LA TÁCTICA A FINES DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

Alemania

Después de más de cuatro años de guerra el ejército alemán era
sólo un reflejo de las legiones de las épocas de victoria. Ya no estaba
integrado sólo por germanos sino que en sus filas se mezclaban las
ciudadanías de casi toda Europa. Voluntarios auxiliares, ex prisioneros
de guerra soviéticos, etnias germanos parlantes integraban ahora la
máquina militar de Hitler. En las playas de Normandía muchos defensores
de primera línea integraban los batallones voluntarios del
este.
Pero no sólo los soldados que vestían el uniforme alemán se diferenciaban
por su lugar de nacimiento de las tropas de 1940, también
su edad era diferente. Hacia septiembre de 1944 se crearon las
Volksgrenadierdivisionen, las divisiones de granaderos del pueblo
integradas básicamente con jóvenes de 16 y 17 años y personal de la
Luftwaffe y de Kriegsmarine que carecían de aviones y barcos. Aun

que en combate las nuevas y viejas divisiones se demostraron capaces
y combativas, esto se debió no sólo a un necesario endurecimiento de
la disciplina sino principalmente a la presencia de una alta moral aún
en las peores circunstancias. El estilo alemán de conducción de fuerte
interacción entre alemanes y soldados ayudó a mantener firme el
espíritu de cuerpo y la camaradería, con el resultado colateral de tener
un nivel de deserción menor al 0,8%.
El entrenamiento de los soldados alemanes tenía una fuerte carga
de tiempo de instrucción sobre el terreno privilegiando estas prácticas
sobre las de orden cerrado, criterio este inverso al practicado por ingleses
y canadienses. En aliento de la mejora profesional constante
los soldados que demostraban mayor valor y competencia recibían el
reconocimiento de sus pares y del ejército a través de una variada
gama de insignias y condecoraciones, que además reforzaban la moral
de las tropas.
Cada integrante de la Wehrmacht recibía un entrenamiento básico
de infantería lo que le permitía, sin importar su lugar de servicio
participar de inmediato en el combate. Esto le daba al ejército alemán
una gran flexibilidad que apoyada por el siempre presente aliento a la
iniciativa permitía incluso a los cuadros reemplazar de inmediato a los
superiores caídos en combate. Esta versatilidad le permitía al ejército
alemán el continuo empleo de tácticas de infiltración en pequeños
grupos que operaban en la retaguardia del adversario.
La disponibilidad de tropas de infantería era mayor que en los
ejércitos aliados. Mientras que las divisiones blindadas americanas o
inglesas contaban con 3.000 infantes, sus pares alemanas disponían de
5.000 y las de la Waffen SS poseían 7.000.
La infantería alemana conservaba el estilo de operar sobre la base
de la maniobra. Esta forma particular de operar consiste en realizar
todas las actividades necesarias para colocar a la propia fuerza en la
posición más ventajosa. Durante el asalto las tropas alemanas estaban
entrenadas para ejecutarlo gritando durante toda su realización a efectos
de desconcertar a enemigo en cuanto al volumen de la fuerza
atacante y además servía para embravecer a la tropa.
De sus luchas en Rusia los alemanes incorporaron el uso de francotiradores,
los que se convirtieron en el terror de las tripulaciones de
tanques y de los oficiales aliados, al punto que en mucho documentos
se los menciona como soldados enemigos aislados y no como francotiradores.
Aprovechando sus armas pesadas, ametralladoras y morteros, la
infantería alemana tuvo un gran éxito en la contención de los ejércitos

