CAPÍTULO 5. EN LA VORÁGINE: FALLUJAH, NOVIEMBRE DE 2004.

Después de la caída de Bagdad ante las fuerzas armadas norteamericanas en 2003, Fallujah permaneció como una de las áreas más violentas del país y el co‐razón del Triángulo Sunni. Tumultos violentos, asesinatos y atentados con bombas se convirtieron en acontecimientos diarios teniendo como blancos a las fuerzas de ocupación y a los iraquíes colaboradores del gobierno provisional o de las fuerzas de la Coalición. Durante meses, la policía local iraquí y los líderes de la ciudad resultaron ser incapaces de reducir la tensión, así, basándose en sus garantías de que la situación mejoraba, los norteamericanos solamente se aventuraron en la ciudad ocasionalmente. Mientras tanto, la resistencia creció fuertemente aprovechando la debilidad del gobierno mientras que imanes y jeques incitaban más violencia.
Fallujah daba de los antiguos tiempos de Babilonia como una parada junto a la principal carretera del desierto que llevaba hacia el oeste desde Bagdad. Situada sobre el río Eufrates a 43 millas de Bagdad, Fallujah era parte de la moderna provincia de Anbar. Pequeña y poco importante ciudad antes de 1947, el cre‐ciente comercio y la introducción de la industria causaron que su población gradualmente creciera hasta unos 350.000 habitantes en 2003. Fallujah medía unos tres kilómetros cuadrados y consistía en unos 2.000 bloques urbanos con muros de patio, casas de vecinos y casas de dos pisos de cemento separadas por sórdidos callejones. Extendida en una cuadrícula con unos pocos amplios bule‐vares, los seis carriles de la Carretera 10 pasaban a dos millas del centro de la ciudad. Al sur de esta carretera había fábricas decrépitas mientras al norte esta‐ban las casas más espaciosas. Como en muchas ciudades de Irak en la época, casas a medio terminar, montones de basura, y restos de coches antiguos ador‐naban cada vecindario. Irónicamente, el nuevo sistema de carreteras auspiciado por Saddam Hussein había sobrepasado Fallujah, y la importancia y la pobla‐ción de la ciudad estaban en declive. (Ver Mapa 25).

