear a la infantería para hallar al enemigo y luego reemplazar la
    fase del choque por el sometimiento por el fuego. Esta nueva táctica
    establecida en 1967 le asigna a la infantería un rol esencialmente
    defensivo. Las unidades de esta arma una vez tomado contacto con el
    enemigo, establecían un perímetro de 360 grados y, sin importar si la
    operación era móvil o no, dejaban la carga de la maniobra a su oponente.
    Cuando las tropas del vietcong aceptaban esta invitación, generalmente
    eran rechazadas con fuertes bajas.
    Las tropas de Vietnam del Norte en consecuencia prefirieron
    siempre rodear a la infantería americana lo que no sólo les permitía
    mantener la iniciativa, sino que además obligaba a los norteamericanos
    a realizar costosas operaciones de rescate.
    Aún cuando los norteamericanos provocaban un número mayor
    de bajas a su enemigo, nunca lograron un verdadero combate de aniquilamiento,
    pues el vietcong rompía el contacto y abandonaba el
    campo antes de que ello ocurriera, esto se debía a que consideraban
    más importante mantener estructuralmente una unidad de combate,
    aunque muy debilitada por las bajas, que perderla completamente.
    Bajo un concepto político donde la organización a todo nivel era más
    importante que el individuo, las bajas eran un elemento contingente
    que se estaba dispuesto a tolerar, mientras la estructura se mantuvie

    se en funcionamiento. Paradójicamente los norteamericanos consideraban
    estas retiradas como un éxito, sin embargo el “…Éxito, como la
    victoria, la derrota y perder están culturalmente condicionados, y es
    peligroso asumir una definición … de estos conceptos…”para interpretar
    eventos donde idiosincrasias distintas se enfrentan.101
    Considerando estas retiradas como victorias, los norteamericanos,
    sin embargo rara vez ejecutaron una persecución del enemigo, por lo
    general se dedicaron a tareas de evacuación de bajas y de patrullaje y
    aseguramiento del terreno. Este tipo de combates no deja de resultar
    frustrante en tanto que nunca se alcanza la percepción de una victoria
    de magnitud sobre el oponente.
    Lograr el aniquilamiento del enemigo en batalla requiere de su
    completo cerco, lo que en la jungla no resulta tan sencillo. El comando
    estadounidense concurrió a Vietnam con la intención de practicar
    el criterio de batalla decisiva o de aniquilamiento, pero pronto descubrió
    que la teoría clásica del yunque y el martillo no era fácil de aplicar
    en una guerra móvil donde la localización del enemigo no resulta
    precisa ni permanente.
    Una vez entrado en contacto, los occidentales aferraban al enemigo
    y de hecho recurrían para ello a un fuerte a apoyo de fuego. A
    partir de allí se iniciaba el procedimiento de ubicar las tropas que
    debían completar el cerco del oponente. El tiempo resulta en ese
    caso esencial, tanto como la disponibilidad de reservas para la operación.
    Si éstas estaban disponibles, su traslado en Vietnam era esencialmente
    a través de helicópteros. Para llevarlas a destino se requiere
    de zonas de aterrizaje despejadas de vegetación y de enemigo y que
    además estén cercanas al área de combate. Afianzar estas zonas requiere
    de tropas adicionales, lo que disminuye las reservas. El empleo
    de aeronaves resulta también en un alerta para el enemigo que
    puede decidir tomar contramedidas.
    Las condiciones del terreno selvático no facilitan el acordonamiento,
    la espesura del follaje y la consecuente limitada Detectabilidad
    obligan al empleo de grandes cantidades de tropas en una alta
    densidad. Por demás las limitaciones relatadas respecto del fuego de
    artillería impedían confiar plenamente en él para completar el cerco.
    Todas estas limitaciones hacen que las pocas batallas de cerco, ganadas
    por los norteamericanos, sean verdadero motivo de orgullo profesional.

    El ejército de los Estados Unidos marchó a la guerra bajo la idea
    que la tecnología multiplicaría el poder de fuego de las tropas, y les
    proveería de una amplia movilidad. Su enemigo pretendía alcanzar
    esas ventajas a través de los procedimientos de combate.
    El ejército de Vietnam del Norte “Es un ejército regular que usa
    muchos métodos tácticos de la guerrilla…Está en constante movimiento
    y se halla dispuesto a aceptar grandes bajas cuando toma la
    iniciativa, combinando el uso del terreno, el camuflaje, la dispersión y
    el atrincheramiento para minimizar las bajas en otras ocasiones.”102
    La táctica norvietnamita era conocida como “uno lento, cuatro
    rápidos” haciendo referencia a sus etapas. La primera consistía en un
    cuidadoso planeamiento y preparación del ataque, en esta etapa se
    concentraban armas, equipos, suministros médicos y alimentos necesarios
    para el asalto, los que eran almacenados cercanos al punto de la
    acción. A partir de allí se iniciaba un rápido avance en grupos dispersos
    hacia el área de batalla. Procedía luego una fulminante concentración
    y un violento ataque sobre el punto de la decisión protegiendo
    sus flancos con partidas de emboscada, las que se empleaban también
    para impedir el socorro del enemigo. Lograda la victoria, se rastrillaba
    el terreno de manera expedita recogiendo armas y bajas. Finalmente
    las tropas se retiraban hacia puntos de concentración previamente
    establecidos, desapareciendo tan rápidamente como habían aparecido.
    El procedimiento le aseguraba a los norvietnamitas mantener la
    iniciativa, emplear la sorpresa y evitar el desorden y el pánico en sus
    acciones. También obligaba a los norteamericanos a comprometer al
    límite sus reservas y recursos tecnológicos que no siempre alcanzaban
    para responder a esta táctica.
    Nos encontramos aquí con un renovado empleo de la dispersión,
    donde cada hombre sostiene por sí mismo el frente. Este enfoque
    desde ya que no resultaba nuevo en Vietnam, pero es uno de los hitos
    que mantiene viva la controversia respecto de la combinación de
    tácticas de lucha regular e irregular. Por otra parte a lo largo de los
    siglos el criterio de la dispersión ha sido uno de los mecanismos centrales
    en la definición de la táctica Esta dispersión alcanza también al
    empleo de las bases de fuego, las que actuaban de manera autónoma
    generando islas defensivas dentro del teatro de operaciones.

    Vietnam mostró que el papel de la tecnología en la guerra es importante,
    pero es riesgoso sobre valorarlo. El exceso de confianza
    demostrado por los norteamericanos en su tecnología militar fue defraudado
    por el hecho de que problemas como la falta de vigilancia,
    las limitaciones del poder de fuego y las que alcanzaban a la movilidad
    no tuvieron solución.
    Más grave aún fue que la doctrina táctica no incorporaba las incompetencias
    tecnológicas, de allí su debilidad. Del mismo modo en
    que la aparición de la pólvora requirió de tiempo para hallar una doctrina
    adecuada, deberíamos comprender que la velocidad de la innovación
    tecnológica no es igual a la de los desarrollos tácticos y que
    aquella sin éstos puede resultar peligrosa
    101 Black, Jeremy.1999,”War in the Early Modern World 1450-
    1815”,pg.1,London, Westview Press.

    102 Griffith, Paddy.1990,” Forward into Battle”,pg.160-161, Estados Unidos
    de Norteamérica, Presidio.

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    LA TÁCTICA A FINES DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

    Alemania

    Después de más de cuatro años de guerra el ejército alemán era
    sólo un reflejo de las legiones de las épocas de victoria. Ya no estaba
    integrado sólo por germanos sino que en sus filas se mezclaban las
    ciudadanías de casi toda Europa. Voluntarios auxiliares, ex prisioneros
    de guerra soviéticos, etnias germanos parlantes integraban ahora la
    máquina militar de Hitler. En las playas de Normandía muchos defensores
    de primera línea integraban los batallones voluntarios del
    este.
    Pero no sólo los soldados que vestían el uniforme alemán se diferenciaban
    por su lugar de nacimiento de las tropas de 1940, también
    su edad era diferente. Hacia septiembre de 1944 se crearon las
    Volksgrenadierdivisionen, las divisiones de granaderos del pueblo
    integradas básicamente con jóvenes de 16 y 17 años y personal de la
    Luftwaffe y de Kriegsmarine que carecían de aviones y barcos. Aun

    que en combate las nuevas y viejas divisiones se demostraron capaces
    y combativas, esto se debió no sólo a un necesario endurecimiento de
    la disciplina sino principalmente a la presencia de una alta moral aún
    en las peores circunstancias. El estilo alemán de conducción de fuerte
    interacción entre alemanes y soldados ayudó a mantener firme el
    espíritu de cuerpo y la camaradería, con el resultado colateral de tener
    un nivel de deserción menor al 0,8%.
    El entrenamiento de los soldados alemanes tenía una fuerte carga
    de tiempo de instrucción sobre el terreno privilegiando estas prácticas
    sobre las de orden cerrado, criterio este inverso al practicado por ingleses
    y canadienses. En aliento de la mejora profesional constante
    los soldados que demostraban mayor valor y competencia recibían el
    reconocimiento de sus pares y del ejército a través de una variada
    gama de insignias y condecoraciones, que además reforzaban la moral
    de las tropas.
    Cada integrante de la Wehrmacht recibía un entrenamiento básico
    de infantería lo que le permitía, sin importar su lugar de servicio
    participar de inmediato en el combate. Esto le daba al ejército alemán
    una gran flexibilidad que apoyada por el siempre presente aliento a la
    iniciativa permitía incluso a los cuadros reemplazar de inmediato a los
    superiores caídos en combate. Esta versatilidad le permitía al ejército
    alemán el continuo empleo de tácticas de infiltración en pequeños
    grupos que operaban en la retaguardia del adversario.
    La disponibilidad de tropas de infantería era mayor que en los
    ejércitos aliados. Mientras que las divisiones blindadas americanas o
    inglesas contaban con 3.000 infantes, sus pares alemanas disponían de
    5.000 y las de la Waffen SS poseían 7.000.
    La infantería alemana conservaba el estilo de operar sobre la base
    de la maniobra. Esta forma particular de operar consiste en realizar
    todas las actividades necesarias para colocar a la propia fuerza en la
    posición más ventajosa. Durante el asalto las tropas alemanas estaban
    entrenadas para ejecutarlo gritando durante toda su realización a efectos
    de desconcertar a enemigo en cuanto al volumen de la fuerza
    atacante y además servía para embravecer a la tropa.
    De sus luchas en Rusia los alemanes incorporaron el uso de francotiradores,
    los que se convirtieron en el terror de las tripulaciones de
    tanques y de los oficiales aliados, al punto que en mucho documentos
    se los menciona como soldados enemigos aislados y no como francotiradores.
    Aprovechando sus armas pesadas, ametralladoras y morteros, la
    infantería alemana tuvo un gran éxito en la contención de los ejércitos

    aliados hasta 1945. Debido a la escasez de vehículos y combustible
    los Volksgrenadier se volvieron una fuerza móvil cargando sobre sí
    todos los equipos necesarios, básicamente el fusil de asalto y las armas
    antitanque. Asimismo resultaban potentes adversarios en la defensa,
    como lo muestra el combate del 19 de septiembre de 1944 en
    que una compañía del RIParac 505 norteamericana, apoyada por taques
    ingleses, no pudo tomar el puente ferroviario de Nimega defendido
    solamente por personal de la Luftwaffe, soldados
    convalecientes, los guardabarreras y algunos infantes. Del mismo
    modo las unidades calificadas como integradas por soldados enfermos
    con problemas gástricos en muchos casos ofrecían una resistencia
    mucho más que simbólica y combatían efectivamente.
    La infantería alemana recibió una nueva organización en 1944
    que aunque no alcanzó a todas las unidades de alguna manera fue
    aprovechada. Las compañías debían integrarse con dos secciones de
    asalto o Sturmzüge y una tercera regular. Cada sección de asalto se
    componía de dos grupos de 14 hombres equipados con el fusil de
    asalto Sturmgewehr 44 y un grupo de apoyo con dos MG42. La compañía
    integrada por 112 soldados contaba además con 5 francotiradores.
    Esta estructura pretendía hacer más ágiles y móviles a las
    compañías e incrementar su potencia de fuego. Los batallones de
    infantería contaban orgánicamente con cañones de 74mm como apoyo
    artillero.
    Las tropas volksgrenadier contaban a nivel de regimiento con una
    compañía de asalto integrada por soldados seleccionados por su experiencia
    y capacidad. En todos los regimientos de infantería se desplegaba
    una compañía antitanque con 36 Panzerschreck. En las tropas
    panzaergrenadier la dotación teórica de estas armas era de a tres por
    sección.
    Las fuerzas blindadas alemanas debieron adaptarse a los combates
    de 1944 en los que la superioridad aliada en medios resultaba
    abrumadora. Especialmente dominio aliado del espacio aéreo resintió
    las operaciones panzer. Los desplazamientos de unidades blindadas
    se debieron restringir a las horas sin luz pero esto no siempre resultaba
    posible; durante la campaña de Normandía las noches eran cortas y
    el movimiento sin luz era más lento por lo que se hicieron igualmente
    traslados de día soportando graves pérdidas.100 En ambos casos sí se
    mantenía la precaución de ejecutar los movimientos en pequeños

