LA MOVILIDAD EN LA Ira GUERRA MUNDIAL

EL REGRESO A LA GUERRA DE

MOVIMIENTO

La Guerra de Trincheras

Como ya vimos al comienzo de la guerra el comando francés fue
sorprendido por el empleo que hicieron los alemanes de sus tropas de
reserva como si se tratara de soldados regulares. Esto le dio a los germanos
una ventaja inicial que no pudo evitar que la guerra se convirtiera
en un verdadero desastre para ambos bandos. Para fines de 1914
los sueños de grandes maniobras como las de Sedan y Metz de 1870
se habían esfumado, ahora ambos bandos se encontraban enterrados
uno frente a otro sin esperanza de movimiento alguno.
La guerra de trincheras no conformaba a nadie y de hecho en
ningún mando superior fue dócilmente aceptada. Tan temprano como
noviembre de 1914 los alemanes intentaron romper el frente en
Ypres para abrir una ruta hacia el Canal de la Mancha. Esta acción
fracasó y es conocida como “La masacre de los Inocentes“ por los
miles de jóvenes estudiantes alemanes que cayeron bajo el fuego de
los soldados ingleses.
Un mes después Joffre lanzó su propio ataque con iguales resultados.
Todos los intentos ofensivos aliados y alemanes realizados
entre fines de 1914 y principios de 1917 terminaron en duros reveses
para quienes se lanzaron al asalto; así resultaron las batallas de Ypres
de febrero y marzo de 1915 y la de Verdun de febrero a diciembre de
1916. Fracaso tras fracaso los generales se vieron obligados a comprender
que los modelos tácticos empleados producían un número
excesivo de bajas y ningún resultado.
En el Frente Oriental y en el Cáucaso el estancamiento era similar;
luego de las primeras ofensivas que desplegaron algunas maniobras
exitosas, la concentración de tropas y armas acabó con la
movilidad de los ejércitos.