Con alrededor de 200 mezquitas, Fallujah era un importante centro del Islam Sunni en la región y la población mostró una gran cantidad de apoyo a los Baa‐zistas durante la época de Saddam Hussein. La mayoría de los habitantes prac‐ticaban el Wahhabismo extremo y eran tradicionalmente hostiles a todos los extranjeros. La ciudad tenía una bien ganada reputación en todo Irak de ciudad muy violenta, todavía firmemente atrincherada en la tradición del clan. Des‐pués de la caída de Saddam Hussein y la desintegración del Ejército Iraquí, había unos 70.000 hombres desempleados en las calles. Sin trabajo y con un fu‐turo incierto, muchos de ellos eran altamente susceptibles a la llamada a una resistencia activa contra los ocupantes norteamericanos. Estimaciones posterio‐res muestran que alrededor de 15.000 hombres iraquíes hicieron justamente eso.
La 82 División Aerotransportada Norteamericana fue la primera unidad a la que se le asignó la responsabilidad de Fallujah y su área circundante. Dispersa‐dos sobre una amplia área, los paracaidistas fueron incapaces de hacer progre‐sos sustanciales en reprimir el descontento. Esta división fue reemplazada bre‐vemente por un contingente de 200 hombres del 3 Regimiento de Caballería Blindada en mayo de 2003, pero más fuerza era necesaria. Esta fuerza fue la 2 Brigada de la 3 División de Infantería (Mecanizada). Utilizando un enfoque de zanahoria y palo, hubo un notable descenso en los incidentes, aunque Fallujah permaneció siendo un lugar volátil y peligroso. Desafortunadamente, la zana‐horia, en la forma de lucrativos contratos y levantamientos del toque de queda, fue a menudo respondida con más ataques de la resistencia. El palo fue a me‐
nudo más efectivo pues la 2 Brigada realizó batidas a gran escala en busca de armas y fugitivos buscados. Los pesados blindados de la brigada intimidaron a la población y los actos de violencia declinaron un poco más. Mientras tanto, los esfuerzos para pacificar a la población reconstruyendo las infraestructuras con‐tinuaron con desigual grado de éxito.
Los combatientes de la resistencia en Fallujah eran diferentes a cualquiera que el Ejército Norteamericano se había encontrado desde la Guerra de Vietnam. No llevaban uniformes y, por consiguiente, se mezclaban casi perfectamente con la población. Operando desde sus propias casas, no había una infraestructura convencional a la que combatir tal como campos de entrenamiento o bases. El mando y el control eran tan flojos que no había usualmente una cadena de mando perceptible o comunicaciones que fácilmente interceptar o explotar. Enormes depósitos de armas y de material explosivo permanecían desde la guerra y eran fácilmente disponibles para armar a nuevos reclutas y fabricar improvisadas bombas para colocar a los lados de las carreteras. Los imanes wahhabitas urgían a los miembros de la resistencia a que expulsaran a los que consideraban como invasores infieles y a cualquier iraquí que colaborara con ellos. Muchas mezquitas se convirtieron en arsenales para almacenar armas y explosivos y refugios seguros para la resistencia. La combinación de celo reli‐gioso, de la ociosidad causada por el elevado desempleo y del odio por la ocu‐pación hizo del reclutamiento una tarea fácil. La ingeniosidad y audacia de los combatientes les hicieron un enemigo mortal. (Ver Mapa 26).
La 2 Brigada salió de Fallujah en agosto de 2003 y fue reemplazada por el 1 Ba‐tallón, 505 Regimiento de Infantería Paracaidista de la 82 División Aerotrans‐portada. La situación en la ciudad permaneció virtualmente sin cambiar a pesar de la captura de algunos de los más notables líderes de la resistencia y grandes cantidades de armas y explosivos. Particularmente decepcionante fue el fracaso de dos batallones de la Guardia Nacional Iraquí, que llegaron en febrero de 2004, para someter a la resistencia. Dos días después de su llegada, un masivo ataque de la resistencia destruyó la estación central de policía así como también la reputación de los guardias. Los batallones iraquíes fueron rápidamente reti‐rados en desgracia. Hubo poco progreso significante en pacificar la insurgencia en Fallujah por las fuerzas de la 82 Aerotransportada durante esta rotación. In‐cluso la captura de Saddam Hussein el 13 de diciembre no ofreció un respiro; en lugar de ello, pareció que la resistencia crecía más fuerte.
A comienzos de marzo de 2004, la 1 Fuerza Expedicionaria de los Marines rele‐vó a la 82 División Aerotransportada en la provincia de Anbar. En lugar de cen‐trarse en fuertes operaciones de búsqueda y barrida como las unidades del Ejér‐cito habían hecho, los Marines intentaron desviar el foco a emular su propia experiencia en la construcción de la nación y ganarse los corazones y las mentes
de la población. Los Marines esperaban que la situación mejoraría interactuan‐do con el pueblo de Fallujah.
La resistencia no se impresionó. Los insurgentes lanzaron folletos, llamados por los Marines “awat”, un pastel blando azucarado. Los ataques aumentaron. Un momento definitivo llegó el 31 de marzo de 2004 cuando 4 contratistas fueron emboscado en Fallujah y sus cadáveres carbonizados colgados de un puente próximo. Televisada a todo el mundo, la escena demandaba una dura respues‐ta.