    grupos y manteniendo distancias de seguridad entre ellos. Asimismo
    se tomaban otros reparos, no se permitía vivaquear a las tropas blindadas
    en los pueblos que ofrecían una referencia a los ataques aéreos;
    también se restringía el uso de la radio sólo al combate para evitar las
    escuchas aliadas que pudieran detectar la posición de las tropas panzer.
    En combate los blindados alemanes, siempre acompañados de
    sus panzergrenadier, actuaban en pequeños grupos combinados aprovechando
    el camuflaje y las oportunidades del terreno para emboscar
    a sus enemigos. Estas tácticas dieron buenos resultados frente a la
    inmensa superioridad aliada, registrándose diferencias de un tanque
    germano contra cuatro aliados en las pérdidas de combate. Sin embargo
    el costo era aún muy elevado, las divisiones blindadas teutonas
    salieron de Normandía casi deshechas.
    Entre los problemas mayores de los tanques se encontraba el del
    combustible. En la lucha no sólo se perdían vehículos de combate
    sino que también irremplazables camiones de abastecimiento lo que
    dificultaba mantener en servicio a los blindados, registrándose casos
    en que debieron combatir inmóviles contra los aliados o destruir unidades
    nuevas por falta de carburante. Para fines de 1944 se llegó a
    emplear vehículos hipomóviles en las columnas de abastecimiento
    para ahorrar combustible.
    La fricción de la guerra deterioró a todo el ejército alemán. Aunque
    conservaba una moral alta y una táctica refinada, las bajas de
    personal experimentado eran irreparables. En un vano intento por
    compensar esta debilidad entre las tropas blindadas se entregaron los
    mejores y más nuevos vehículos Panther a las tropas bisoñas, mientras
    que los veteranos debían combatir en los viejos PzKpfw IV.
    El apoyo de fuego alemán tenía la ventaja en sus equipos livianos.
    Cada batallón contaba con seis morteros de 81mm y cuatro de
    120mm. Por encima de estas piezas se encontraban los cañones de
    75mm y los de 150mm ambos de poca maniobrabilidad y movilidad
    en el terreno. Junto a ellos se disponían los lanza cohetes Nebelwefers,
    que actuaban por tiro de saturación y eran muy efectivos, pero
    resultaban fácilmente detectables. Para 1944 la mayoría de estas piezas
    tenían aptitud para ser motorizadas y en las divisiones mecanizadas
    se empleaban modelos autopropulsados, sin embargo en
    Normandía la mitad de las baterías eran hipomóviles y, al avanzar las
    hostilidades, ese porcentaje aumentaría.

    Inglaterra

    Pese a los años de guerra transcurridos y la experiencia adquirida
    las tropas inglesas seguían utilizando el manual de infantería de 1937.
    Esto resultaba particularmente dañino para la eficacia de la fuerza en
    especial debido a la costumbre británica de apegarse rígidamente a
    las normas reglamentarias, aún en combate.
    Esta inflexibilidad poseía sus virtudes. Al aplicarse metódicamente
    las prescripciones reglamentarias los soldados obedecían casi por
    reflejo a sus superiores sin hesitar, logrando focalizar el esfuerzo exclusivamente
    en vencer al enemigo. Esta forma de actuar donde lo
    que se le pide a los hombres es alcanzar un objetivo determinando al
    mismo tiempo los medios y modos de hacerlo, excluye la iniciativa
    del sistema de mando inglés y privilegia entonces el empleo de la
    fuerza bruta para la obtención de un resultado a través de un método
    prescriptivo. Esas órdenes pretendían la ejecución de operaciones
    surgidas como recetas del manual, lo que restaba toda capacidad de
    flexibilidad y adaptación a la situación real de combate.
    En correspondencia con esta manera de actuar las operaciones inglesas
    aparecen exitosas en tanto disponen de suficiente volumen de
    medios para alcanzar el resultado. Esta reunión de medios y métodos
    rígidos se hace muy notable especialmente en la conducción del
    Mscal Bernard Montgomery quien reunía ambos perfiles bajo un
    mando estrictamente centralizado. Tal vez la mayor virtud de Montgomery
    haya estado precisamente en la preparación de sus batallas
    donde la determinación de los métodos y la acumulación de material
    resultan cruciales.
    El empleo de una táctica antigua hizo subsistir en el ejército inglés
    la ausencia de cooperación entre la infantería y los blindados. La
    falta de acción conjunta era paleada y reemplazada por un poderoso
    apoyo de fuego artillero, el que igualmente no alcanzaba a impedir
    que la mayoría de las acciones emprendidas por los ingleses fuesen
    operaciones de asalto frontal sostenidas por la superioridad material
    contra el enemigo.
    En el ejército inglés la pertenencia a un regimiento y sus tradiciones
    es muy fuerte, la mayoría de los integrantes de un cuerpo desarrollan
    toda su carrera sirviendo en él. Aunque debemos asignar a
    esta idiosincrasia un importante aporte a la moral y espíritu de cuerpo,
    no podemos desconocer que también ha generado competencias y

    actitudes gregarias que no facilitaron la realización de acciones conjuntas.
    Cuando el ejército inglés entró en el Segunda Guerra Mundial se
    trataba de una fuerza profesional que debió incrementar prontamente
    su número para actuar en los diversos teatros de guerra. Esto hizo que
    se introdujeran muchos oficiales jóvenes que carecían de experiencia
    militar, situación que persistió hasta el final de la guerra empujada
    por la pérdida de oficiales en combate. Esta falta de experiencia en
    los oficiales jóvenes no podía ser paleada con la presencia de suboficiales
    expertos debido a que en el ejército inglés la relación entre
    ellos y los oficiales no era buena y ocupaban la misma posición que el
    soldado. Es probablemente debido a esta pobre relación a que la
    unidad táctica inglesa sea la sección y no el grupo de combate.
    Las tropas blindadas inglesas estaban divididas en dos categorías
    los tanques de infantería reunidos en las Brigadas de Tanques del
    Ejército y los tanques de combate reunidos en las divisiones blindadas;
    esta división en la práctica no funcionaba estrictamente y las
    unidades blindadas terminaron cumpliendo propósitos múltiples.
    La mala cooperación entre tanques e infantería debido a la falta
    de una doctrina adecuada y a los malos equipos de transmisión provocaron
    grandes pérdidas en los encuentros blindados con los alemanes
    especialmente en las operaciones en Normandía. Hacia fines de 1944
    los ingleses decidieron mejorar esta situación constituyendo grupos
    de batalla integrados por un regimiento de tanques y un batallón de
    infantería, lo que ciertamente produjo mejores resultados.
    La mejor arma de que disponía el ejército inglés era la Royal Artillery
    cada división de infantería contaba con tres regimientos de a
    tres baterías totalizando 72 piezas de 25 libras, las divisiones blindadas
    poseían 48 cañones en su mayoría autopropulsados. Pero la mayor
    virtud de la artillería inglesa era su agilidad y adaptabilidad. Los oficiales
    superiores de artillería actuaban como observadores adelantados
    junto a las tropas del frente y podían solicitar el apoyo de fuego
    de toda la artillería de un cuerpo de ejército en caso de ser necesario.
    Las 24 piezas de un regimiento de artillería podían entrar en acción al
    minuto de ser solicitado, y toda la artillería divisionaria en tres minutos,
    gracias a un excelente sistema de comunicaciones. Esto daba a los
    ingleses una gran ventaja sobre la infantería alemana que como apoyo
    de fuego inmediato sólo podía contar con sus morteros. El único punto
    débil de la artillería inglesa era el fuego de contrabatería, que
    siempre resultó mediocre en razón a la falta de medios adecuados de
    localización.

    Las debilidades tácticas inglesas se pagaban con un alto precio en
    bajas. En la campaña europea la infantería representaba el 76 por
    ciento de las bajas sufridas, aún cuando sólo constituía el 14 por ciento
    de los efectivos del ejército. Esta situación sumado a lo dicho anteriormente
    resintió la moral inglesa elevando el porcentaje de
    deserciones al cuatro por ciento y llegando los soldados a preferir la
    prisión por insubordinación al combate.

    Estados Unidos de Norteamérica

     
    El ejército norteamericano contaba al inicio de la guerra con unos
    200.000 soldados, que incrementó a partir de la aplicación de la conscripción
    el 16 de septiembre de 1940 alcanzando a crear 68 divisiones
    de infantería.
    El mayor problema lo constituía la preparación de los oficiales,
    pues los surgidos de los institutos de
    formación no eran suficientes. Se establecieron entonces cursos
    para instruir a civiles como oficiales en el término de 90 días. Estos
    jefes constituyeron la masa de los conductores de las fuerzas norteamericanas
    durante la guerra. Los soldados por su parte recibían un
    muy buen entrenamiento que incluía un cuidadoso servicio de mantenimiento
    de las armas. Junto con los oficiales sufrieron un duro
    aprendizaje a través de los combates en África, Sicilia e Italia alcanzando
    los mejores niveles durante la campaña del norte de Europa.
    En general las fuerzas americanas no eran buenas en combates prolongados
    ni en acciones de contraataque, pero sí disponían de un
    poderoso volumen de fuego sostenido por una logística inagotable.
    Uno de los elementos que conspiraba contra el pronto aprendizaje
    de combate era el sistema centralizado de reemplazos. Éstos eran
    reservados a nivel del ejército entrenados y asignados luego directamente
    a las unidades, lo que restaba cohesión táctica. Al no tener un
    tiempo de entrenamiento y práctica dentro de la unidad estos reemplazos,
    si sobrevivían no completaban un circuito de pertenencia con
    el cuerpo en el que combatían. Este sistema guardaba relación con el
    método de mantener a las divisiones permanentemente en el frente
    limitando al máximo su rotación, pues para ello debía haberse triplicado
    el número de efectivos.
    Indudablemente el soldado americano estaba mejor vestido,
    equipado, alimentado y transportado que el resto de las tropas de la
    Segunda Guerra Mundial. Combatía en un ejército totalmente moto

    rizado, tecnológicamente moderno en comunicaciones, sistemas,
    medios de combate y servicios de apoyo.
    Las fuerzas de infantería norteamericana se organizaban en grupos
    de 12 hombres equipados con fusiles Garand M1 y un fusil automático
    Browning. Tres grupos, más uno de apoyo con dos
    ametralladoras calibre 0.30, tres morteros de 60mm y una ametralladora
    de 12,7mm integraban una compañía. Los morteros generalmente
    se reunían en una especie de compañía de artillería del batallón
    empleándose en conjunto. La defensa antitanque la proveían principalmente
    el Bazooka, disponiéndose 29 en los batallones de infantería
    a pie y 74 en los batallones mecanizados.
    Para contar con una gran flexibilidad táctica los norteamericanos
    organizaban sus tropas de forma permanente bajo grupos de combate
    cuya estructura se superponía a la organización de la división o el
    regimiento. En la infantería se los llamaba Regimental Combat Team
    (RCT) y en las divisiones blindadas Combat Command (CC). Los
    primeros se formaban sobre la base de un regimiento de infantería al
    que se adjuntaba un batallón de artillería y una compañía de ingenieros.
    Los segundos estaban constituidos por un batallón blindado, un
    batallón de infantería mecanizada, uno de artillería y unidades de
    ingenieros y otros elementos de apoyo Los CC se subdividían en
    Teams compuestos de una compañía de tanques, una de infantería y
    unidades de reconocimiento. Todas estas organizaciones adicionalmente
    y según la necesidad podían contar con unidades de destructores
    de tanques, antiaéreas, de tropas especiales, etc.
    La doctrina americana impulsaba la cooperación constante entre
    infantería y tanques, adoptando generalmente la actuación conjunta
    de una sección de infantería y un grupo de tanques. La ayuda mutua
    se veía favorecida por el hecho de que los tanques tenían instalado un
    teléfono en la parte posterior del casco y porque cada pequeño cambio
    táctico se difundía rápidamente a través de reportes y folletos
    entre la tropa.
    El mayor problema que sufrían los norteamericanos era su inferioridad
    en el combate antitanque. Originalmente los tanques Sherman
    debían ser empleados junto a la infantería mientras que los
    destructores de tanques se reservaban para el combate blindado, sin
    embargo esta teoría no resultó de aplicación debido a la superioridad
    táctica y técnica de los tanques alemanes; se calcula que un Tiger
    alemán sólo podía ser derrotado por al menos cinco Sherman.

    El apoyo aéreo se desarrolló grandemente entrenándose, a partir
    de 1943, a los soldados en los procedimientos para la guía de los aviones
    de ataque a tierra.
    La artillería norteamericana contaba con un sistema de empleo
    conocido como Time On Target (TOT). A través de un muy buen
    sistema de comunicaciones se podían concentrar una gran cantidad
    de piezas sobre el mismo blanco y en el momento preciso lo que
    producía efectos devastadores.
    La fuerza principal del ejército norteamericano residía en el empleo
    combinado de sus armas de combate y particularmente de su
    sistema logístico sostenido por una poderosa maquinaria industrial.