Los Tanques

En Inglaterra y Francia de forma separada pero simultáneamente
se comenzó a pensar en la idea de introducir un arma blindada que
protegiera a los soldados del fuego de las ametralladoras mientras
atravesaban por la tierra de nadie. En Tcnl Swinton propuso la idea
de un vehículo de cadenas capaz de cruzar las trincheras al Ejército
Británico en tanto que el Almirantazgo inglés impulsaba un proyecto
similar. En Francia hacia fines de 1914 el Crl de artillería Estienne
comenzó a trabajar sobre la idea de que la artillería fuese capaz de
seguir a la infantería en el ataque. Ambas potencias aliadas guardaron
el secreto para que los alemanes no estuvieran alerta, pero también lo
guardaron entre sí, por lo que los primeros tanques y su doctrina de
empleo y se formularon por separado privándose de las ventajas de un
desarrollo conjunto.
El producto de estas ideas fue el tanque empleado por primera
vez en septiembre de 1916 durante la batalla del Somme por el Grl
Haig. El debut del tanque no fue brillante pues empleado bajo las
tácticas convencionales, en escaso número y sin una doctrina que
respondiera a sus capacidades era poco lo que esta nueva arma podía
hacer. Estos vehículos blindados eran tecnológicamente limitados,
muy pesados, lentos, ruidosos, y tan poco blindados que el fuego
enemigo alcanzaba en ocasiones a incendiar sus depósitos de combustible.
El Grl Nivelle, sucesor de Joffre en el GQG, lanzó también una
ofensiva con tanques el 16 de abril de 1917. El encuentro fue altamente
costoso en vidas humanas y la mayoría de los tanques fueron
destruidos, sin embargo el asalto alcanzó la tercera línea defensiva
alemana. Esta fue la primera vez que se emplearon masivamente los
tanques, comprometiéndose en la operación 128 vehículos Schnider,
de los 208 disponibles, el 16 de abril de 1917 en Chemin des Dames.
Las tropas que servían en los tanques provenían de todas las armas y
eran enteramente voluntarias.
La agrupación de combate del My Louis Bossut contaba con 80
tanques organizados en los Groupes d’ Artillerie Speciale (AS) 2, 6, 5,
9, y 4 y la agrupación del Cap Chaubes con 48, formados en los AS 8,
7 y 3. La primera agrupación estaba apoyada por la DI 69 y la segunda
por la DI 42.El objetivo era emplear los tanques después de la captura
de la primera línea alemana para explotar el éxito y lograr una penetración
completa del frente. Se preveía que la infantería debía
acompañar la penetración blindada para lo cual se fijó el empleo de
cinco compañías para Bossut y de tres para Chaubes. Cada Ca I había
destacado cuatro hombres para acompañar a cada tanque, el grueso de
la subunidad marchaba detrás de este grupo de ataque.
La infantería regular asaltó la primera línea defensiva alemana y a
partir de allí los tanques ocuparon sus posiciones de partida. La operación
se hizo difícil desde el comienzo, la barrera de artillería enemiga
resultó tan violenta que la infantería no pudo seguir a los tanques,
todo ello con un elevado número de bajas en vehículos y hombres. El
asalto quedó prácticamente agotado al alcanzar sus objetivos en la
tercera línea defensiva, sometido al fuego de artillería y sin tener
potencia para explotar ninguna brecha a través de las trincheras alemanas.
Esta incapacidad de explotación generó una falsa idea de las
capacidades de los tanque que influenciará nocivamente a la doctrina
blindada francesa.76
Bossut perdió 44 de sus ochenta tanques, del total de 720 hombres
empeñados, 180 causaron baja, entre ellos el propio Bossut. El
desastre del 16 de abril le costó la cabeza a Nivelle, quien fue sucedido
por el Grl Petain.
El 23 de octubre de 1917 en La Malmaison se montó un nuevo
asalto blindado esta vez con 38 Schneider y 30 Saint–Chamond. La
infantería de acompañamiento fue concentrada previamente en el
campo de Champlieu para ser instruida en el combate junto a los
tanques. El ataque realizado en la zona del Ej 6 resultó un éxito alcanzando
sus objetivos y perdiendo sólo dos tanques. Este combate
fue el resultado del aprendizaje logrado por los aliados en sus fracasos
anteriores y sirvió de molde para las batallas ofensivas libradas en
junio y julio de 1918.
Los grupos de tanques se empleaban acompañados de equipos de
infantería instruidos con ellos lo que aseguraba la mutua fiabilidad
táctica. De esta forma el terreno conquistado por los tanques podía
ser ocupado y mantenido. Debido a las pérdidas de tropas después de