En reacción al asesinato y mutilación de los cuatro contratistas, los Marines y las fuerzas de la Coalición lanzaron la Operación ALERTA VIGILANTE el 4 de abril de 2004. El objetivo de la operación era pacificar e intimidar a los elemen‐tos violentos dentro de la provincia de Anbar, específicamente en Fallujah. Cua‐tro batallones fueron situados para asaltar la ciudad mientras que otros dos más formaban un cordón alrededor de ella. Después de realizar ataques de precisión aéreos y artilleros, los Marines estaban preparados para penetrar en la ciudad. Los oficiales superiores de los Marines querían tomar un enfoque mucho menos drástico temiendo que el fuerte daño y las bajas iraquíes serían contraproducen‐tes para el objetivo a largo plazo de pacificar la ciudad, sin embargo, fueron in‐validados. Los Marines comenzaron un asalto sobre Fallujah.
El 9 de abril, después de solamente cinco días de duros combates, a los Marines y a las fuerzas de la Coalición se les ordenó suspender las operaciones ofensivas en Fallujah para realizar conversaciones con el Consejo de Gobierno, los líderes urbanos de Fallujah y los representares de la insurgencia. Estas conversaciones resultaron en la entrega de suministros adicionales a la ciudad por el gobierno iraquí y la reapertura del Hospital General de Fallujah, anteriormente cerrado debido al asedio de los Marines Norteamericanos. Los Marines se retiraron de la ciudad entregando las responsabilidades de seguridad a la Brigada Fallujah. Esta fuerza ligera estaba compuesta de antiguos soldados iraquíes y estaba mandada por el Mayor General Jassim Mohammed Saleh, un oficial de la difun‐ta Guardia Republicana. Esta unidad formada apresuradamente fracasó mise‐rablemente y una vez más la situación en Fallujah se desintegró. Los Marines Norteamericanos mantuvieron un fuerte anillo en torno a la ciudad durante los siguientes meses en un esfuerzo para contenerla.
Durante el transcurso del verano y del otoño, la insurgencia aprovechó la opor‐tunidad para reclutar personal y acumular suministros. Fallujah se había con‐vertido en un símbolo de resistencia y en una molestia para el gobierno provi‐sional iraquí; al mismo tiempo, las fuerzas de la Coalición parecían impotentes para hacer nada al respecto. La paciencia se estaba agotando. Los líderes y los habitantes de la ciudad fueron avisados continuamente de que estaban provo‐cando un gran asalto sobre la ciudad, pero no se hizo caso a la advertencia. Se creyó generalmente que el asalto llegaría poco después de las elecciones genera‐les en los Estados Unidos del 6 de noviembre. Aquellos que pensaban esto esta‐ban en lo cierto. Comenzando en serio el 30 de octubre, ataques aéreos y artille‐ros bombardearon blancos escogidos en la ciudad como un amenazador aviso. Cerca de Bagdad, el Regimiento Británico Black Watch relevó a las fuerzas nor‐teamericanas que se preparaban para la operación. La electricidad fue cortada a Fallujah el 5 de noviembre, y fueron lanzadas octavillas advirtiendo a la gente que quedaba en la ciudad que permanecieran dentro de sus casas y que no uti‐lizara sus automóviles. El 7 de noviembre, el gobierno iraquí declaró 60 días de estado de emergencia en la mayoría del país. Prestando atención a estos avisos, entre el 75 y el 90 por ciento de la población civil huyó de la ciudad.

Fuerzas de la Coalición.