     

    100 Liddell Hart B., 1974, “Los Generales Alemanes hablan”, pg. 342, Buenos
    Aires, Ed Rioplatense

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    Operaciones Mecanizadas en el Desierto: La Batalla de Ain-el-Gazala

    El comandante en jefe británico para Medio Oriente Mscal Claude
    Auchinleck se vio presionado por el primer ministro Churchill para
    lanzar una ofensiva en el norte de África a comienzos de 1942. Sin
    embargo consideró que era imposible hacerlo antes de junio cuando
    las unidades enviadas a Siria, Irán e Irak volviesen a África.
    Para la misma época, marzo, Rommel discutía con Hitler las futuras
    operaciones en el teatro. En esas reuniones se le informó a Rommel
    que no debía esperar refuerzos pues la campaña rusa consumiría
    los disponibles en su próxima ofensiva, asimismo la inteligencia alemana
    le comunicó que en los Estados Unidos de Norteamérica el My
    Grl George S. Patton acababa de completar el entrenamiento para
    combate en el desierto de un cuerpo de ejército completo.
    Entre las operaciones que se planteaban una era la captura de
    Malta por medio de un asalto aéreo, ejercicio cuyo nombre en clave
    era Hércules. Otra acción llamada Teseo consistía en una ofensiva
    limitada en la región de Ain-el-Gazala con el objetivo de destruir las
    unidades blindadas inglesas y tomar Tobruk.
    La preparación de Hércules implicaba someter a Malta a fuertes
    bombardeos aéreos para reducir sus defensas. Los bombardeos obligaron
    a los ingleses a retirar sus buques y submarinos de la isla y a
    gran parte de su fuerza aérea. Esto le permitía a Rommel asegurar sus
    líneas de abastecimiento a través del Mediterráneo lo que facilitaba el
    lanzamiento de la operación Teseo.

    Las Fuerzas Enfrentadas

    Los Ingleses

    El octavo ejército Inglés bajo el mando del Tte Grl Ritchie era
    una fuerza experimentada en el teatro africano y con un muy buen
    nivel de instrucción, aunque las derrotas sufridas a manos de Rommel
    habían deteriorado su moral.
    La infantería británica estaba mejor equipada que su contraparte
    italiana, pero carecía de la movilidad de las tropas alemanas. Aún así
    sus divisiones eran superiores en número y poder de fuego.
    En cuanto a la artillería los ingleses desplegaban una superioridad
    de ocho a cinco con relación a las piezas dispuestas por el eje.

    Respecto a tanques los ingleses alineaban 167 Grant, 149 Stuart,
    257 Crusader, 166 Valentine y 110 Matilda, es decir un total de 849
    vehículos contra los 560 que disponía su enemigo. Estos tanques
    estaban repartidos de la siguiente forma los Grant, Stuart y Crusader
    equipaban a las divisiones blindadas 1 y 7 pertenecientes al CE XXX
    del Tte Grl Norrie; los Valentine y Matilda constituían las brigadas
    de tanques 1 y 32 dentro del CE XIII del Tte Grl Gott. Los Matilda
    y Valentine habían sido diseñados para combatir en apoyo de la infantería
    por lo que eran lentos e incapaces de participar en un combate
    blindado móvil.
    La doctrina táctica británica continuaba siendo la misma que a
    principios de la guerra, los tanques estaban diseñados principalmente
    para apoyar a la infantería, y los modelos ligeros cumplían las funciones
    tradicionales de la caballería. Después de tres años de guerra los
    ingleses no habían variado su doctrina y continuaban desconociendo
    el empleo de armas combinadas. Esta actitud, de por sí inadecuada se
    agravaba en el terreno africano debido a que las amplias planicies y la
    baja densidad de tropas hacían de esta región un campo ideal para el
    empleo de formaciones móviles, combinadas y con alta capacidad de
    maniobra.
    La inhabilidad para enfrentar una guerra móvil disminuía la aptitud
    ofensiva del ejército británico, aunque favorecía su potencia en la
    defensa. La tendencia que marcan estos criterios afectaba asimismo a
    los mandos cuya tendencia hacia la conducción lenta, metódica y
    rígida de las operaciones los ponía en franca desventaja contra sus
    pares germanos. Del mismo modo la doctrina británica no favorecía la
    preparación de mandos de brigada y de división y de hecho no contemplaba
    instrucción al nivel de cuerpo de ejército.

    Los Italianos

    Aunque las tropas italianas de la Segunda Guerra Mundial tienen
    mala fama, realmente no eran tan ineficientes como se cree.
    En esencia el ejército italiano era una fuerza de infantería. Las
    divisiones no motorizadas prácticamente sólo podían ser empleadas
    para defensas estáticas; el equipo en general estaba pasado de época y
    nunca estuvieron bien aprovisionadas; contaban además con insuficientes
    unidades de apoyo y un pobre equipo de transmisiones. Las
    divisiones motorizadas aunque mejores, igualmente nunca dispusieron
    de suficientes camiones.

    En cuanto a artillería la mayoría de las piezas databan de la Primera
    Guerra Mundial y su alcance no superaba los diez kilómetros.
    Los cañones antitanque, entre los que se contaban algunos 88mm
    provistos por los alemanes, se concentraban en las divisiones blindadas
    y motorizadas por lo que las divisiones de infantería carecían de
    ellos.
    Los tanques italianos en África del Norte eran alrededor de 230.
    El modelo principal era el M13/40 que al igual que los otros tanques
    italianos se basaban en diseños de los años 30 y se hallaban completamente
    superados en potencia y blindaje de fuego.
    Entre las unidades italianas probablemente la mejor era la división
    blindada Ariete debido a que muchos de sus oficiales habían sido
    entrenados en Alemania. El resto de los oficiales del ejército ofrecían
    un pobre cuadro de conducción debido a que los mandos superiores
    habían alcanzado esa posición en razón de sus conexiones políticas y
    no de sus habilidades profesionales. El resto del cuerpo de oficiales
    veía dificultada su labor a causa de la discriminación social que se
    planteaba frente al personal de tropa.

    Los Alemanes

    Las fuerzas alemanas al mando de Rommel habían recibido la designación
    de Panzerarmee Afrika; dentro de él se integraba Panzergruppe
    Afrika bajo el mando del Grl Cruewell y el tradicional
    Deutsches Afrikakorps del Grl Nehring. Este último cuerpo comprendía
    la PzD 15 del Grl von Vaerst, la PzD 21 del Grl von Bismarck,
    que había acompañado a Rommel junto a la PzD 7 en Francia
    en 1940, y la División Ligera 90 del Grl Kleeman.
    El Panzerarmee Afrika tenía frente al Ej8 inglés la ventaja de una
    mejor doctrina, que se veía reforzada por la introducción de la nueva
    ametralladora MG 42, pero por lo demás su número y nivel de equipamiento
    era menor. Las tropas del eje reunían 90.000 soldados frente
    a los 100.000 ingleses. En tanques además de los italianos contaban
    con 50 Pz Mk II, 223 Pz Mk III, 19 Pz Mk III especiales y 40 Pz Mk
    IV. Aunque estos tanques eran alrededor del 30 por ciento de los que
    podían reunir los ingleses contaban con una mejor velocidad y maniobrabilidad.
    En armas antitanque disponían del poderoso cañón de 88mm capaz
    de detener a cualquier tanque aliado a 3.000 metros de distancia,
    también utilizaban el excelente cañón de 76.2mm capturado a los
    soviéticos.

    Al igual que en la campaña de Francia la Luftwaffe contaba con
    oficiales de enlace en las tropas de vanguardia para proveer de un
    inmediato apoyo aéreo táctico.
    La mejor cualidad que desplegaba el Panzerarmee Afrika era la
    calidad de su liderazgo. Los ascensos se regían por un sistema estricto
    de aptitud y talento profesionales. Los oficiales tenían como regla
    apoyar, consultar y mantener una excelente relación con la tropa a su
    cargo lo que se veía facilitado porque los reemplazos provenían de las
    regiones de origen de cada unidad. Además los oficiales en África
    desplegaban una gran aptitud para “pelear con lo que hay”, una vieja
    costumbre de la Reichwher. Una muestra de esto es el empleo de los
    camiones de abastecimiento para transportar a las unidades de infantería,
    lo que les permitía una gran movilidad para concentrar tropas
    frente a un enemigo numéricamente superior.
    Una de las críticas que siempre suelen hacerse sobre Rommel es
    que su costumbre de dirigir desde el frente lo hacía ausentarse de su
    puesto de mando para desesperación de su estado mayor. Esta aparente
    desprolijidad estaba basada en una estricta preparación y selección
    de sus oficiales. Rommel había eliminado de sus fuerzas a todos
    aquellos mandos cuyo estilo de liderazgo o conocimiento no se aplicaban
    a los principios de la guerra móvil, del mismo modo había promocionado
    y apoyado a aquellos que sí tenían esa característica. Esto
    hacía que las fuerzas a su mando tuvieran no sólo los mejores oficiales
    sino que le otorgaban también un perfecto control y conducción de
    las mismas, y la confianza de que sus planes y órdenes se cumplirían
    aún en su ausencia.

    Los Planes Alemanes

    Las Cartas se encuentran en la sección de fotos

    La costa del norte de África presentaban para los combates de las
    Segunda Guerra Mundial dos alternativas operacionales, la ruptura o
    el envolvimiento. Ambos contendientes disponían sus fuerzas apoyando
    un flanco en las costas del mar Mediterráneo y el otro en el
    desierto donde rara vez se encontraban obstáculos naturales en que
    apoyarse, como sucederá en El Alamein. Este dispositivo plantea
    entonces el empleo de algunas de las dos maniobras mencionadas.
    La posición de Ain-el-Gazala apoyaba su flanco derecho en la
    costa y se extendía hasta 80 kilómetros hacia el sur donde se encontraba
    la posición fortificada de Bir Hakeim. La línea comprendía
    extensos campos minados detrás de los cuales los ingleses habían
    construido puntos fuertes rodeados de alambradas de púas y campos

    minados adicionales. Las posiciones inglesas contaban con emplazamientos
    de cemento para las armas más pesadas y provisiones para
    resistir varios días aún estando cercadas. Cada brigada de infantería
    ocupaba un complejo de fortificaciones que se asemejaba a las de la
    Primera Guerra Mundial. Estas brigadas operaban además con dos
    posiciones defensivas a retaguardia disponibles en caso de tener que
    replegarse. Detrás de la línea principal de defensa se encontraban
    puntos fuertes como el cruce de caminos de Knightsbridge, el aeródromo
    de El-Adem, y el puerto de Tobruk. La principal debilidad de
    esta formidable zona de defensa era que más allá de Bir Hakeim sólo
    se extendía el desierto, por allí pensaba entrar Rommel.
    El plan consistía en emplear a los cuerpos X y XXI italianos y a la
    Br 15 alemana en un asalto frontal contra la DI 1 sudafricana y la DI
    50 inglesa en la zona norte de la línea defensiva. Esta fuerza tendría
    la misión de aferrar y atraer a las reservas inglesas. En tanto Rommel
    guiaría al Deutsches Afrikakorps y al CE XX italiano hacia el sur para
    rodear la línea en una marcha nocturna y alcanzar el pueblo de Acroma
    atacando a los ingleses por su retaguardia. Se preveía además
    realizar un asalto anfibio al mando del Tte Hecker que aislase a las
    divisiones aliadas al norte de la línea y enlazase con las tropas blindadas.
    La DILig 90 tendría como misión apoderarse de El-Adem y
    cortar la línea de abastecimientos inglesa.
    Era este un plan audaz y peligroso especialmente porque la inteligencia
    alemana no había podido penetrar la seguridad inglesa y la
    información acerca de las fuerzas aliadas y la calidad de las defensas
    era incompleta. De todas formas se fijó el inicio de la operación para
    el 26 de mayo de 1942.