aliados hasta 1945. Debido a la escasez de vehículos y combustible
los Volksgrenadier se volvieron una fuerza móvil cargando sobre sí
todos los equipos necesarios, básicamente el fusil de asalto y las armas
antitanque. Asimismo resultaban potentes adversarios en la defensa,
como lo muestra el combate del 19 de septiembre de 1944 en
que una compañía del RIParac 505 norteamericana, apoyada por taques
ingleses, no pudo tomar el puente ferroviario de Nimega defendido
solamente por personal de la Luftwaffe, soldados
convalecientes, los guardabarreras y algunos infantes. Del mismo
modo las unidades calificadas como integradas por soldados enfermos
con problemas gástricos en muchos casos ofrecían una resistencia
mucho más que simbólica y combatían efectivamente.
La infantería alemana recibió una nueva organización en 1944
que aunque no alcanzó a todas las unidades de alguna manera fue
aprovechada. Las compañías debían integrarse con dos secciones de
asalto o Sturmzüge y una tercera regular. Cada sección de asalto se
componía de dos grupos de 14 hombres equipados con el fusil de
asalto Sturmgewehr 44 y un grupo de apoyo con dos MG42. La compañía
integrada por 112 soldados contaba además con 5 francotiradores.
Esta estructura pretendía hacer más ágiles y móviles a las
compañías e incrementar su potencia de fuego. Los batallones de
infantería contaban orgánicamente con cañones de 74mm como apoyo
artillero.
Las tropas volksgrenadier contaban a nivel de regimiento con una
compañía de asalto integrada por soldados seleccionados por su experiencia
y capacidad. En todos los regimientos de infantería se desplegaba
una compañía antitanque con 36 Panzerschreck. En las tropas
panzaergrenadier la dotación teórica de estas armas era de a tres por
sección.
Las fuerzas blindadas alemanas debieron adaptarse a los combates
de 1944 en los que la superioridad aliada en medios resultaba
abrumadora. Especialmente dominio aliado del espacio aéreo resintió
las operaciones panzer. Los desplazamientos de unidades blindadas
se debieron restringir a las horas sin luz pero esto no siempre resultaba
posible; durante la campaña de Normandía las noches eran cortas y
el movimiento sin luz era más lento por lo que se hicieron igualmente
traslados de día soportando graves pérdidas.100 En ambos casos sí se
mantenía la precaución de ejecutar los movimientos en pequeños

grupos y manteniendo distancias de seguridad entre ellos. Asimismo
se tomaban otros reparos, no se permitía vivaquear a las tropas blindadas
en los pueblos que ofrecían una referencia a los ataques aéreos;
también se restringía el uso de la radio sólo al combate para evitar las
escuchas aliadas que pudieran detectar la posición de las tropas panzer.
En combate los blindados alemanes, siempre acompañados de
sus panzergrenadier, actuaban en pequeños grupos combinados aprovechando
el camuflaje y las oportunidades del terreno para emboscar
a sus enemigos. Estas tácticas dieron buenos resultados frente a la
inmensa superioridad aliada, registrándose diferencias de un tanque
germano contra cuatro aliados en las pérdidas de combate. Sin embargo
el costo era aún muy elevado, las divisiones blindadas teutonas
salieron de Normandía casi deshechas.
Entre los problemas mayores de los tanques se encontraba el del
combustible. En la lucha no sólo se perdían vehículos de combate
sino que también irremplazables camiones de abastecimiento lo que
dificultaba mantener en servicio a los blindados, registrándose casos
en que debieron combatir inmóviles contra los aliados o destruir unidades
nuevas por falta de carburante. Para fines de 1944 se llegó a
emplear vehículos hipomóviles en las columnas de abastecimiento
para ahorrar combustible.
La fricción de la guerra deterioró a todo el ejército alemán. Aunque
conservaba una moral alta y una táctica refinada, las bajas de
personal experimentado eran irreparables. En un vano intento por
compensar esta debilidad entre las tropas blindadas se entregaron los
mejores y más nuevos vehículos Panther a las tropas bisoñas, mientras
que los veteranos debían combatir en los viejos PzKpfw IV.
El apoyo de fuego alemán tenía la ventaja en sus equipos livianos.
Cada batallón contaba con seis morteros de 81mm y cuatro de
120mm. Por encima de estas piezas se encontraban los cañones de
75mm y los de 150mm ambos de poca maniobrabilidad y movilidad
en el terreno. Junto a ellos se disponían los lanza cohetes Nebelwefers,
que actuaban por tiro de saturación y eran muy efectivos, pero
resultaban fácilmente detectables. Para 1944 la mayoría de estas piezas
tenían aptitud para ser motorizadas y en las divisiones mecanizadas
se empleaban modelos autopropulsados, sin embargo en
Normandía la mitad de las baterías eran hipomóviles y, al avanzar las
hostilidades, ese porcentaje aumentaría.