Las fuerzas que rodeaban Fallujah y se preparaban para el asalto de ella estaban compuestas por unidades del Ejército y de los Marines Norteamericanos, apo‐yados por efectivos de aviación del Ejército, los Marines, la Armada y la Fuerza Aérea. Adicionalmente, fuerzas terrestres iraquíes serían utilizadas en un papel limitada. Al mando global de la operación estaba el Teniente General John F. Satter de los Marines Norteamericanos. Satter organizó a las fuerzas de asalto en dos equipos de combate regimentales, cada uno de ellos aumentado por dos
batallones del ejército iraquí. Las cifras totales para la operación exigían aproximadamente 10.000 norteamericanos y 2.000 iraquíes.
El Equipo de Combate Regimental 1 (RCT‐1) fue asignado a la mitad oeste de Fallujah y estaba compuesto por tres batallones, el 3‐1 y el 3‐5 de los Marines y el 2‐7 Escuadrón de Caballería Blindada. El Equipo de Combate Regimental 7 (RTC‐7) fue asignado a la mitad este de la ciudad y estaba compuesto por los 1‐8 y 1‐3 de los Marines y el 2‐2 de Infantería Mecanizada. Además de los batallo‐nes del Ejército, una compañía de tanque de los Marines reforzaba a cada equi‐po de combate. Estos tanques M1A2 estaban ampliamente dispersados por de‐bajo del nivel de compañía para seguir y proporcionar apoyo directo a los fusi‐leros de los Marines. El 2 Equipo de Combate de Brigada (2 BCT) de la 1 Divi‐sión de Caballería fue desplegado en torno a la ciudad para bloquear todo mo‐vimiento hacia y desde Fallujah. Un batallón iraquí apoyaba ese esfuerzo tam‐bién.
Los oficiales y los soldados de las unidades asignadas a la operación estaban compuestos principalmente de veteranos de la Guerra de Irak de 2003 y habían acumulado una gran cantidad de experiencia en operaciones urbanas. Antes de la operación, estas unidades tuvieron la oportunidad de entrenar, ensayar y afinar sus habilidades mucho más. Las fuerzas militares norteamericanas tenían equipamiento actualizado, incluyendo gafas y visores de visión nocturna y equipos de comunicaciones. Los bateadores pesados para la inminente opera‐ción eran el tanque M1A2 Abrams y el Vehículo de Combate de Infantería M2A3 Bradley. Los Marines también emplearon los Vehículos de Asalto Anfi‐bio AAV‐7A1, pero los relegaron generalmente a plataformas de armas pesa‐das.
La espina dorsal de las fuerzas blindadas del ejército norteamericano durante este período era el tanque M1A2 Abrams. Diseñado inicialmente en la década de 1970, este tanque pasó por una serie de mejoras y emergió como uno de los principales vehículos blindados del mundo. En el momento de la operación, el M1A2 había entrado en acción en la Guerra del Golfo Pérsico de 1991 y fue la pieza central de la Guerra de Irak de 2003 durante el avance hacia Bagdad. En ambas guerras, superó de lejos a los tanques de fabricación soviética T‐55 y T‐72. Tenía una temible reputación por su letalidad y su capacidad para soportar una enorme cantidad de daño en batalla y todavía mantenerse combatiendo. El M1A2 Abrams pesaba alrededor de 60 toneladas, pero su motor de turbina de gas le daba una capacidad fenomenal para acelerar rápidamente hasta su velo‐cidad campo a través de unas 30 millas por hora. Su armamento principal era un cañón de calibre pesado de 120 milímetros capaz de enfrentarse y destruir blancos a más allá de 3.000 metros. El armamento secundario incluía una ame‐tralladora coaxial de 7,62 milímetros y otra encima de la escotilla del cargador.
La cúpula del comandante estaba armada con una ametralladora pesada de ca‐libre 50. El tanque se caracterizaba por un sistema de estabilización que permi‐tía disparar el cañón mientras estaba en movimiento, y los avanzados sistemas de control de fuego eran lo bastante precisos para enfrentarse a blancos más allá de 3.000 metros. Un visor termal permitía disparar de noche, a través del humo y durante períodos de baja visibilidad. Algunos de los M1A2 Abrams habían sido modificados con sistemas de paquetes de realce, que refinaban el sistema de control de fuego y componentes digitales añadidos para comunicaciones y un monitor de mapas computerizado.
El propósito principal del M2A3 Bradley, un vehículo oruga de combate de in‐fantería, era transportar a los soldados de infantería a la batalla y luego propor‐cionar fuego de apoyo y de cobertura con una selección de armas a bordo. Tenía una dotación de tres y podía transportar a seis soldados de infantería comple‐tamente equipados. Vehículo fiable y capaz durante la Guerra del Golfo Pérsico en 1991, el M2A3 había varias actualizaciones en blindaje, control de fuego y comunicaciones desde esa época. El armamento principal del Bradley IFV era un cañón automático de 25 milímetros montado en la torreta, capaz de disparar proyectiles perforantes de blindaje o de alto explosivo a una candencia de unos 200 proyectiles por minuto. Montada coaxialmente al cañón automático estaba una ametralladora de 7,62 milímetros, y montado en un lateral de la torreta es‐taba un sistema de misiles TOW5 (lanzado por tubo, de seguimiento óptico y guiado por cable) de dos proyectiles. El casco original del Bradley era de alumi‐nio soldado, pero actualizaciones posteriores incluyeron blindaje adicional de acero y previsiones para placas de blindaje reactivo.
La operación también incluyó seis pequeños batallones del incipiente ejército iraquí y de las fuerzas de seguridad. Estas fuerzas uniformadas estaban arma‐das con fusiles AK‐47 y ametralladoras de fabricación soviética, que eran están‐dares en el antiguo ejército iraquí. Su entrenamiento en operaciones urbanas complejas era rudimentario, por lo que debían de jugar un papel de apoyo, ba‐rriendo y asegurando edificios después de que los norteamericanos hubiesen pasado. Las fuerzas iraquíes eran también ideales para combatir a los insurgen‐tes ocultos en mezquitas, pues se esperaba una amplia hostilidad civil si las fuerzas norteamericanas debían de hacer eso. El uso de las fuerzas iraquíes también serviría para reforzar la percepción de que los iraquíes eran capaces y deseosos de asegurar y hacer funcionar su propio país.

El Plan de Ataque.