    La Situación Aliada

    Los aliados habían obtenido la famosa máquina Ultra que utilizaban
    los alemanes para cifrar sus comunicaciones, gracias a ella pudieron
    interceptar el 20 de mayo de 1942 una serie de mensajes que
    denunciaban el ataque a la línea de Gazala en la las próximas semanas.
    Esta información le sirvió a Auchinleck y a Ritchie para evadir las
    presiones de Churchill acerca de la necesidad de lanzar una ofensiva
    en África del Norte. Ambos estaban convencidos de que el Ej 8 no
    estaba en condiciones de tal acción y vieron con agrado que Rommel
    tomara la iniciativa y atacara primero.
    El plan defensivo consistía en resistir el ataque con la infantería
    en al línea principal de defensa y en los puntos fuertes y reservar las

    fuerzas blindadas para contraatacar cualquier penetración que pudieran
    lograr los alemanes.
    La línea de Ain-el-Gazala presentaba, pese a su impresionante
    despliegue algunas debilidades. En el frente de la DI 50 se abría una
    brecha de diez kilómetros sólo cubierta por minas entre la BrI 69 y la
    150. Al sur de esta última se presentaba otro hueco de 25 kilómetros
    hasta Bir Hakeim donde se encontraba la Br 1 de la Francia Libre.
    Aunque estas brechas se patrullaban regularmente, lo cierto es que
    los obstáculos estáticos sin tropas de cobertura resultan absolutamente
    inútiles. En el resto del frente muchos campos minados no estaban
    en zonas que pudiera batir la artillería inglesa por lo que tampoco
    resultaban útiles.
    Otra debilidad la planteaban los depósitos de munición de artillería
    para los cañones de 25 libras. Aunque los emplazamientos de estas
    piezas eran buenos y sus guarniciones contaban con abundantes víveres
    y agua, los depósitos de proyectiles en los reductos resultaban
    bastante reducidos lo que disminuía el volumen de fuego de estos
    cañones.
    Pero el defecto principal lo constituía el hecho de haber sido
    construida para cumplir ”…tres funciones distintas: constituir una
    base segura y un trampolín de lanzamiento para la inminente ofensiva
    del Ejército 8; proteger a Tobruk de cualquier posible ataque y proteger,
    por lo menos así se esperaba, las posiciones de la frontera egipcia
    más al este. Esta multiplicidad de objetivos condujo a una serie de
    conflictos de prioridad, a confusiones y compromisos varios: por
    ejemplo, para conseguir la enorme cantidad de minas y de alambre de
    espino necesarios para el campo minado situado al oeste, fue preciso
    desmantelar otros campos minados y otras alambradas que rodeaban
    Tobruk”.99
    El comando británico pensaba compensar las debilidades de esta
    línea por medio del empleo de sus unidades blindadas, pero para ello
    éstas debían estar emplazadas en lugares que permitieran su rápido
    desplazamiento y concentración. La fijación de estos sitios dependía
    de la apreciación que hicieran los ingleses acerca del punto de esfuerzo
    principal del ataque alemán. Auchinleck y Ritchie creían que el
    ataque sería lanzado contra el centro de sus posiciones, conforme a
    ello ubicaron a la DBl 1 entre Knightsbridge y Bir Lefa. La DBl 7 fue
    colocada más al sur en Bir Buid detrás de Bir Hakeim en previsión de

    un eventual envolvimiento, con esta misma intención la BrIMot 3
    india fue colocada al sur de esta última posición para formar una pantalla
    de alerta. Ambas divisiones fueron desplegadas de manera fraccionada
    por lo que cuando se inició la batalla no pudieron
    concentrarse para actuar en masa. Al separar las unidades integrantes
    de las divisiones blindadas se impidió además que actuaran unas en
    apoyo de las otras, y por otra parte como se le asignaron posiciones
    fijas de defensa limitaron su aptitud de desplegarse para un contraataque.
    Para agravar la situación las relaciones de comando británicas no
    fueron las mejores. Aunque Ritchie era el comandante efectivo del Ej
    8, su superior Auchinleck intervenía en las decisiones operativas de
    su subordinado lo que hacía que los jefes de unidades muchas veces
    no supieran desde donde se generaba la orden, y como dice un viejo
    adagio militar “orden, contraorden, desorden”.
    Las Acciones
    El 26 de mayo de 1942 las tropas al mando del Grl Crüwell avanzaban
    hacia el sector norte de la línea de Gazala bajo el apoyo de un
    fuerte bombardeo de artillería en busca de puntos de penetración del
    dispositivo. Mientas tanto el Deutsches Afrikakorps y el CE XX italiano
    se reunían alrededor de Rotonda Cegnali para comenzar luego
    de la caída del sol la Operación Venecia. Esta consistía en una marcha
    nocturna de más de 50 kilómetros ejecutada por 10.000 vehículos con
    el objetivo de rodear las posiciones inglesas. Para asegurar el éxito de
    la operación se habían establecido por anticipado puntos para el reabastecimiento
    de combustible. A las 0600 del día siguiente las tropas
    se encontraban al sur de Bir Hakeim listas para completar la segunda
    etapa del envolvimiento, ya dentro del dispositivo inglés. Sólo se
    hallaba ausente la División Trieste que al perder el rumbo en la noche
    había tropezado con los campos minados que protegían la zona de
    la Br 150 al sudoeste de Rotonda Ualeb.
    Aunque Rommel pensaba haber tomado completamente por sorpresa
    a los ingleses, éstos estaban siguiendo sus movimientos, aunque
    en nada variaron su dispositivo ni se prepararon para contrarrestar el
    avance alemán. Esta inactividad es sumamente grave debido a que la
    presencia de Rommel en el sur determinaba que el ataque principal
    se realizaría por allí y no por el centro como esperaban los ingleses.
    A las 0630 la PzD 21 y la Ariete dispersaron a la BrIMot 3 india,
    poco tiempo después Rommel se enfrentó con la dispersa DBl 7, la

    DILig 90 puso en fuga a la BrIMot 7 y capturó a su paso el puesto de
    mando de la división inglesa; las PzD 15 y PzD 21 trabaron combate
    con la BrBl 4 rechazándola aunque con severas pérdidas. La DBl 7
    había sufrido una dura derrota y sus restos sólo pudieron reunirse
    alrededor de El Adem perseguidos por la DILig 90.
    Acudiendo en ayuda de la DBl 7, a las 0845 la DBl 1 envió hacia
    el sur a la BrBl 22 que fue batida por un ataque concéntrico de las dos
    divisiones blindadas alemanas. Esta victoria resultó costosa debido a
    que los tanques Grant se mostraron como una dura competencia para
    los blindados alemanes; para compensar Rommel ordenó que los
    batallones pesados Flak 18 y 35 actuaran en conjunto con los tanques
    de manera ofensiva.
    Rommel tuvo aquí un error de percepción de la batalla, consecuencia
    de la deficiente inteligencia con que inició el combate. Creyendo
    que la ofensiva estaba decidida ordenó a sus tropas continuar
    adelante, como para liquidar el asunto. Sin embargo todavía debía
    enfrentar muchas desagradables sorpresas por parte de los ingleses.
    Hacia el medio día fue atacado por ambos flancos por la BrBl 2 y
    la BrBl 1 al sur de Knightsbridge. El asalto inglés fue descoordinado
    aunque logró perturbar el avance alemán. Para la noche del 27 las dos
    divisiones panzer se encontraban alrededor de Bir Lefa habiendo
    sufrido grandes pérdidas y escasas en combustible y municiones. La
    división Ariete había sido rechazada duramente en su ataque a Bir
    Hakeim y la DILig 90 fue atacada en Retima por la BrBl 4. Todo esto
    terminó por convencer a Rommel de que la batalla iba a ser más
    complicada que lo esperado. Comprendió también que haber dejado
    atrás Bir Hakeim sin capturarlo dejaba expuesta su línea de abastecimientos
    por lo que debía someterla o hallar otra salida.
    Los ingleses, pese a los reveses iniciales confiaban en poder ganar
    la batalla, sin embargo poco hicieron en ese sentido. La BrBl 22 permaneció
    inmóvil durante todo el día 28 vigilando a la PzD 15, y sólo
    la BrBl 4 logró provocar algunas bajas en la Ariete, aunque fue contenida
    por el fuego antitanque de la DILig 90.
    Prácticamente sin combustible ni municiones Rommel solicitó
    urgente ayuda a Crüwell. Este lanzó nuevos ataques para penetrar la
    línea Gazala y alcanzar al cercado DAK, sin embargo sus ataques no
    lograron ninguna entrada aunque sí sufrieron duras pérdidas.
    En esa situación desesperada la capacidad profesional y el liderazgo
    de Rommel salvaron el momento. Partiendo hacia el oeste comenzó
    a buscar un camino entre los campos minados, no para sacar a
    las cercadas tropas alemanas sino para dar paso a las columnas de

    abastecimiento. Así fue que en la noche del 28 halló la brecha buscada
    y personalmente guió la columna de camiones de suministro. Con
    esto reaprovisionó completamente a sus tropas y reinició las acciones.
    Ese mismo día fue informado de que el Grl Crüwell había sido capturado
    al ser derribado su avión de reconocimiento, su reemplazo fue el
    Mscal Albert Kesselring, comandante del teatro de operaciones que
    se hallaba en visita de inspección.
    El día 29 las divisiones Brescia y Pavia estaban logrando lentos
    avances en los campos minados de la brecha entre la BrI 150 y la BrI
    69. Durante el día las cercadas fuerzas de Rommel se trabaron en un
    prolongado combate con las BrBl 2 y 22 que cesó al caer la tarde con
    un resultado inconcluso y grandes pérdidas para ambos bandos.
    Rommel decidió reagrupar sus fuerzas retirándose ligeramente hacia
    el oeste en la zona de Sidi Muftha en la esperanza de enlazar con las
    tropas de Hecker, no fueron empleadas en la operación anfibia, y
    cuyos ingenieros trataban de estabilizar un paso entre los campos
    minados ingleses.
    Para poder reagruparse Rommel tendió una pantalla de cañones
    de 88mm que efectivamente pudieron contener los asaltos blindados
    ingleses del día 30 mientras las fuerzas del DAK intentaban apoderarse
    de Sidi Muftha y desalojar a la BrI 150 que defendía la zona. El
    primero de junio Rommel, liderando personalmente una sección de
    granaderos panzer tenía éxito en su empresa, capturando 3.000 prisioneros
    y 124 cañones en la batalla que se conoce como la del Hexenkessel,
    el “Caldero”. Esto le permitió al general alemán
    establecer contacto con las fuerzas alemanas del otro lado de la línea
    de Gazala.
    La caída de la BrI 150 cambió la situación de la batalla. Rommel
    gracias a su iniciativa y liderazgo logró restablecer el equilibrio perdido
    luego de haberse encontrado con fuerzas superiores a las esperadas.
    Para los ingleses la victoria comenzaba a escapárseles.
    Auchinleck presionó a Ritchie para que lanzara un contraataque dirigido
    contra Bir Temrad que constituía el núcleo central de las líneas
    de abastecimiento alemanas. Se había planeado empeñar en esta
    misión a la DI 5 india perteneciente a la reserva inglesa, pero el comandante
    del Ej 8 decidió que el ataque hacia el oeste se realizaría
    empeñando cada brigada de la línea de defensa una compañía reforzada.
    Toda la operación se disolvió en ataques aislados que no llegaron
    a constituir ninguna amenaza para las tropas del eje.
    Ritchie decidió entonces lanzar un ataque contra el Caldero. La
    idea era buena pero exigía de una fuerte concentración de tropas y

    una muy buena coordinación, elementos que no se aportaron. El
    mando del ataque se dividió entre el CE XIII, a cargo del sector norte
    y el CE XXX que atacaría desde el este. El control operacional lo
    tendría la DI 5 india hasta la apertura de alguna brecha en que pasaría
    a la DBl 7. Ritchie además retrasó el ataque en busca de mejores
    avenidas de aproximación. Esto le dio a los alemanes las 24 horas que
    necesitaban para prepararse. A las 0250 del 5 de junio comenzó el
    ataque inglés bajo la protección de una barrera de artillería en el sector
    sudeste del Caldero defendido por la Ariete. El fuego preparatorio
    de artillería cayó en una porción vacía de desierto, aún así la BrI 9
    india y la BrBl 22 lograron penetrar el Caldero. Rommel respondió
    empeñando todos los cañones de 88mm disponibles lo que obligó a
    los atacantes a retroceder.
    El Zorro del Desierto aprovechó esta oportunidad para contraatacar
    con los blindados de la PzD 15 y la Ariete. Los tanques ingleses se
    retiraron dejando sola a la infantería que fue arrasada por el ataque
    alemán que en una hora dio cuenta de cuatro regimientos de infantería.
    Mientras tanto el CE XIII atacaba con 100 tanques pesados a la
    PzD 21. Este ataque se realizó sin el apoyo de la infantería por lo que
    las baterías antitanque alemanas pronto pusieron fuera de combate a
    70 vehículos ingleses.
    Estabilizada la situación, por la tarde la PzD 21 comenzó a avanzar
    hacia el oeste en dirección a Knightsbridge mientas la PzD 15 se
    dirigía hacia el sur para alcanzar Bir-el-Harmat y atacar desde allí el
    flanco sur de las posiciones británicas. En una maniobra perfecta de
    movilidad y coordinación ambas divisiones panzer cayeron sobre las
    BrI 10 y 9 y la BrBl 22. Durante el día 6 las fuerzas inglesas esperaban
    un contraataque que nunca llegó, para el anochecer las brigadas de
    infantería habían sido destruidas junto con otros 100 tanques y cuatro
    regimientos de artillería ingleses.
    Llegado a este punto Rommel decidió tomar Bir Hakeim la que
    fue evacuada por los franceses la noche del 10 al 11 de junio.
    Los tremendos combates librados habían provocado terribles
    pérdidas, al punto que la DILig 90 contaba solamente con 1.000
    hombres, los ingleses aún tenían 330 tanques mientras que el eje sólo
    disponía de 130. El 11 de junio Rommel decidió conservar la iniciativa
    y lanzó sus fuerzas hacia el este. Mientras la PzD 21 realizaba un
    ataque de diversión hacia el norte, la PzD 15, la DILig 90 y la Trieste
    se movían hacia el este alcanzando esa noche Naduret y El Adem.