Inglaterra

Pese a los años de guerra transcurridos y la experiencia adquirida
las tropas inglesas seguían utilizando el manual de infantería de 1937.
Esto resultaba particularmente dañino para la eficacia de la fuerza en
especial debido a la costumbre británica de apegarse rígidamente a
las normas reglamentarias, aún en combate.
Esta inflexibilidad poseía sus virtudes. Al aplicarse metódicamente
las prescripciones reglamentarias los soldados obedecían casi por
reflejo a sus superiores sin hesitar, logrando focalizar el esfuerzo exclusivamente
en vencer al enemigo. Esta forma de actuar donde lo
que se le pide a los hombres es alcanzar un objetivo determinando al
mismo tiempo los medios y modos de hacerlo, excluye la iniciativa
del sistema de mando inglés y privilegia entonces el empleo de la
fuerza bruta para la obtención de un resultado a través de un método
prescriptivo. Esas órdenes pretendían la ejecución de operaciones
surgidas como recetas del manual, lo que restaba toda capacidad de
flexibilidad y adaptación a la situación real de combate.
En correspondencia con esta manera de actuar las operaciones inglesas
aparecen exitosas en tanto disponen de suficiente volumen de
medios para alcanzar el resultado. Esta reunión de medios y métodos
rígidos se hace muy notable especialmente en la conducción del
Mscal Bernard Montgomery quien reunía ambos perfiles bajo un
mando estrictamente centralizado. Tal vez la mayor virtud de Montgomery
haya estado precisamente en la preparación de sus batallas
donde la determinación de los métodos y la acumulación de material
resultan cruciales.
El empleo de una táctica antigua hizo subsistir en el ejército inglés
la ausencia de cooperación entre la infantería y los blindados. La
falta de acción conjunta era paleada y reemplazada por un poderoso
apoyo de fuego artillero, el que igualmente no alcanzaba a impedir
que la mayoría de las acciones emprendidas por los ingleses fuesen
operaciones de asalto frontal sostenidas por la superioridad material
contra el enemigo.
En el ejército inglés la pertenencia a un regimiento y sus tradiciones
es muy fuerte, la mayoría de los integrantes de un cuerpo desarrollan
toda su carrera sirviendo en él. Aunque debemos asignar a
esta idiosincrasia un importante aporte a la moral y espíritu de cuerpo,
no podemos desconocer que también ha generado competencias y

actitudes gregarias que no facilitaron la realización de acciones conjuntas.
Cuando el ejército inglés entró en el Segunda Guerra Mundial se
trataba de una fuerza profesional que debió incrementar prontamente
su número para actuar en los diversos teatros de guerra. Esto hizo que
se introdujeran muchos oficiales jóvenes que carecían de experiencia
militar, situación que persistió hasta el final de la guerra empujada
por la pérdida de oficiales en combate. Esta falta de experiencia en
los oficiales jóvenes no podía ser paleada con la presencia de suboficiales
expertos debido a que en el ejército inglés la relación entre
ellos y los oficiales no era buena y ocupaban la misma posición que el
soldado. Es probablemente debido a esta pobre relación a que la
unidad táctica inglesa sea la sección y no el grupo de combate.
Las tropas blindadas inglesas estaban divididas en dos categorías
los tanques de infantería reunidos en las Brigadas de Tanques del
Ejército y los tanques de combate reunidos en las divisiones blindadas;
esta división en la práctica no funcionaba estrictamente y las
unidades blindadas terminaron cumpliendo propósitos múltiples.
La mala cooperación entre tanques e infantería debido a la falta
de una doctrina adecuada y a los malos equipos de transmisión provocaron
grandes pérdidas en los encuentros blindados con los alemanes
especialmente en las operaciones en Normandía. Hacia fines de 1944
los ingleses decidieron mejorar esta situación constituyendo grupos
de batalla integrados por un regimiento de tanques y un batallón de
infantería, lo que ciertamente produjo mejores resultados.
La mejor arma de que disponía el ejército inglés era la Royal Artillery
cada división de infantería contaba con tres regimientos de a
tres baterías totalizando 72 piezas de 25 libras, las divisiones blindadas
poseían 48 cañones en su mayoría autopropulsados. Pero la mayor
virtud de la artillería inglesa era su agilidad y adaptabilidad. Los oficiales
superiores de artillería actuaban como observadores adelantados
junto a las tropas del frente y podían solicitar el apoyo de fuego
de toda la artillería de un cuerpo de ejército en caso de ser necesario.
Las 24 piezas de un regimiento de artillería podían entrar en acción al
minuto de ser solicitado, y toda la artillería divisionaria en tres minutos,
gracias a un excelente sistema de comunicaciones. Esto daba a los
ingleses una gran ventaja sobre la infantería alemana que como apoyo
de fuego inmediato sólo podía contar con sus morteros. El único punto
débil de la artillería inglesa era el fuego de contrabatería, que
siempre resultó mediocre en razón a la falta de medios adecuados de
localización.

Las debilidades tácticas inglesas se pagaban con un alto precio en
bajas. En la campaña europea la infantería representaba el 76 por
ciento de las bajas sufridas, aún cuando sólo constituía el 14 por ciento
de los efectivos del ejército. Esta situación sumado a lo dicho anteriormente
resintió la moral inglesa elevando el porcentaje de
deserciones al cuatro por ciento y llegando los soldados a preferir la
prisión por insubordinación al combate.