Originalmente llamada Operación FURIA FANTASMA por los norteamerica‐nos, el ataque sobre Fallujah fue renombrado Operación Al‐Fajr (AMANECER) por el Primer Ministro Iraquí Ayad Allawi. Éste era un medio para el gobierno provisional iraquí para establecer el control sobre la ciudad, reforzar su deca‐dente prestigio y crear suficiente seguridad para mantener las elecciones nacio‐nales programadas para enero de 2005 según lo planeado. Un objetivo secunda‐rio pero muy importante era destruir a la resistencia, matar a tantos insurgentes como fuera posible con una cantidad mínima de bajas para las fuerzas de la Coalición y la población civil. La operación no recibió pleno apoyo dentro del gobierno iraquí y supuso un serio riesgo de alienar a grandes segmentos de la población, particularmente de la secta Sunni.
El plan táctico era simple. Con el cordón situado, las fuerzas de asalto se reuni‐rían al norte de Fallujah y atacarían hacia el sur dentro de sectores asignados. Rompiendo audazmente con la tradición, los blindados pesados del Ejército Norteamericano encabezarían el asalto en la ciudad con la infantería y los Ma‐rines siguiéndoles estrechamente para proporcionar cobertura y despejar cada edificio. Las fuerzas iraquíes a la cola realizarían búsquedas de insurgentes y de depósitos logísticos y asaltarían mezquitas según se necesitara. Concentrar tal fuerza era difícil de lograrlo inadvertido, por lo que la sorpresa fue lograda con un bombardeo de 12 horas y actividad en el sur para atraer la atención hacia ese sector. Las unidades participantes en la operación debían de ser metódicas en su operación, despejando su zona completamente de insurgentes. Se esperaba un alto nivel de daño colateral, pero las bajas civiles debían de ser evitadas si era posible. Posiciones de bloqueo en torno a la ciudad impedirían la huída de combatientes hostiles. El objetivo inicial era la Línea Fase Fran, Carretera 10, que atravesaba el centro de la ciudad. Una vez que la ciudad fuera asegurada al norte de esa línea, las fuerzas de la Coalición combatirían por la Línea Fase Jena al sur. Una vez que ese objetivo fuera alcanzado, las fuerzas atacantes girarían y atravesarían la ciudad en dirección norte. El ataque fue programado para co‐menzar el 7 de noviembre.
Durante los meses precedentes, esfuerzos de inteligencia recogieron una gran cantidad de información sobre las fuerzas insurgentes en Fallujah. Utilizando todo recurso concebible, incluyendo Fuerzas Especiales, inteligencia humana, vehículos aéreos no tripulados y satélites, un cuadro claro de la situación se hizo conocido. Casas seguras, depósitos de armas, y las rutinas de líderes claves fueron identificados, así como también un número aproximado de insurgentes activos en la ciudad. Esta información, mapas detallados e imágenes aéreas fue‐ron diseminados hasta el comandante más inferior. Los comandantes y tropas a todos los niveles se sintieron confiados de que conocían dónde estaba el enemi‐
go y podían planear su operación en detalle. Durante la operación, estos recur‐sos de inteligencia cambiaron rápidamente a la adquisición de blancos y fueron fundamentales en llevar fuego de apoyo efectivo sobre blancos.
El cuadro de inteligencia en noviembre mostraba que la resistencia había utili‐zado los meses precedentes para convertir Fallujah en una fortaleza. En la ciu‐dad había aproximadamente 3.000 insurgentes, de los cuales alrededor del 20 por ciento eran militantes islámicos extranjeros armados con fusiles AK‐47, RPG‐7 y una gran cantidad de granadas, minas y explosivos. Los atacantes po‐dían esperar una fanática defensa desde cada edificio y hendidura y desde cualquier ángulo. Los temidos explosivos improvisados y trampas estarían co‐locados sin duda. Para el movimiento, los insurgentes habían excavado túneles entre los edificios y utilizaron el sistema de alcantarillado existente. Se creía que en la ciudad estaba el terrorista jordano Abu Musab al‐Zarqawi, un miembro de alto rango de la organización terrorista Al‐Qaeda. Su captura o muerte era de alta prioridad.

El Asalto.