    El día 12 los ingleses planearon un ataque contra la PzD 15 que
    fue descubierto por las escuchas alemanas. Rommel planeó esperar el
    golpe y luego tomar a los ingleses por detrás con la PzD 21. El ataque
    inglés se retrasó por una discusión entre los comandantes de la BrBl 2
    y 4, lo que provocó que el jefe de la PzD 15 los atacara en vez de
    esperar ser atacado. Al medio día se empeñó la PzD 21 contra el flanco
    de la DBl 7, provocando el retroceso de las fuerzas inglesas. En su
    ayuda concurrió la BrBl 22 sin que mejorase la situación. Las pérdidas
    inglesas alcanzaron los 120 vehículos.
    El 14 de junio después de discusiones en el comando inglés,
    Ritchie decidió abandonar la línea Gazala y retirarse hacia el este. El
    terrible desgaste y cansancio sufrido en los días anteriores impidieron
    a los alemanes realizar una efectiva persecución que evitase la retirada
    de la mayoría de las tropas inglesas. El 21 de junio Rommel tomaba
    Tobruk
    En este combate los ingleses demostraron que nada habían
    aprendido de la campaña de Francia de 1940.

    99 Chandler, D, 1972, “La Batalla de Ain El-Gazala “ en “ Asi fue la Segunda
    Guerra Mundial”Vol.3 Pg.112, Milán, Noguer.

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    CAPÍTULO 5. EN LA VORÁGINE: FALLUJAH, NOVIEMBRE DE 2004.

    Después de la caída de Bagdad ante las fuerzas armadas norteamericanas en 2003, Fallujah permaneció como una de las áreas más violentas del país y el co‐razón del Triángulo Sunni. Tumultos violentos, asesinatos y atentados con bombas se convirtieron en acontecimientos diarios teniendo como blancos a las fuerzas de ocupación y a los iraquíes colaboradores del gobierno provisional o de las fuerzas de la Coalición. Durante meses, la policía local iraquí y los líderes de la ciudad resultaron ser incapaces de reducir la tensión, así, basándose en sus garantías de que la situación mejoraba, los norteamericanos solamente se aventuraron en la ciudad ocasionalmente. Mientras tanto, la resistencia creció fuertemente aprovechando la debilidad del gobierno mientras que imanes y jeques incitaban más violencia.
    Fallujah daba de los antiguos tiempos de Babilonia como una parada junto a la principal carretera del desierto que llevaba hacia el oeste desde Bagdad. Situada sobre el río Eufrates a 43 millas de Bagdad, Fallujah era parte de la moderna provincia de Anbar. Pequeña y poco importante ciudad antes de 1947, el cre‐ciente comercio y la introducción de la industria causaron que su población gradualmente creciera hasta unos 350.000 habitantes en 2003. Fallujah medía unos tres kilómetros cuadrados y consistía en unos 2.000 bloques urbanos con muros de patio, casas de vecinos y casas de dos pisos de cemento separadas por sórdidos callejones. Extendida en una cuadrícula con unos pocos amplios bule‐vares, los seis carriles de la Carretera 10 pasaban a dos millas del centro de la ciudad. Al sur de esta carretera había fábricas decrépitas mientras al norte esta‐ban las casas más espaciosas. Como en muchas ciudades de Irak en la época, casas a medio terminar, montones de basura, y restos de coches antiguos ador‐naban cada vecindario. Irónicamente, el nuevo sistema de carreteras auspiciado por Saddam Hussein había sobrepasado Fallujah, y la importancia y la pobla‐ción de la ciudad estaban en declive. (Ver Mapa 25).

    Con alrededor de 200 mezquitas, Fallujah era un importante centro del Islam Sunni en la región y la población mostró una gran cantidad de apoyo a los Baa‐zistas durante la época de Saddam Hussein. La mayoría de los habitantes prac‐ticaban el Wahhabismo extremo y eran tradicionalmente hostiles a todos los extranjeros. La ciudad tenía una bien ganada reputación en todo Irak de ciudad muy violenta, todavía firmemente atrincherada en la tradición del clan. Des‐pués de la caída de Saddam Hussein y la desintegración del Ejército Iraquí, había unos 70.000 hombres desempleados en las calles. Sin trabajo y con un fu‐turo incierto, muchos de ellos eran altamente susceptibles a la llamada a una resistencia activa contra los ocupantes norteamericanos. Estimaciones posterio‐res muestran que alrededor de 15.000 hombres iraquíes hicieron justamente eso.
    La 82 División Aerotransportada Norteamericana fue la primera unidad a la que se le asignó la responsabilidad de Fallujah y su área circundante. Dispersa‐dos sobre una amplia área, los paracaidistas fueron incapaces de hacer progre‐sos sustanciales en reprimir el descontento. Esta división fue reemplazada bre‐vemente por un contingente de 200 hombres del 3 Regimiento de Caballería Blindada en mayo de 2003, pero más fuerza era necesaria. Esta fuerza fue la 2 Brigada de la 3 División de Infantería (Mecanizada). Utilizando un enfoque de zanahoria y palo, hubo un notable descenso en los incidentes, aunque Fallujah permaneció siendo un lugar volátil y peligroso. Desafortunadamente, la zana‐horia, en la forma de lucrativos contratos y levantamientos del toque de queda, fue a menudo respondida con más ataques de la resistencia. El palo fue a me‐
    nudo más efectivo pues la 2 Brigada realizó batidas a gran escala en busca de armas y fugitivos buscados. Los pesados blindados de la brigada intimidaron a la población y los actos de violencia declinaron un poco más. Mientras tanto, los esfuerzos para pacificar a la población reconstruyendo las infraestructuras con‐tinuaron con desigual grado de éxito.
    Los combatientes de la resistencia en Fallujah eran diferentes a cualquiera que el Ejército Norteamericano se había encontrado desde la Guerra de Vietnam. No llevaban uniformes y, por consiguiente, se mezclaban casi perfectamente con la población. Operando desde sus propias casas, no había una infraestructura convencional a la que combatir tal como campos de entrenamiento o bases. El mando y el control eran tan flojos que no había usualmente una cadena de mando perceptible o comunicaciones que fácilmente interceptar o explotar. Enormes depósitos de armas y de material explosivo permanecían desde la guerra y eran fácilmente disponibles para armar a nuevos reclutas y fabricar improvisadas bombas para colocar a los lados de las carreteras. Los imanes wahhabitas urgían a los miembros de la resistencia a que expulsaran a los que consideraban como invasores infieles y a cualquier iraquí que colaborara con ellos. Muchas mezquitas se convirtieron en arsenales para almacenar armas y explosivos y refugios seguros para la resistencia. La combinación de celo reli‐gioso, de la ociosidad causada por el elevado desempleo y del odio por la ocu‐pación hizo del reclutamiento una tarea fácil. La ingeniosidad y audacia de los combatientes les hicieron un enemigo mortal. (Ver Mapa 26).
    La 2 Brigada salió de Fallujah en agosto de 2003 y fue reemplazada por el 1 Ba‐tallón, 505 Regimiento de Infantería Paracaidista de la 82 División Aerotrans‐portada. La situación en la ciudad permaneció virtualmente sin cambiar a pesar de la captura de algunos de los más notables líderes de la resistencia y grandes cantidades de armas y explosivos. Particularmente decepcionante fue el fracaso de dos batallones de la Guardia Nacional Iraquí, que llegaron en febrero de 2004, para someter a la resistencia. Dos días después de su llegada, un masivo ataque de la resistencia destruyó la estación central de policía así como también la reputación de los guardias. Los batallones iraquíes fueron rápidamente reti‐rados en desgracia. Hubo poco progreso significante en pacificar la insurgencia en Fallujah por las fuerzas de la 82 Aerotransportada durante esta rotación. In‐cluso la captura de Saddam Hussein el 13 de diciembre no ofreció un respiro; en lugar de ello, pareció que la resistencia crecía más fuerte.
    A comienzos de marzo de 2004, la 1 Fuerza Expedicionaria de los Marines rele‐vó a la 82 División Aerotransportada en la provincia de Anbar. En lugar de cen‐trarse en fuertes operaciones de búsqueda y barrida como las unidades del Ejér‐cito habían hecho, los Marines intentaron desviar el foco a emular su propia experiencia en la construcción de la nación y ganarse los corazones y las mentes
    de la población. Los Marines esperaban que la situación mejoraría interactuan‐do con el pueblo de Fallujah.
    La resistencia no se impresionó. Los insurgentes lanzaron folletos, llamados por los Marines “awat”, un pastel blando azucarado. Los ataques aumentaron. Un momento definitivo llegó el 31 de marzo de 2004 cuando 4 contratistas fueron emboscado en Fallujah y sus cadáveres carbonizados colgados de un puente próximo. Televisada a todo el mundo, la escena demandaba una dura respues‐ta.

    En reacción al asesinato y mutilación de los cuatro contratistas, los Marines y las fuerzas de la Coalición lanzaron la Operación ALERTA VIGILANTE el 4 de abril de 2004. El objetivo de la operación era pacificar e intimidar a los elemen‐tos violentos dentro de la provincia de Anbar, específicamente en Fallujah. Cua‐tro batallones fueron situados para asaltar la ciudad mientras que otros dos más formaban un cordón alrededor de ella. Después de realizar ataques de precisión aéreos y artilleros, los Marines estaban preparados para penetrar en la ciudad. Los oficiales superiores de los Marines querían tomar un enfoque mucho menos drástico temiendo que el fuerte daño y las bajas iraquíes serían contraproducen‐tes para el objetivo a largo plazo de pacificar la ciudad, sin embargo, fueron in‐validados. Los Marines comenzaron un asalto sobre Fallujah.
    El 9 de abril, después de solamente cinco días de duros combates, a los Marines y a las fuerzas de la Coalición se les ordenó suspender las operaciones ofensivas en Fallujah para realizar conversaciones con el Consejo de Gobierno, los líderes urbanos de Fallujah y los representares de la insurgencia. Estas conversaciones resultaron en la entrega de suministros adicionales a la ciudad por el gobierno iraquí y la reapertura del Hospital General de Fallujah, anteriormente cerrado debido al asedio de los Marines Norteamericanos. Los Marines se retiraron de la ciudad entregando las responsabilidades de seguridad a la Brigada Fallujah. Esta fuerza ligera estaba compuesta de antiguos soldados iraquíes y estaba mandada por el Mayor General Jassim Mohammed Saleh, un oficial de la difun‐ta Guardia Republicana. Esta unidad formada apresuradamente fracasó mise‐rablemente y una vez más la situación en Fallujah se desintegró. Los Marines Norteamericanos mantuvieron un fuerte anillo en torno a la ciudad durante los siguientes meses en un esfuerzo para contenerla.
    Durante el transcurso del verano y del otoño, la insurgencia aprovechó la opor‐tunidad para reclutar personal y acumular suministros. Fallujah se había con‐vertido en un símbolo de resistencia y en una molestia para el gobierno provi‐sional iraquí; al mismo tiempo, las fuerzas de la Coalición parecían impotentes para hacer nada al respecto. La paciencia se estaba agotando. Los líderes y los habitantes de la ciudad fueron avisados continuamente de que estaban provo‐cando un gran asalto sobre la ciudad, pero no se hizo caso a la advertencia. Se creyó generalmente que el asalto llegaría poco después de las elecciones genera‐les en los Estados Unidos del 6 de noviembre. Aquellos que pensaban esto esta‐ban en lo cierto. Comenzando en serio el 30 de octubre, ataques aéreos y artille‐ros bombardearon blancos escogidos en la ciudad como un amenazador aviso. Cerca de Bagdad, el Regimiento Británico Black Watch relevó a las fuerzas nor‐teamericanas que se preparaban para la operación. La electricidad fue cortada a Fallujah el 5 de noviembre, y fueron lanzadas octavillas advirtiendo a la gente que quedaba en la ciudad que permanecieran dentro de sus casas y que no uti‐lizara sus automóviles. El 7 de noviembre, el gobierno iraquí declaró 60 días de estado de emergencia en la mayoría del país. Prestando atención a estos avisos, entre el 75 y el 90 por ciento de la población civil huyó de la ciudad.

    Fuerzas de la Coalición.