años de guerra, los cuerpos de ejército y las divisiones de infantería
actuaban prácticamente sin reservas, lo que obligó al empleo de los
tanques y sus tropas de acompañamiento para sostener la línea del
frente. Estas fuerzas se empleaban en reducidas fracciones para apoyar
de inmediato los sectores del frente sometidos a ataque.
Pronto los franceses se dieron cuenta que si bien este expediente
proveía una efectiva defensa, el costo en bajas y fatiga de las fuerzas
blindadas era elevado; se provocaba particularmente la pérdida de
valiosos soldados de infantería entenados para combatir con los tan-
ques. El resultado era que el efecto alcanzado con el entrenamiento y
el trabajo conjunto de hombres y máquinas se desperdiciaba, debiéndose
reiniciar el proceso de entrenamiento con nuevos reclutas junto
a los tanques. Como efecto colateral las tropas regulares se acostumbraron
en exceso a la presencia de los tanques lo que produjo que en
ausencia de los mismos la infantería cediera sus posiciones con excesiva
facilidad. Apreciando esta situación el comando francés abandonó
esta práctica y retomó el empleo de los equipos tanque-infantería
en operaciones ofensivas.
Con vehículos y tácticas mejoradas los aliados continuaron el empleo
del tanque, así en la batalla de Cambrai iniciada el 20 de noviembre
de 1917, 374 tanques británicos atacaron la línea
Hindenburg, apoyados por 14 escuadrones del Royal Flying Corps. El
asalto fue exitoso aún teniendo en cuenta que esa línea defensiva era
muy poderosa; se penetraron sus defensas en profundidad pero debido
al desgaste de las fuerzas británicas a comienzos del año en Ypres
y Arras, se carecía de reservas para explotar el éxito. Aunque momentáneamente
sorprendidos, los alemanes lograron montar una violenta
contraofensiva que les permitió recuperar el terreno perdido.
Frente al desarrollo aliado para el empleo de tanques los alemanes
respondieron con una mejor combinación de empleo de la infantería
y la artillería. Aunque los germanos desarrollaron su propio
tanque el A7V, era un vehículo muy lento y pesado, y nunca dispusieron
de él en número suficiente.
En noviembre de 1916 se tomaron las primeras medidas para la
defensa contra los tanques. En diversas órdenes del día de regimientos
y divisiones alemanas se recordaba a las tropas de infantería que
frente a un ataque de tanques debían conservar sus posiciones en la
confianza de que la artillería destruiría los vehículos atacantes. Estas
medidas de orden moral iban acompañadas también con instrucciones
para las unidades de artillería recomendando el reglaje de tiro sobre
las avenidas de aproximación más aptas para el empleo de blindados.
Para 1917 las tropas alemanas ya estaban habituadas a preparar
sus posiciones defensivas con obstáculos contra los tanques, que incluían
fosos y campos minados; asimismo se habían desarrollado baterías
antitanque. Estas últimas unidades conocidas como
Nahkampfbatterien fueron creadas en enero de 1917 y numeradas a
partir del 200. Cada batería estaba compuesta de seis piezas de 77mm
dividida en tres secciones de a dos. La munición que contaba con
percutores retardantes tenía una camisa de acero llamada Panzerkape
que le daba poder de penetración. Comandada por un teniente con
seis suboficiales y cincuenta hombres estas baterías dependían directamente
de los mandos de los ejércitos y eran asignadas por éstos
según la necesidad.
Como complemento de la defensa antitanque en cada Ca I un
grupo de cuatro hombres elegidos había sido sometido a un entrenamiento
de tres semanas en el uso de granadas contra las orugas de los
vehículos blindados. Las granadas se empleaban en racimos de a
cuatro para alcanzar una masa explosiva con poder suficiente para
poder dañar las cadenas de tracción.
Avanzado el año 17 se incluyeron en las baterías cañones de trinchera
antitanques de 37mm y cañones de 50mm montados sobre
afustes acorazados. Los primeros se empleaban dentro del alcance de
600 a 800 metros, mientras que los segundos entre los 1000 y 1200.
A pesar de que la principal responsabilidad de la defensa antitanque
correspondía a la artillería, para que esa defensa resultase efectiva
era necesario que la infantería permaneciese en sus posiciones y
contase con algún elemento de combate inmediato contra los tanques.
Estos elementos consistían en munición perforante para las
ametralladoras, fusiles antitanque de 13mm y morteros de trinchera
de 76mm.