La Operación AMANECER comenzó el 7 de noviembre cuando el bombardeo aéreo y artillero planeado comenzó y las fuerzas terrestres rápidamente se mo‐vieron hacia sus posiciones de asalto. A las 19:00 horas, el 36 Batallón de Co‐mandos Iraquí capturó rápidamente el Hospital General de Fallujah, al oeste de la ciudad, mientras que el 3 Batallón de Reconocimiento Ligero Blindado asegu‐ró los dos puentes al sur del hospital. Esta misión logró bloquear las rutas de salida al oeste y aseguró el hospital para usarlo en el tratamiento de las bajas civiles. El asalto terrestre principal estaba ahora preparado para empezar. (Ver Mapa 27).
Los batallones de Marines y los dos del Ejército comenzaron su asalto a lo largo de un amplio frente a primeras horas del 8 de noviembre. Los blindados pesa‐dos del 2‐7 de Caballería y del 2‐2 de Infantería Mecanizada abrieron el camino hacia la ciudad. Los tanques y vehículos de combate de infantería permanecían cerca de cada lado de la calle cuando era posible para proporcionar cobertura a los vehículos en el otro lado. Soldados desmontados proporcionaban cobertura contra insurgentes intentando emboscar a los vehículos utilizando cantidades copiosas de fuego automático y de francotiradores y limpiando completamente los edificios. A menudo, los soldados de infantería identificaban puntos fuertes para los blindados, los cuales entonces utilizaban munición pesada contra el objetivo. Debido a que los cañones de los tanques tenían una elevación limitada, vehículos blindados eran también situados a la retaguardia para cubrir el avan‐ce, pues su distancia aumentada de los objetivos les permitía disparar más alto que los blindados de la vanguardia. Artillería, morteros y ataques aéreos elimi‐
naban las bolsas de resistencia más tenaces. Ingenieros y vehículos blindados despejaban los numerosos obstáculos y barricadas. Soldados y Marines entra‐ban generalmente en las casas solamente después de que los tanques penetraran las paredes o que especialistas utilizaran explosivos para crear aperturas. El avance fue firme, casi rápido, mientras los bien entrenados y equipados nor‐teamericanos destrozaban la ciudad. Por la tarde, habían asegurado la estación ferroviaria y habían entrado en los distritos de Dubat y Naziza en el oeste y en los distritos de Askari y Jolan en el este. Un complejo de apartamentos ocupado en el noroeste dominaba la ciudad, y las armas emplazadas allí proporcionaron un excelente fuego de cobertura para las fuerzas asaltantes. Las fuerzas iraquíes se unieron al ataque y realizaron agresivamente sus operaciones. (Ver Mapa 28).
Los insurgentes fueron claramente abrumados desde el comienzo por la veloci‐dad e impacto de los blindados y la potencia de fuego concentrados. Por ejem‐plo, la resistencia en el Distrito de Jolan, en el lado oeste de Fallujah, se esperaba que fuera particularmente intensa. Los informes de inteligencia indicaron que las unidades de línea más duras estaban situadas allí, y el área consistía en edi‐ficios densamente poblados y estrechas calles. Aunque hubo duro combate, fue menos de lo esperado encontrándose solamente pequeñas bandas de menos de 20 insurgentes cada una que fueron rápidamente destruidas u obligadas a reti‐rarse bajo fuerte fuego. Algunos analistas creyeron que esto era indicativo de que muchos insurgentes eligieron huir de la ciudad cuando tuvieron la oportu‐nidad, o que la operación de engaño en el sur fue exitosa.

A primeras horas de la mañana del 9 de noviembre, los Marines realizaron un paso de líneas a través de los sectores del 2‐7 de Caballería y del 2‐2 de Infante‐ría Mecanizada, colocando a los blindados a la retaguardia del avance pero preparados para responder cuando fuera necesario. Los tanques de los Marines permanecieron cerca detrás de los fusileros en avance para proporcionar apoyo de fuego directo. El combate fue tan intenso, que los tanques y vehículos de combate de infantería no pudieron responder a todas las llamadas de asistencia. En esos casos, los fusileros de los Marines tenían que confiar en sus sistemas orgánicos, tales como el cohete antitanque AT‐5, fuegos indirectos, o ataques aéreos. Sin embargo, en un punto los ataques aéreos y la artillería fueron dete‐nidos. Demasiadas tropas estaban comprometidas en la ciudad densamente poblada por lo que una pausa fue necesaria para determinar precisamente las posiciones amigas para impedir el fuego amigo. Al final del día, las fuerzas del Ejército y de los Marines estaban profundamente en Fallujah. Las mayores ga‐nancias fueron en la parte noreste de la ciudad, donde el 2‐2 de Infantería Me‐canizada alcanzó la Línea Fase Fran, cortando así la carretera, bloqueando una ruta de escape insurgente y asegurando una ruta de suministro más corta para las fuerzas de la Coalición.
Los fuertes combates continuaron el 10 de noviembre y destacó la captura de dos grandes mezquitas por fuerzas iraquíes. Cada una de ellas había sido utili‐zada como puestos de mando, depósitos de suministros, almacenes de muni‐ciones e improvisadas fábricas de dispositivos explosivos por los insurgentes. También habían sido casas seguras y fortalezas insurgentes desde las cuales atacar a las fuerzas de la Coalición. Las fuerzas iraquíes encontraron restos de uniformes negros y máscaras usados con regularidad por la resistencia, así co‐mo también banderas de la insurgencia y vídeos de las ejecuciones de rehenes extranjeros. Además, muchas armas y grandes cantidades de municiones y su‐ministros fueron descubiertas. Al final del día, los norteamericanos podían re‐clamar que alrededor de la mitad de Fallujah estaba tomada, incluyendo mu‐chos edificios claves civiles y militares. Las operaciones de limpieza continua‐ron en cada zona y el distrito de Jolan fue entregado a los iraquíes. El combate por resto de la ciudad quedaba por delante.