    Las fuerzas que rodeaban Fallujah y se preparaban para el asalto de ella estaban compuestas por unidades del Ejército y de los Marines Norteamericanos, apo‐yados por efectivos de aviación del Ejército, los Marines, la Armada y la Fuerza Aérea. Adicionalmente, fuerzas terrestres iraquíes serían utilizadas en un papel limitada. Al mando global de la operación estaba el Teniente General John F. Satter de los Marines Norteamericanos. Satter organizó a las fuerzas de asalto en dos equipos de combate regimentales, cada uno de ellos aumentado por dos
    batallones del ejército iraquí. Las cifras totales para la operación exigían aproximadamente 10.000 norteamericanos y 2.000 iraquíes.
    El Equipo de Combate Regimental 1 (RCT‐1) fue asignado a la mitad oeste de Fallujah y estaba compuesto por tres batallones, el 3‐1 y el 3‐5 de los Marines y el 2‐7 Escuadrón de Caballería Blindada. El Equipo de Combate Regimental 7 (RTC‐7) fue asignado a la mitad este de la ciudad y estaba compuesto por los 1‐8 y 1‐3 de los Marines y el 2‐2 de Infantería Mecanizada. Además de los batallo‐nes del Ejército, una compañía de tanque de los Marines reforzaba a cada equi‐po de combate. Estos tanques M1A2 estaban ampliamente dispersados por de‐bajo del nivel de compañía para seguir y proporcionar apoyo directo a los fusi‐leros de los Marines. El 2 Equipo de Combate de Brigada (2 BCT) de la 1 Divi‐sión de Caballería fue desplegado en torno a la ciudad para bloquear todo mo‐vimiento hacia y desde Fallujah. Un batallón iraquí apoyaba ese esfuerzo tam‐bién.
    Los oficiales y los soldados de las unidades asignadas a la operación estaban compuestos principalmente de veteranos de la Guerra de Irak de 2003 y habían acumulado una gran cantidad de experiencia en operaciones urbanas. Antes de la operación, estas unidades tuvieron la oportunidad de entrenar, ensayar y afinar sus habilidades mucho más. Las fuerzas militares norteamericanas tenían equipamiento actualizado, incluyendo gafas y visores de visión nocturna y equipos de comunicaciones. Los bateadores pesados para la inminente opera‐ción eran el tanque M1A2 Abrams y el Vehículo de Combate de Infantería M2A3 Bradley. Los Marines también emplearon los Vehículos de Asalto Anfi‐bio AAV‐7A1, pero los relegaron generalmente a plataformas de armas pesa‐das.
    La espina dorsal de las fuerzas blindadas del ejército norteamericano durante este período era el tanque M1A2 Abrams. Diseñado inicialmente en la década de 1970, este tanque pasó por una serie de mejoras y emergió como uno de los principales vehículos blindados del mundo. En el momento de la operación, el M1A2 había entrado en acción en la Guerra del Golfo Pérsico de 1991 y fue la pieza central de la Guerra de Irak de 2003 durante el avance hacia Bagdad. En ambas guerras, superó de lejos a los tanques de fabricación soviética T‐55 y T‐72. Tenía una temible reputación por su letalidad y su capacidad para soportar una enorme cantidad de daño en batalla y todavía mantenerse combatiendo. El M1A2 Abrams pesaba alrededor de 60 toneladas, pero su motor de turbina de gas le daba una capacidad fenomenal para acelerar rápidamente hasta su velo‐cidad campo a través de unas 30 millas por hora. Su armamento principal era un cañón de calibre pesado de 120 milímetros capaz de enfrentarse y destruir blancos a más allá de 3.000 metros. El armamento secundario incluía una ame‐tralladora coaxial de 7,62 milímetros y otra encima de la escotilla del cargador.
    La cúpula del comandante estaba armada con una ametralladora pesada de ca‐libre 50. El tanque se caracterizaba por un sistema de estabilización que permi‐tía disparar el cañón mientras estaba en movimiento, y los avanzados sistemas de control de fuego eran lo bastante precisos para enfrentarse a blancos más allá de 3.000 metros. Un visor termal permitía disparar de noche, a través del humo y durante períodos de baja visibilidad. Algunos de los M1A2 Abrams habían sido modificados con sistemas de paquetes de realce, que refinaban el sistema de control de fuego y componentes digitales añadidos para comunicaciones y un monitor de mapas computerizado.
    El propósito principal del M2A3 Bradley, un vehículo oruga de combate de in‐fantería, era transportar a los soldados de infantería a la batalla y luego propor‐cionar fuego de apoyo y de cobertura con una selección de armas a bordo. Tenía una dotación de tres y podía transportar a seis soldados de infantería comple‐tamente equipados. Vehículo fiable y capaz durante la Guerra del Golfo Pérsico en 1991, el M2A3 había varias actualizaciones en blindaje, control de fuego y comunicaciones desde esa época. El armamento principal del Bradley IFV era un cañón automático de 25 milímetros montado en la torreta, capaz de disparar proyectiles perforantes de blindaje o de alto explosivo a una candencia de unos 200 proyectiles por minuto. Montada coaxialmente al cañón automático estaba una ametralladora de 7,62 milímetros, y montado en un lateral de la torreta es‐taba un sistema de misiles TOW5 (lanzado por tubo, de seguimiento óptico y guiado por cable) de dos proyectiles. El casco original del Bradley era de alumi‐nio soldado, pero actualizaciones posteriores incluyeron blindaje adicional de acero y previsiones para placas de blindaje reactivo.
    La operación también incluyó seis pequeños batallones del incipiente ejército iraquí y de las fuerzas de seguridad. Estas fuerzas uniformadas estaban arma‐das con fusiles AK‐47 y ametralladoras de fabricación soviética, que eran están‐dares en el antiguo ejército iraquí. Su entrenamiento en operaciones urbanas complejas era rudimentario, por lo que debían de jugar un papel de apoyo, ba‐rriendo y asegurando edificios después de que los norteamericanos hubiesen pasado. Las fuerzas iraquíes eran también ideales para combatir a los insurgen‐tes ocultos en mezquitas, pues se esperaba una amplia hostilidad civil si las fuerzas norteamericanas debían de hacer eso. El uso de las fuerzas iraquíes también serviría para reforzar la percepción de que los iraquíes eran capaces y deseosos de asegurar y hacer funcionar su propio país.

    El Plan de Ataque.

    Originalmente llamada Operación FURIA FANTASMA por los norteamerica‐nos, el ataque sobre Fallujah fue renombrado Operación Al‐Fajr (AMANECER) por el Primer Ministro Iraquí Ayad Allawi. Éste era un medio para el gobierno provisional iraquí para establecer el control sobre la ciudad, reforzar su deca‐dente prestigio y crear suficiente seguridad para mantener las elecciones nacio‐nales programadas para enero de 2005 según lo planeado. Un objetivo secunda‐rio pero muy importante era destruir a la resistencia, matar a tantos insurgentes como fuera posible con una cantidad mínima de bajas para las fuerzas de la Coalición y la población civil. La operación no recibió pleno apoyo dentro del gobierno iraquí y supuso un serio riesgo de alienar a grandes segmentos de la población, particularmente de la secta Sunni.
    El plan táctico era simple. Con el cordón situado, las fuerzas de asalto se reuni‐rían al norte de Fallujah y atacarían hacia el sur dentro de sectores asignados. Rompiendo audazmente con la tradición, los blindados pesados del Ejército Norteamericano encabezarían el asalto en la ciudad con la infantería y los Ma‐rines siguiéndoles estrechamente para proporcionar cobertura y despejar cada edificio. Las fuerzas iraquíes a la cola realizarían búsquedas de insurgentes y de depósitos logísticos y asaltarían mezquitas según se necesitara. Concentrar tal fuerza era difícil de lograrlo inadvertido, por lo que la sorpresa fue lograda con un bombardeo de 12 horas y actividad en el sur para atraer la atención hacia ese sector. Las unidades participantes en la operación debían de ser metódicas en su operación, despejando su zona completamente de insurgentes. Se esperaba un alto nivel de daño colateral, pero las bajas civiles debían de ser evitadas si era posible. Posiciones de bloqueo en torno a la ciudad impedirían la huída de combatientes hostiles. El objetivo inicial era la Línea Fase Fran, Carretera 10, que atravesaba el centro de la ciudad. Una vez que la ciudad fuera asegurada al norte de esa línea, las fuerzas de la Coalición combatirían por la Línea Fase Jena al sur. Una vez que ese objetivo fuera alcanzado, las fuerzas atacantes girarían y atravesarían la ciudad en dirección norte. El ataque fue programado para co‐menzar el 7 de noviembre.
    Durante los meses precedentes, esfuerzos de inteligencia recogieron una gran cantidad de información sobre las fuerzas insurgentes en Fallujah. Utilizando todo recurso concebible, incluyendo Fuerzas Especiales, inteligencia humana, vehículos aéreos no tripulados y satélites, un cuadro claro de la situación se hizo conocido. Casas seguras, depósitos de armas, y las rutinas de líderes claves fueron identificados, así como también un número aproximado de insurgentes activos en la ciudad. Esta información, mapas detallados e imágenes aéreas fue‐ron diseminados hasta el comandante más inferior. Los comandantes y tropas a todos los niveles se sintieron confiados de que conocían dónde estaba el enemi‐
    go y podían planear su operación en detalle. Durante la operación, estos recur‐sos de inteligencia cambiaron rápidamente a la adquisición de blancos y fueron fundamentales en llevar fuego de apoyo efectivo sobre blancos.
    El cuadro de inteligencia en noviembre mostraba que la resistencia había utili‐zado los meses precedentes para convertir Fallujah en una fortaleza. En la ciu‐dad había aproximadamente 3.000 insurgentes, de los cuales alrededor del 20 por ciento eran militantes islámicos extranjeros armados con fusiles AK‐47, RPG‐7 y una gran cantidad de granadas, minas y explosivos. Los atacantes po‐dían esperar una fanática defensa desde cada edificio y hendidura y desde cualquier ángulo. Los temidos explosivos improvisados y trampas estarían co‐locados sin duda. Para el movimiento, los insurgentes habían excavado túneles entre los edificios y utilizaron el sistema de alcantarillado existente. Se creía que en la ciudad estaba el terrorista jordano Abu Musab al‐Zarqawi, un miembro de alto rango de la organización terrorista Al‐Qaeda. Su captura o muerte era de alta prioridad.

    El Asalto.

    La Operación AMANECER comenzó el 7 de noviembre cuando el bombardeo aéreo y artillero planeado comenzó y las fuerzas terrestres rápidamente se mo‐vieron hacia sus posiciones de asalto. A las 19:00 horas, el 36 Batallón de Co‐mandos Iraquí capturó rápidamente el Hospital General de Fallujah, al oeste de la ciudad, mientras que el 3 Batallón de Reconocimiento Ligero Blindado asegu‐ró los dos puentes al sur del hospital. Esta misión logró bloquear las rutas de salida al oeste y aseguró el hospital para usarlo en el tratamiento de las bajas civiles. El asalto terrestre principal estaba ahora preparado para empezar. (Ver Mapa 27).
    Los batallones de Marines y los dos del Ejército comenzaron su asalto a lo largo de un amplio frente a primeras horas del 8 de noviembre. Los blindados pesa‐dos del 2‐7 de Caballería y del 2‐2 de Infantería Mecanizada abrieron el camino hacia la ciudad. Los tanques y vehículos de combate de infantería permanecían cerca de cada lado de la calle cuando era posible para proporcionar cobertura a los vehículos en el otro lado. Soldados desmontados proporcionaban cobertura contra insurgentes intentando emboscar a los vehículos utilizando cantidades copiosas de fuego automático y de francotiradores y limpiando completamente los edificios. A menudo, los soldados de infantería identificaban puntos fuertes para los blindados, los cuales entonces utilizaban munición pesada contra el objetivo. Debido a que los cañones de los tanques tenían una elevación limitada, vehículos blindados eran también situados a la retaguardia para cubrir el avan‐ce, pues su distancia aumentada de los objetivos les permitía disparar más alto que los blindados de la vanguardia. Artillería, morteros y ataques aéreos elimi‐
    naban las bolsas de resistencia más tenaces. Ingenieros y vehículos blindados despejaban los numerosos obstáculos y barricadas. Soldados y Marines entra‐ban generalmente en las casas solamente después de que los tanques penetraran las paredes o que especialistas utilizaran explosivos para crear aperturas. El avance fue firme, casi rápido, mientras los bien entrenados y equipados nor‐teamericanos destrozaban la ciudad. Por la tarde, habían asegurado la estación ferroviaria y habían entrado en los distritos de Dubat y Naziza en el oeste y en los distritos de Askari y Jolan en el este. Un complejo de apartamentos ocupado en el noroeste dominaba la ciudad, y las armas emplazadas allí proporcionaron un excelente fuego de cobertura para las fuerzas asaltantes. Las fuerzas iraquíes se unieron al ataque y realizaron agresivamente sus operaciones. (Ver Mapa 28).
    Los insurgentes fueron claramente abrumados desde el comienzo por la veloci‐dad e impacto de los blindados y la potencia de fuego concentrados. Por ejem‐plo, la resistencia en el Distrito de Jolan, en el lado oeste de Fallujah, se esperaba que fuera particularmente intensa. Los informes de inteligencia indicaron que las unidades de línea más duras estaban situadas allí, y el área consistía en edi‐ficios densamente poblados y estrechas calles. Aunque hubo duro combate, fue menos de lo esperado encontrándose solamente pequeñas bandas de menos de 20 insurgentes cada una que fueron rápidamente destruidas u obligadas a reti‐rarse bajo fuerte fuego. Algunos analistas creyeron que esto era indicativo de que muchos insurgentes eligieron huir de la ciudad cuando tuvieron la oportu‐nidad, o que la operación de engaño en el sur fue exitosa.