Estados Unidos de Norteamérica

 
El ejército norteamericano contaba al inicio de la guerra con unos
200.000 soldados, que incrementó a partir de la aplicación de la conscripción
el 16 de septiembre de 1940 alcanzando a crear 68 divisiones
de infantería.
El mayor problema lo constituía la preparación de los oficiales,
pues los surgidos de los institutos de
formación no eran suficientes. Se establecieron entonces cursos
para instruir a civiles como oficiales en el término de 90 días. Estos
jefes constituyeron la masa de los conductores de las fuerzas norteamericanas
durante la guerra. Los soldados por su parte recibían un
muy buen entrenamiento que incluía un cuidadoso servicio de mantenimiento
de las armas. Junto con los oficiales sufrieron un duro
aprendizaje a través de los combates en África, Sicilia e Italia alcanzando
los mejores niveles durante la campaña del norte de Europa.
En general las fuerzas americanas no eran buenas en combates prolongados
ni en acciones de contraataque, pero sí disponían de un
poderoso volumen de fuego sostenido por una logística inagotable.
Uno de los elementos que conspiraba contra el pronto aprendizaje
de combate era el sistema centralizado de reemplazos. Éstos eran
reservados a nivel del ejército entrenados y asignados luego directamente
a las unidades, lo que restaba cohesión táctica. Al no tener un
tiempo de entrenamiento y práctica dentro de la unidad estos reemplazos,
si sobrevivían no completaban un circuito de pertenencia con
el cuerpo en el que combatían. Este sistema guardaba relación con el
método de mantener a las divisiones permanentemente en el frente
limitando al máximo su rotación, pues para ello debía haberse triplicado
el número de efectivos.
Indudablemente el soldado americano estaba mejor vestido,
equipado, alimentado y transportado que el resto de las tropas de la
Segunda Guerra Mundial. Combatía en un ejército totalmente moto

rizado, tecnológicamente moderno en comunicaciones, sistemas,
medios de combate y servicios de apoyo.
Las fuerzas de infantería norteamericana se organizaban en grupos
de 12 hombres equipados con fusiles Garand M1 y un fusil automático
Browning. Tres grupos, más uno de apoyo con dos
ametralladoras calibre 0.30, tres morteros de 60mm y una ametralladora
de 12,7mm integraban una compañía. Los morteros generalmente
se reunían en una especie de compañía de artillería del batallón
empleándose en conjunto. La defensa antitanque la proveían principalmente
el Bazooka, disponiéndose 29 en los batallones de infantería
a pie y 74 en los batallones mecanizados.
Para contar con una gran flexibilidad táctica los norteamericanos
organizaban sus tropas de forma permanente bajo grupos de combate
cuya estructura se superponía a la organización de la división o el
regimiento. En la infantería se los llamaba Regimental Combat Team
(RCT) y en las divisiones blindadas Combat Command (CC). Los
primeros se formaban sobre la base de un regimiento de infantería al
que se adjuntaba un batallón de artillería y una compañía de ingenieros.
Los segundos estaban constituidos por un batallón blindado, un
batallón de infantería mecanizada, uno de artillería y unidades de
ingenieros y otros elementos de apoyo Los CC se subdividían en
Teams compuestos de una compañía de tanques, una de infantería y
unidades de reconocimiento. Todas estas organizaciones adicionalmente
y según la necesidad podían contar con unidades de destructores
de tanques, antiaéreas, de tropas especiales, etc.
La doctrina americana impulsaba la cooperación constante entre
infantería y tanques, adoptando generalmente la actuación conjunta
de una sección de infantería y un grupo de tanques. La ayuda mutua
se veía favorecida por el hecho de que los tanques tenían instalado un
teléfono en la parte posterior del casco y porque cada pequeño cambio
táctico se difundía rápidamente a través de reportes y folletos
entre la tropa.
El mayor problema que sufrían los norteamericanos era su inferioridad
en el combate antitanque. Originalmente los tanques Sherman
debían ser empleados junto a la infantería mientras que los
destructores de tanques se reservaban para el combate blindado, sin
embargo esta teoría no resultó de aplicación debido a la superioridad
táctica y técnica de los tanques alemanes; se calcula que un Tiger
alemán sólo podía ser derrotado por al menos cinco Sherman.

El apoyo aéreo se desarrolló grandemente entrenándose, a partir
de 1943, a los soldados en los procedimientos para la guía de los aviones
de ataque a tierra.
La artillería norteamericana contaba con un sistema de empleo
conocido como Time On Target (TOT). A través de un muy buen
sistema de comunicaciones se podían concentrar una gran cantidad
de piezas sobre el mismo blanco y en el momento preciso lo que
producía efectos devastadores.
La fuerza principal del ejército norteamericano residía en el empleo
combinado de sus armas de combate y particularmente de su
sistema logístico sostenido por una poderosa maquinaria industrial.

 

100 Liddell Hart B., 1974, “Los Generales Alemanes hablan”, pg. 342, Buenos
Aires, Ed Rioplatense

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