El 11 de noviembre, la estrategia de atacar y limpiar por zona había arrojado a la mayoría de las fuerzas insurgentes a la parte sur de la ciudad. Las fuerzas de la Coalición detuvieron el avance brevemente para consolidarse y reabastecerse, pero las operaciones de limpieza continuaron. Al final del día, la ofensiva con‐tinuó a través de la Línea Fase Fran con los blindados del 2‐7 de Caballería y del 2‐2 de Infantería de nuevo en cabeza. El asalto fue una repetición de los días previos. El pleno control de Fallujah se esperaba en 48 horas con una semana adicional o poco más para despejar completamente la ciudad. El 11 de noviem‐bre, al menos 18 soldados norteamericanos y 5 iraquíes habían muerto y alre‐dedor de 164 fueron heridos. Aproximadamente 600 insurgentes fueron muer‐tos. (Ver Mapa 29).
El intenso combate callejero continuó durante tres días más hasta que las fuer‐zas de la Coalición alcanzaron la Línea Fase Jena en el sur. Alrededor de 300 insurgentes se rindieron, muchos de ellos habiendo sido rodeados en una mez‐quita. Miles de AK‐47, RPG, proyectiles de morteros y dispositivos explosivos improvisados fueron encontrados en casas y mezquitas. Había todavía temor de que células durmientes surgieran una vez que el asalto hubiese dejado atrás un área.
Cuando las fuerzas de la Coalición alcanzaron la Línea Fase Jena el 15 de no‐viembre, giraron y comenzaron a limpiar de nuevo los edificios según avanza‐
ban hacia el norte. Los batallones del Ejército y de los Marines se dividieron en elementos de tamaño compañía, pelotón y escuadra para buscar concienzuda‐mente insurgentes y depósitos ocultos. El progreso fue metódico con una gran preocupación por las trampas dejadas por las bandas errantes de la resistencia. Los esfuerzos no fueron en vano pues armas y explosivos adicionales fueron encontrados. El 16 de noviembre, la ciudad de Fallujah fue decretada segura por las fuerzas de la Coalición, aunque las operaciones de búsqueda y barrido continuaron durante varias semanas. (Ver Mapa 30).

La Operación AMANECER provocó la muerte de 38 soldados norteamericanos, 6 soldados iraquíes y entre 1.200 y 2.000 insurgentes. Tres de las bajas nortea‐mericanas fueron por heridas no relacionadas con la batalla. Al menos 275 nor‐teamericanos fueron heridos. Entre 1.000 y 1.500 insurgentes fueron capturados.
El Polvo se Asienta.
La operación destruyó gran parte de la ciudad. Muchos informes indican que alrededor del 60% de los edificios de Fallujah fueron daños, el 20% fueron des‐truidos en su totalidad, y 60 de las mezquitas fueron gravemente dañadas. En respuesta a la operación y al daño, la minoría Sunni en Irak se enfureció. La ac‐tividad insurgente surgió a través del país y las demostraciones se extendieron. La participación Sunni fue ciertamente baja en las elecciones de enero, pero és‐
tas fueron mantenidas. Sin embargo, en las elecciones posteriores en junio y diciembre de 2005 se vio una aumentada participación Sunni.
El gobierno iraquí envió equipos médicos y de reconstrucción al área con 14 camiones cargados con suministros médicos y artículos humanitarios. Incapaces de entrar en la ciudad debido a las operaciones militares, fueron dirigidos a los pueblos que rodeaban Fallujah donde decenas de miles de civiles desplazados había huido para escapar del conflicto. Mientras tanto, las fuerzas iraquíes y norteamericanas trataban de encontrar a los civiles con necesidad de cuidados médicos utilizando altavoces, octavillas y de palabra. El Hospital General de Fallujah estaba disponible y preparado para su uso.
A los residentes de Fallujah se les permitió regresar a mediados de diciembre y el lento proceso de reconstrucción comenzó. Permaneció como un enclave de la resistencia, pero su fuerza fue grandemente debilitada y la Operación AMA‐NECER sirvió como ejemplo para las ciudades en abierto desafío al gobierno iraquí.

En Retrospectiva.