    A primeras horas de la mañana del 9 de noviembre, los Marines realizaron un paso de líneas a través de los sectores del 2‐7 de Caballería y del 2‐2 de Infante‐ría Mecanizada, colocando a los blindados a la retaguardia del avance pero preparados para responder cuando fuera necesario. Los tanques de los Marines permanecieron cerca detrás de los fusileros en avance para proporcionar apoyo de fuego directo. El combate fue tan intenso, que los tanques y vehículos de combate de infantería no pudieron responder a todas las llamadas de asistencia. En esos casos, los fusileros de los Marines tenían que confiar en sus sistemas orgánicos, tales como el cohete antitanque AT‐5, fuegos indirectos, o ataques aéreos. Sin embargo, en un punto los ataques aéreos y la artillería fueron dete‐nidos. Demasiadas tropas estaban comprometidas en la ciudad densamente poblada por lo que una pausa fue necesaria para determinar precisamente las posiciones amigas para impedir el fuego amigo. Al final del día, las fuerzas del Ejército y de los Marines estaban profundamente en Fallujah. Las mayores ga‐nancias fueron en la parte noreste de la ciudad, donde el 2‐2 de Infantería Me‐canizada alcanzó la Línea Fase Fran, cortando así la carretera, bloqueando una ruta de escape insurgente y asegurando una ruta de suministro más corta para las fuerzas de la Coalición.
    Los fuertes combates continuaron el 10 de noviembre y destacó la captura de dos grandes mezquitas por fuerzas iraquíes. Cada una de ellas había sido utili‐zada como puestos de mando, depósitos de suministros, almacenes de muni‐ciones e improvisadas fábricas de dispositivos explosivos por los insurgentes. También habían sido casas seguras y fortalezas insurgentes desde las cuales atacar a las fuerzas de la Coalición. Las fuerzas iraquíes encontraron restos de uniformes negros y máscaras usados con regularidad por la resistencia, así co‐mo también banderas de la insurgencia y vídeos de las ejecuciones de rehenes extranjeros. Además, muchas armas y grandes cantidades de municiones y su‐ministros fueron descubiertas. Al final del día, los norteamericanos podían re‐clamar que alrededor de la mitad de Fallujah estaba tomada, incluyendo mu‐chos edificios claves civiles y militares. Las operaciones de limpieza continua‐ron en cada zona y el distrito de Jolan fue entregado a los iraquíes. El combate por resto de la ciudad quedaba por delante.

    El 11 de noviembre, la estrategia de atacar y limpiar por zona había arrojado a la mayoría de las fuerzas insurgentes a la parte sur de la ciudad. Las fuerzas de la Coalición detuvieron el avance brevemente para consolidarse y reabastecerse, pero las operaciones de limpieza continuaron. Al final del día, la ofensiva con‐tinuó a través de la Línea Fase Fran con los blindados del 2‐7 de Caballería y del 2‐2 de Infantería de nuevo en cabeza. El asalto fue una repetición de los días previos. El pleno control de Fallujah se esperaba en 48 horas con una semana adicional o poco más para despejar completamente la ciudad. El 11 de noviem‐bre, al menos 18 soldados norteamericanos y 5 iraquíes habían muerto y alre‐dedor de 164 fueron heridos. Aproximadamente 600 insurgentes fueron muer‐tos. (Ver Mapa 29).
    El intenso combate callejero continuó durante tres días más hasta que las fuer‐zas de la Coalición alcanzaron la Línea Fase Jena en el sur. Alrededor de 300 insurgentes se rindieron, muchos de ellos habiendo sido rodeados en una mez‐quita. Miles de AK‐47, RPG, proyectiles de morteros y dispositivos explosivos improvisados fueron encontrados en casas y mezquitas. Había todavía temor de que células durmientes surgieran una vez que el asalto hubiese dejado atrás un área.
    Cuando las fuerzas de la Coalición alcanzaron la Línea Fase Jena el 15 de no‐viembre, giraron y comenzaron a limpiar de nuevo los edificios según avanza‐
    ban hacia el norte. Los batallones del Ejército y de los Marines se dividieron en elementos de tamaño compañía, pelotón y escuadra para buscar concienzuda‐mente insurgentes y depósitos ocultos. El progreso fue metódico con una gran preocupación por las trampas dejadas por las bandas errantes de la resistencia. Los esfuerzos no fueron en vano pues armas y explosivos adicionales fueron encontrados. El 16 de noviembre, la ciudad de Fallujah fue decretada segura por las fuerzas de la Coalición, aunque las operaciones de búsqueda y barrido continuaron durante varias semanas. (Ver Mapa 30).

    La Operación AMANECER provocó la muerte de 38 soldados norteamericanos, 6 soldados iraquíes y entre 1.200 y 2.000 insurgentes. Tres de las bajas nortea‐mericanas fueron por heridas no relacionadas con la batalla. Al menos 275 nor‐teamericanos fueron heridos. Entre 1.000 y 1.500 insurgentes fueron capturados.
    El Polvo se Asienta.
    La operación destruyó gran parte de la ciudad. Muchos informes indican que alrededor del 60% de los edificios de Fallujah fueron daños, el 20% fueron des‐truidos en su totalidad, y 60 de las mezquitas fueron gravemente dañadas. En respuesta a la operación y al daño, la minoría Sunni en Irak se enfureció. La ac‐tividad insurgente surgió a través del país y las demostraciones se extendieron. La participación Sunni fue ciertamente baja en las elecciones de enero, pero és‐
    tas fueron mantenidas. Sin embargo, en las elecciones posteriores en junio y diciembre de 2005 se vio una aumentada participación Sunni.
    El gobierno iraquí envió equipos médicos y de reconstrucción al área con 14 camiones cargados con suministros médicos y artículos humanitarios. Incapaces de entrar en la ciudad debido a las operaciones militares, fueron dirigidos a los pueblos que rodeaban Fallujah donde decenas de miles de civiles desplazados había huido para escapar del conflicto. Mientras tanto, las fuerzas iraquíes y norteamericanas trataban de encontrar a los civiles con necesidad de cuidados médicos utilizando altavoces, octavillas y de palabra. El Hospital General de Fallujah estaba disponible y preparado para su uso.
    A los residentes de Fallujah se les permitió regresar a mediados de diciembre y el lento proceso de reconstrucción comenzó. Permaneció como un enclave de la resistencia, pero su fuerza fue grandemente debilitada y la Operación AMA‐NECER sirvió como ejemplo para las ciudades en abierto desafío al gobierno iraquí.

    En Retrospectiva.

    En noviembre de 2004, las fuerzas armadas norteamericanas eran altamente eficientes en las tácticas y técnicas del combate urbano. Muchos, si no la mayo‐ría, de los oficiales y de las tropas eran veteranos de la Guerra de Irak de 2003 y la posterior ocupación del país. El Ejército y los Marines Norteamericanos habí‐an establecido doctrinas de operaciones urbanas, que aplicaron y modificaron para enfrentarse a la situación. Los soldados y los Marines tenían estilos indivi‐duales. Las tropas del Ejército se inclinaban a ser más metódicas en tácticas pero liberales en el uso de las armas pesadas, y los Marines, por tradición, tendían a confiar en el impacto y la audacia de sus ataques en pequeñas unidades y de‐mandaban apoyo pesado solamente después de que un ataque se encallara. Sin embargo, ambos servicios superaron la fricción organizativa y trabajaron bien juntos hacia un objetivo común.

    La munición pesada arrojada por la aviación y la artillería fue utilizada efecti‐vamente como una barrera rodante para cubrir el movimiento de las fuerzas terrestres y para arrasar puntos fuertes insurgentes. Los edificios claves y las mezquitas fueron perdonados cuando fue posible, pero eran atacados agresi‐vamente cuando los insurgentes utilizaban estas estructuras en sus operaciones. Las municiones de precisión y las excelentes comunicaciones aseguraron fuegos rápidos, certeros y mortales.
    Considerando las complejidades de la situación, el apoyo de inteligencia para la Operación AMANECER fue excelente. Utilizando las semanas y meses anterio‐res para mayor efecto, las diversas agencias y plataformas de inteligencia pu‐dieron trazar un cuadro certero de la situación y diseminar esa información has‐ta los escalones más bajos. Cuando la batalla comenzó, estos recursos rápida‐mente se dirigieron a adquirir objetivos y evaluar las capacidades e intenciones de los insurgentes.
    Las fuerzas iraquíes probaron ser capaces de cooperar dentro de la coalición para esta operación. Aunque jugaron un papel limitado, atacaron objetivos cla‐ves, como mezquitas, evitando así la amplia consternación si una unidad nor‐teamericana hubiera hecho eso. Las unidades ligeras iraquíes combatieron efec‐tivamente dentro de sus capacidades.
    Si los insurgentes estaban esperando una réplica de la debacle rusa en Grozny en 1994, fueron decepcionados. La estrategia de “defensa indefensa” utilizada tan efectivamente allí no funcionó en Fallujah. Las fuerzas norteamericanas e iraquíes fueron exitosas en contrarrestar esta táctica al no precipitarse hacia el centro de la ciudad para ser rodeadas y eliminadas poco a poco. En lugar de ello, limpiaron y aseguraron cada edificio y las rutas de acceso antes de mover‐se a la siguiente. Adicionalmente, algunas fuerzas norteamericanas e iraquíes permanecieron detrás del avance para evitar que los insurgentes volvieran a ocupar áreas previamente despejadas. El establecimiento de zonas despejadas de operación y excelentes comunicaciones facilitó esto.
    Un elemento clave en el éxito de la coalición en Fallujah fue la aplicación de los blindados norteamericanos, concretamente el tanque M1A2 Abrams. El Abrams era capaz de absorber un enorme castigo y continuar operando. En muchos ca‐sos, estos tanques recibieron múltiples impactos de RPG‐7, que fracasaron en operar el pesado blindaje; incluso grandes explosivos improvisados fracasaron en destruir tanques. Aunque el número real no es actualmente conocido al pú‐blico, los informes de la prensa contemporánea muestran que solamente dos tanques Abrams fueron destruidos durante esta encarnizada batalla. Las tácti‐cas utilizadas por los norteamericanos compensaron la inherente debilidad del diseño de los tanques en las ciudades. Operando en parejas, los tanques se cu‐brían el uno al otro permaneciendo a corta distancia detrás para prestar apoyo. Lo mismo puede decirse de los vehículos Bradley, aunque su blindaje era mu‐cho menos capaz. Los Marines habían dispersado sus tanques para proporcio‐nar apoyo directo a los fusileros, y esta táctica consagrada funcionó para des‐truir sistemáticamente peligrosas posiciones enemigas. Contrariamente, los ba‐tallones del Ejército asignados a la operación utilizaron un enfoque diferente. Así, encabezaban su asalto con los blindados pesados, que arrasaban la ciudad y trastornaban las defensas enemigas. Esto permitió el rápido avance de la in‐fantería y la limpieza de sus zonas y aseguró una veloz victoria.
    La batalla por Fallujah fue una asombrosa victoria con una tasa de bajas históri‐camente baja para un combate urbano de este tamaño. Reafirmó las capacidades de los blindados pesados en las ciudades

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    PUENTE PEGASUS 5

    DÍA D: DE LAS 12.00 A LAS 24.00 HORAS

    Al mediodía, el sargento Thornton estaba sentado en una trinchera. No se sentía demasiado bien. Estaba tremendamente cansado, por supuesto, pero lo que realmente le preocupaba era la situación en la que se encontraban. «Llevábamos allí desde las doce y veinte de la noche anterior, y cuanto más tiempo pasaba allí, Jerry acumulaba más tropas y material. Estábamos encerrados en una especie de pequeño círculo y las cosas se estaban poniendo cada vez más difíciles. Cuanto más tiempo pasas sentado, más piensas. Algunos de los muchachos decían: "Ah, no creo que vuelva a ver el cielo de Inglaterra nunca más", o el cielo de Escocia o el cielo de Gales o el cielo de Irlanda.» Wally Parr recuerda: «El agotamiento iba en aumento. Percibíamos un creciente movimiento en las proximidades y sabíamos que no tardaríamos mucho en trabar combate».

    En Bénouville y Le Port, el 7." Batallón mantenía el control de su sector, aunque a duras penas. El comandante Taylor había sobrevivido a los bombardeos de la noche. También había sobrevivido, poco después del amanecer, a la imagen de media docena de prostitutas, gritando, saludando con la mano y mandando besos a sus soldados desde la ventana de la habitación que el soldado Bonck había desocupado seis horas antes. Al mediodía, la acción se había animado considerablemente y Taylor no sólo tenía que hacer frente a infantería y vehículos autopropulsados, sino también a tanques.

    «Cuando el primer tanque dobló la esquina lentamente —recuerda Taylor—, le dije al hombre que tenía el Piat: "Espera, espera". Luego, cuando estaba a aproximadamente treinta y cinco metros dije: "¡Dispara!". Él apretó el gatillo, se oyó un simple clic, se dio la vuelta, me miró y dijo: "Está roto, señor".»

    Un cabo, al ver la situación, salió de un salto de su trinchera y fue corriendo hacia el tanque, disparando desde la cadera con su Sten. Cuando llegó al tanque, le pegó una granada Gammon y salió corriendo. El blindado saltó por los aires, quedó atravesado en la calle y la bloqueó.

    Taylor, para entonces, tenía una herida abierta en el muslo. Consiguió situarse en la ventana de un segundo piso desde donde siguió dirigiendo la batalla. En determinado momento, recuerda Richard Todd, «podíamos escuchar la voz de Nigel animando a los muchachos. Con la pierna casi destrozada y tumbado boca arriba en la ventana de una casa seguía animando a los muchachos». Estaban incomunicados ya que las radios y los teléfonos de campaña se habían perdido en la caída. Taylor envió un mensajero a Pine Coffin para informar que solamente le quedaban treinta hombres, la mayoría de ellos heridos, y le preguntaba si podía hacer algo para enviarle ayuda. Fue entonces cuando Pine Coffin le dijo a Howard que enviara un pelotón de la Compañía D a Bénouville.