Tácticas de Infiltración y Defensa

Las nuevas armas en uno y otro bando obligaron al desarrollo de
adecuadas doctrinas de empleo, en este sentido fueron los alemanes
los que primero consolidaron sus ideas.
La ofensiva del Somme el 21 de marzo de 1918 fue planeada bajo
las tácticas diseñadas por el Cnl Georg Bruchmüller, bajo el padrinazgo
de Ludendorff. La intención era conservar el efecto sorpresa, pues
la costumbre de prolongados bombardeos de artillería que podían
durar un día o más alertaban a los defensores quienes reforzaban el
sector comprometido. Para salvar este inconveniente se decidió reducir
el tiempo de bombardeo a cinco horas empleando 6.473 cañones y
3.522 morteros, con los que lograron descargar sobre las defensas
francesas 1.160.000 obuses; una cifra sorprendente si se considera que
los británicos en su ofensiva del Somme emplearon siete días de preparación
y 1.500.000 obuses.
Como complemento a este innovador empleo de la artillería se
utilizó un gas mezcla de fósforo y lacrimógeno en una escala muy
amplia. Esta combinación de gases complicaba la defensa pues las
máscaras, efectivas contra el fósforo eran inútiles contra el gas lacrimógeno;
se esperaba que los soldados al quitarse las máscaras para
frotarse los ojos fueran muertos por el otro gas. Contra la artillería
aliada se emplearon 4 obuses de gas por cada obús explosivo.
Este criterio de un bombardeo de artillería breve y de gran intensidad
combinando gas y munición explosiva tiene su origen en los
procedimientos empleados por el Grl Oskar von Hutier en el frente
ruso, asimismo en esas acciones se encuentran los principios de la
táctica de infiltración..
Para completar el plan de fuegos, a diferencia de otras oportunidades,
en las que la concentración se aplicaba a la primera línea defensiva,
se seleccionaron blancos a retaguardia de ésta que incluían
las posiciones de artillería y los puestos de mando.
Una cuestión importante la planteaba la conducción de las operaciones.
El comando ejercido desde la retaguardia a través del teléfono
resultaba inútil, pues el jefe de la unidad no podía apreciar la realidad
del combate. Para resolver este inconveniente Ludendorff ordenó a
todos los comandantes de división conducir sus tropas desde la silla
del caballo y en el frente, aprovechando no sólo el rápido golpe de
vista de la situación, sino también el ejemplo personal y la motivación
sobre las tropas.
Más innovadora aún fue la táctica de la infantería alemana. Hasta
ese momento la infantería avanzaba en ataque por detrás de la barrera
rodante de artillería y protegiendo los flancos de su penetración, asegurando
cada metro de terreno con la destrucción de las posiciones
enemigas que ese oponían a su paso.
En esta ocasión se ordenó a la infantería germana conservar su dirección
de ataque sin preocuparse por lo que sucediera en sus flancos,
y sólo atendiendo a mantener el ritmo de la penetración. La primer
ola de asalto la integraban tropas de choque conocidas como Stosstruppen
entenadas en tácticas de infiltración. Estas unidades en lugar de
concentrarse en reducir los puntos fuertes que encontraban en su
camino, los evitaban penetrando la profundidad del dispositivo en
busca de puntos débiles del mismo, destruyendo puestos de mando,
centros de comunicación y alcanzando la línea de artillería enemiga,
logrando así desorganizar la defensa. En apoyo de su avance contaban
con una barrera de artillería rodante bautizada como “Feurwalz” que
avanzaba 200 metros cada cuatro minutos. Detrás de las Stosstruppen
avanzaban las tropas regulares encargadas de destruir las bolsas de
resistencia y puntos fuertes que para ese momento se encontraban
aislados.
Las unidades de Stosstruppen se crearon en 1916. Se trataba de
tropas selectas por su coraje, competencia e iniciativa, facultades
estas que se potenciaban por medio de un entrenamiento especial.
En el año de su creación se alcanzó a disponer de una sola compañía
de 120 hombres, pero a medida que estos soldados se involucraron en
operaciones ofensivas de envergadura se crearon batallones a razón
de uno por cada ejército del frente occidental. Estas unidades comprendía
cuatro compañías de infantería de asalto, una batería de artillería,
un destacamento Minewerfer, un destacamento de lanzallamas,
una compañía de ametralladoras y una compañía logística. Los batallones
sólo operaban en acciones ofensivas especiales, el resto del
tiempo permanecían a retaguardia recibiendo instrucción.
Como decíamos las tropas de asalto alemanas aparecieron en 1916
en acciones de infiltración aprovechando formaciones muy abiertas y
dispersas y explotando la capacidad personal e iniciativa de cada
combatiente individual. Curiosamente no fueron los alemanes quienes
crearon este tipo de combate. El 9 de mayo de 1915 en el asalto
del cerro Vimy, el Cap Andre Laffargue empleó la táctica de infiltración
por pequeños grupos para tomar a los alemanes por el flanco. Los
inconvenientes que apreció Laffargue en esa oportunidad se debieron
principalmente a la falta de flexibilidad de la artillería para responder
al apoyo de la infantería. Laffargue escribió un informe sobre
su experiencia en este ataque que fue impreso por el cuartel general
francés, aunque sin adoptar el método. Una copia de este documento
cayó en manos alemanas en 1916.
Esta innovación táctica en el ataque tuvo también su influencia
en el desarrollo de la defensa.
Mientras que el ataque se manifestaba ahora como una penetración
en profundidad que buscaba rodear los puntos fuertes para alcanzar
los centros de comunicación, comando y artillería,
aprovechando una rápida, violenta y concentrada barrera de artillería
y de una alta descentralización de las tropas de ataque; la defensa
alemana se estructuró para dar respuesta a este modelo ofensivo.
En primer lugar los alemanes abandonaron el criterio de línea
continua reemplazándolo por una red de puestos defensivos. Estas
posiciones se estructuraban de la siguiente manera, en la primera
línea se asentaban los puestos avanzados cuya función principal era la
de mantenerse durante la mayor parte del tiempo y servir de alerta en
caso de ataque. Detrás de estos se disponían puntos fuertes equipados
con ametralladoras, armas pesadas y reservas para resistir el asalto;
su función era la de obligar al atacante a distribuir sus fuegos primero,
y luego dividir sus fuerzas de manera que el asalto perdiera potencia.
Una vez canalizado de este modo el avance enemigo las reservas
alemanas contraatacaban destruyendo la ofensiva en progreso. Como
complemento, para minimizar la preparación de artillería enemiga, los
germanos desarrollaron la práctica de retirarse de las posiciones de
primera línea y cobijarse en puestos especialmente preparados para
resistir el bombardeo. De esta forma la mayoría de los obuses caían
sobre blancos vacíos. Las tropas regresaban a sus posiciones para
recibir a los atacantes.