En noviembre de 2004, las fuerzas armadas norteamericanas eran altamente eficientes en las tácticas y técnicas del combate urbano. Muchos, si no la mayo‐ría, de los oficiales y de las tropas eran veteranos de la Guerra de Irak de 2003 y la posterior ocupación del país. El Ejército y los Marines Norteamericanos habí‐an establecido doctrinas de operaciones urbanas, que aplicaron y modificaron para enfrentarse a la situación. Los soldados y los Marines tenían estilos indivi‐duales. Las tropas del Ejército se inclinaban a ser más metódicas en tácticas pero liberales en el uso de las armas pesadas, y los Marines, por tradición, tendían a confiar en el impacto y la audacia de sus ataques en pequeñas unidades y de‐mandaban apoyo pesado solamente después de que un ataque se encallara. Sin embargo, ambos servicios superaron la fricción organizativa y trabajaron bien juntos hacia un objetivo común.

La munición pesada arrojada por la aviación y la artillería fue utilizada efecti‐vamente como una barrera rodante para cubrir el movimiento de las fuerzas terrestres y para arrasar puntos fuertes insurgentes. Los edificios claves y las mezquitas fueron perdonados cuando fue posible, pero eran atacados agresi‐vamente cuando los insurgentes utilizaban estas estructuras en sus operaciones. Las municiones de precisión y las excelentes comunicaciones aseguraron fuegos rápidos, certeros y mortales.
Considerando las complejidades de la situación, el apoyo de inteligencia para la Operación AMANECER fue excelente. Utilizando las semanas y meses anterio‐res para mayor efecto, las diversas agencias y plataformas de inteligencia pu‐dieron trazar un cuadro certero de la situación y diseminar esa información has‐ta los escalones más bajos. Cuando la batalla comenzó, estos recursos rápida‐mente se dirigieron a adquirir objetivos y evaluar las capacidades e intenciones de los insurgentes.
Las fuerzas iraquíes probaron ser capaces de cooperar dentro de la coalición para esta operación. Aunque jugaron un papel limitado, atacaron objetivos cla‐ves, como mezquitas, evitando así la amplia consternación si una unidad nor‐teamericana hubiera hecho eso. Las unidades ligeras iraquíes combatieron efec‐tivamente dentro de sus capacidades.
Si los insurgentes estaban esperando una réplica de la debacle rusa en Grozny en 1994, fueron decepcionados. La estrategia de “defensa indefensa” utilizada tan efectivamente allí no funcionó en Fallujah. Las fuerzas norteamericanas e iraquíes fueron exitosas en contrarrestar esta táctica al no precipitarse hacia el centro de la ciudad para ser rodeadas y eliminadas poco a poco. En lugar de ello, limpiaron y aseguraron cada edificio y las rutas de acceso antes de mover‐se a la siguiente. Adicionalmente, algunas fuerzas norteamericanas e iraquíes permanecieron detrás del avance para evitar que los insurgentes volvieran a ocupar áreas previamente despejadas. El establecimiento de zonas despejadas de operación y excelentes comunicaciones facilitó esto.
Un elemento clave en el éxito de la coalición en Fallujah fue la aplicación de los blindados norteamericanos, concretamente el tanque M1A2 Abrams. El Abrams era capaz de absorber un enorme castigo y continuar operando. En muchos ca‐sos, estos tanques recibieron múltiples impactos de RPG‐7, que fracasaron en operar el pesado blindaje; incluso grandes explosivos improvisados fracasaron en destruir tanques. Aunque el número real no es actualmente conocido al pú‐blico, los informes de la prensa contemporánea muestran que solamente dos tanques Abrams fueron destruidos durante esta encarnizada batalla. Las tácti‐cas utilizadas por los norteamericanos compensaron la inherente debilidad del diseño de los tanques en las ciudades. Operando en parejas, los tanques se cu‐brían el uno al otro permaneciendo a corta distancia detrás para prestar apoyo. Lo mismo puede decirse de los vehículos Bradley, aunque su blindaje era mu‐cho menos capaz. Los Marines habían dispersado sus tanques para proporcio‐nar apoyo directo a los fusileros, y esta táctica consagrada funcionó para des‐truir sistemáticamente peligrosas posiciones enemigas. Contrariamente, los ba‐tallones del Ejército asignados a la operación utilizaron un enfoque diferente. Así, encabezaban su asalto con los blindados pesados, que arrasaban la ciudad y trastornaban las defensas enemigas. Esto permitió el rápido avance de la in‐fantería y la limpieza de sus zonas y aseguró una veloz victoria.
La batalla por Fallujah fue una asombrosa victoria con una tasa de bajas históri‐camente baja para un combate urbano de este tamaño. Reafirmó las capacidades de los blindados pesados en las ciudades

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