    Hasta entonces no se habían producido ataques acorazados alemanes en toda regla, Von Luck seguía esperando órdenes en su zona de reunión, lo cual fue una suerte para los paracaidistas, puesto que únicamente contaban con los Piat y las granadas Gammon para enfrentarse a los tanques. Pero los panzers podían aparecer en cualquier momento, llegando a Bénouville desde Caen, o a Le Port desde la costa.

    Los tanques tenían sus propios problemas. Poco después del mediodía, Von Luck recibió sus órdenes. Tal como temía, sus columnas de tropas fueron vistas al momento, e inmediatamente bombardeadas. Durante las siguientes dos horas, su regimiento fue severamente atacado. Al oeste del Orne, el otro regimiento de la 21ra División Panzer también entró en acción; una parte llegó casi hasta la playa de Sword, mientras que uno de los batallones se puso en marcha para atacar Bénouville.

    En Le Port, Todd estaba tratando de desalojar a un francotirador de la torre de la iglesia. Había un terreno abierto alrededor de ésta, cuenta Todd, «de modo que no había manera de atacar por sorpresa, y de todas formas contábamos con muy pocos hombres en ese momento. Así que el cabo Killean, un joven irlandés, se ofreció como voluntario para intentar ver si podía llegar hasta allí con su Piat. Avanzó por el interior de las casas próximas, haciendo agujeros para pasar de una a otra hasta llegar a la última. Salió de ésta corriendo, colocó su Piat debajo de un seto, lanzó un proyectil, y le dio justo al agujero que quería en la torre de la iglesia. Lanzó dos más. Después de un rato, se dio cuenta de que ciertamente había matado al francotirador».

    Killean se precipitó hacia la iglesia. Pero antes de entrar, se quitó el casco y dijo: «Lamento ver lo que le he hecho a esta pequeña casa de Dios», y se santiguó.

    El comandante Taylor no paraba de mirar su .reloj. Se suponía que el relevo tenía que llegar al mediodía desde las playas de la mano de los Comandos. Ya eran las 13.00 horas y no había ni rastro de ellos. «Fue una espera muy larga —recuerda Taylor—. Sé lo del día más largo y todo eso, desde luego éste realmente fue un día tremendamente largo.» En su puesto de mando, que había trasladado al fortín de las ametralladoras después de pedirle a Bailey que limpiara el lío que había dejado, Howard también miraba la hora una y otra vez, preguntándose dónde estaban los Comandos.

    En Oxford, Joy Howard se levantó poco después del amanecer. Estaba tan ocupada alimentando, bañando y cambiando los pañales de los pequeños que no encendió la radio. Alrededor de las 10 de la mañana, sus vecinos, los Johnson, llamaron a su puerta y le dijeron que la invasión había comenzado. «Sabemos que el comandante Howard está allí en alguna parte», le dijeron, e insistieron en que Joy y los niños fueran a comer con ellos para celebrarlo. Pasaron las sillitas de los bebés por encima de la valla y obsequiaron a Joy con un par de faisanes, un regalo de unos amigos que vivían en el campo, y una botella de vino añejo que habían estado reservando justamente para esa ocasión.

    Joy no podía dejar de pensar en las últimas palabras de John: cuando escuchara que la invasión había comenzado sabría que él ya habría cumplido con su trabajo. De poco consuelo le servían ahora esas palabras, porque se dio cuenta de que, por lo que ella sabía, a esas horas bien podía ser viuda. Hizo lo posible por apartar esos pensamientos de su mente, y disfrutar de la comida. Pasó la tarde haciendo sus tareas domésticas, pero con la atención concentrada en la radio. No escuchó que nadie mencionara el nombre de John, pero sí escuchó hablar de los descensos de paracaidistas en el flanco este, y asumió que John debía formar parte de aquello.

    Ahora, los panzers de Von Luck avanzaban como podían bajo el constante bombardeo de la Marina y de la RAF. El mayor Becker, el genio de los vehículos que había puesto en pie la extraordinaria fuerza de vehículos autopropulsados del 125.° Regimiento de Von Luck, estaba al mando del grupo de combate que estaba atacando Bénouville. Tenía a sus Moaning Minnies disparando tan rápido como podía recargarlas.

    A las 13.00 horas, los hombres en el puente y los que estaban en Bénouville y Le Port comenzaron a flaquear, como los colonos, refugiados tras las carretas puestas en círculo, frente al ataque de los indios en el Oeste americano, y cuya única esperanza pasaba por rezar para que apareciera la Caballería. Tenían municiones suficientes para rechazar ataques de tanteo, pero no podían resistir un ataque en toda regla, no solos.

    Tod Sweeney, sentado junto a Fox, estaba considerando la situación con mucho pesimismo. De repente le dio un codazo a Fox. «Escucha —le dijo—. Dermis, oigo gaitas.»

    Fox se burló: «Oh, no seas estúpido, Tod, estamos en el medio de Francia; no puedes oír gaitas».

    El sargento Thornton, en su trinchera, les dijo a sus hombres que escucharan, que oía gaitas. «Venga, hombre —le contestaron—, ¿de qué estás hablando? Te has vuelto loco.» Thornton insistió en que escucharan.

    Howard, en su puesto de mando, escuchaba atentamente. En Tarrent Rushton, él, Pine Coffin y el jefe de los Comandos, el legendario Lord Lovat, habían acordado las señales de reconocimiento para cuando se encontraran en Normandía. Lovat, que llegaría por mar, haría sonar sus gaitas cuando estuviera cerca del puente, para indicar que se acercaba. El corneta de Pine Coffin tocaría una única llamada, indicando que la carretera estaba despejada, y otra si estaba siendo disputada.

    El sonido de la gaita se hizo inconfundible; el corneta de Pine Coffin respondió indicando que se estaba combatiendo en los alrededores de los puentes. El primero en ser visto fue el gaitero de Lovat, Bill Millin, y luego el propio Lovat. Fue una imagen digna de ser recordada. Millin avanzaba junto a Lovat, llevando su enorme gaita y su boina. Lovat llevaba puesta su boina verde y un jersey blanco y, en la mano, un bastón, «y andaba a zancadas —recuerda Howard—, como si estuviera paseándose por Escocia».

    Llegaron los Comandos, y con ellos un tanque Churchill. Se había establecido contacto con la cabeza de playa. Para los hombres de la Compañía D, era como la llegada de la Caballería. «Todo el mundo tiraba sus fusiles —recuerda el sargento Thornton— y se besaba y se abrazaba. Vi hombres con lágrimas cayendo por sus mejillas. En serio. Probablemente yo estaba igual. Por Dios, nunca olvidaré esas celebraciones.»

    Cuando Georges Gondrée vio llegar a Lovat, cogió una bandeja, un par de copas y una botella de champagne, luego salió disparado de su café, gritando y llorando. Alcanzó a Lovat, que estaba casi al otro lado del puente, y con un gesto grandilocuente le ofreció champagne. Lovat respondió: «No, gracias», con un simple gesto y siguió marchando.

    Aquella imagen fue demasiado para Wally Parr. Corrió hasta donde estaba Gondrée, asintiendo vigorosamente con la cabeza y diciendo: «Oui, oui, oui». Gondrée, encantado, le sirvió. «Oh, Dios mío —dice Parr, recordando la ocasión—, ese champagne sí que era bueno.»

    Lovat se encontró con Howard en el extremo este del puente. El gaitero Millin iba justo detrás de él. «John —le dijo Lovat cuando estrecharon sus manos—, estamos haciendo historia.» Howard le informó acerca de la situación, explicándole a Lovat que una vez que consiguió que sus tropas tomaran el puente, luego todo fue coser y cantar. Pero Howard le advirtió: «Ten cuidado cuando cruces el puente». No obstante Lovat intentó hacer que sus hombres lo cruzaran marchando. Como consecuencia, hubo casi una docena de bajas. El doctor Vaughan, cuando los atendió, se dio cuenta que la mayoría de ellos, que lucían su característica boina, habían sido alcanzados en la cabeza y habían muerto en el acto. Los comandos que venían detrás se pusieron sus cascos para cruzar el puente.

    El último de los comandos en pasar le entregó a Howard un par de soldados alemanes en estado de shock, que iban en ropa interior. Habían salido corriendo cuando la Compañía D había asaltado el puente y después se habían escondido en un seto junto al camino de sirga del canal. Cuando vieron llegar a los Comandos desde la costa decidieron que era hora de entregarse. El soldado que se los entregó a Howard le dijo con una amplia sonrisa: «Aquí tiene, señor, ¡un par de soldados de la División Calzoncillos!».

    Algunos de los tanques que llegaban desde las playas entraron en Bénouville, donde establecieron una sólida línea defensiva. La mayoría de ellos cruzaron el puente para ir a Ranville y hacia el este, para reforzar a la 6.a División Aerotransportada en su lucha contra la 21 .a División Panzer.

    Los alemanes intentaron contraatacar, subiendo por el canal. Sobre las 15.00 horas, llegó desde Caen una cañonera, cargada con tropas. Bailey fue el primero en verla y alertó a Parr, Gray y Gardner. Tuvieron una acalorada discusión acerca del alcance.

    Cuando dispararon, les faltaron casi treinta metros. La lancha comenzó a girar. Cuando había dado más o menos media vuelta, volvieron a disparar y le alcanzaron en la popa. La lancha se re¬tiró camino de Caen, renqueando y dejando un rastro de humo.

    A partir de media tarde, la situación alrededor del puente se estabilizó. El 8.° Batallón Pesado de Granaderos y el grupo de combate del mayor Becker habían luchado enconadamente. Pero, como lo admite Kortenhaus: «Fracasamos ante la sólida resistencia. Perdimos trece tanques (de un total de diecisiete)». Los alemanes siguieron disparando y bombardeando con sus Moaning Minutes, pero ya no atacaban con la misma intensidad.

    «Fue una tarde preciosa», recuerda Bigel Taylor. A eso de las 18.00 horas, cuando estuvo seguro de que su posición en Bénouville era segura, hizo que lo llevaran hasta el café Gondrée para poder ser atendido en el puesto de primeros auxilios. Una vez que tuvo vendadas las heridas de su pierna, salió cojeando y se sentó en una mesa al lado de la puerta principal. «Y Georges Gondrée me trajo una copa de champagne, que de hecho fue muy bienvenida después de semejante día, créame. Más tarde, justo antes de oscurecer, llegó una impresionante oleada de aviones británicos, arrastrando cientos de planeadores y lanzando soldados y suministros en nuestro lado del canal. Fue una imagen maravillosa, realmente lo fue. Todas aquellas cosas cayendo, y en tan sólo algunos minutos, empezaron a llegar todos estos muchachos en jeeps, remolcando cañones antitanque y sólo Dios sabe qué más, bajando por la carretera que cruzaba Le Port, camino del puente.»

    Taylor le dio un sorbo a su champagne y se sintió bien. «Y en ese momento, recuerdo que pensé: "¡Dios mío, lo hemos conseguido!".»

    En los planeadores venían los hombres de la Brigada de Desembarco Aéreo del general de brigada Kindersley, la unidad a la que pertenecía la Compañía D. Las compañías, con su equipo pesado, comenzaron a cruzar el puente, hacia Ranville y más allá de Escoville, donde tenían pensado atacar esa misma noche o a la mañana siguiente. Cuando los Ox and Bucks pasaron marchando, Parr, Gray y los otros gritaron: «¿Dónde demonios estabais?», «¡La guerra ha acabado!» y «Habéis llegado un poco tarde, muchachos», y otras tonterías similares.

    Las órdenes de Howard consistían en entregar la posición a un batallón procedente de las playas, cuando éste apareciera, y luego reunirse con los Ox and Bucks en Escoville o cerca de allí. Alrededor de la medianoche, llegó el Regimiento de Warwickshire. Howard informó al comandante. Parr le entregó su cañón antitanque a un sargento, mostrándole cómo utilizarlo. («Para entonces, yo ya era un verdadero experto en artillería alemana», bromea Parr.)

    Howard les dijo a sus hombres que cargaran su equipo. Alguien encontró una carreta, sin caballo. La carreta era una cosa grande y aparatosa, pero los hombres tenían mucho que cargar. Todos sus equipos, más los equipos alemanes que habían recogido (cada soldado que pudo cambió su Enfield por una Schmeisser o su Bren por una MG 34), llenaron la carreta.

    La Compañía D se puso en camino, dirigiéndose hacia el este, hacia el puente del río y en dirección a Ranville. Howard ya no estaba bajo el mando de Pine Coffin y Poett; volvió a su cadena habitual de mando y a partir de entonces reportó al coronel de su batallón, Mike Roberts. Había cumplido con sus órdenes y casi exactamente veinticuatro horas después de que sus hombres asaltaran el puente, entregaba sus objetivos intactos y asegurados.

    A Jack Bailey le costó mucho irse. «Verás —explica—, habíamos estado allí un día y una noche enteros. Sentíamos como si ese trozo de territorio fuera nuestro.»

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