LA DOCTRINA AL FINAL DE LA

GUERRA

Estas tácticas de ofensiva y defensiva, que lentamente fueron
adoptadas por todos los beligerantes plantean algunas cuestiones que
debemos destacar. Por una parte las ideas acerca del valor moral del
soldado y el espíritu de cuerpo prevalecientes aún antes del conflicto
no sólo conservan su vigencia sino que se han hecho más necesarias.
Ello así porque el combate en orden disperso, que tantas dudas planteó
a comienzos del siglo es ahora la mejor respuesta para resolver la
inmovilidad de la guerra de trincheras.
Ambas tácticas giran alrededor de un mismo problema. El atacante
debe hacer que sus soldados atraviesen un terreno difícil cargados
con equipo pesado; retrasados por los primeros signos de resistencia
enemiga y por la interdicción de la artillería. Sin contar con adecuados
sistemas de comunicación la posibilidad de reducir la pérdida de
cohesión y conservar alguna dirección y potencia del asalto disminuye
en proporción al tiempo en combate. Esto provocó que durante la
guerra aunque se lograran penetrar los cinturones defensivos, las
fuerzas de ataque no estuvieran en condiciones de explotar esas brechas.
Del lado de la defensa el contar con medios de comunicación telegráfica
y ferrocarriles le facilitaba la concentración de fuerzas para
contener y contraatacar a las tropas asaltantes. Por ello la función
principal de la defensa se basaba en contener el ataque, retrasándolo
el tiempo suficiente para poder reunir tropas y contraatacar.
Como vemos el factor central reside en la rapidez del atacante para
destruir las posiciones clave enemigas antes de ser contraatacado y
para el defensor en su capacidad para ganar el tiempo suficiente que
le permita lanzar un contraataque. Los años subsiguientes a la primera
guerra mundial enfocaron este problema desde distintas ópticas no
siempre con éxito. Será la Segunda Guerra Mundial la que permita
formular una solución posible
Las nuevas tácticas de infantería afirmaban el combate en formación
dispersa y la importancia del combatiente individual. La organización
de las unidades debió adaptarse a estos criterios adquiriendo
los niveles de pelotón, grupo y sección relevancia táctica y no mayormente
administrativa como hasta antes de la guerra. En esta nueva
estructura las subunidades se convertían en las unidades tácticas de
operación ocupando el lugar que hasta entonces correspondía al batallón.
Este criterio reducía el control directo de la batalla por los comandantes
superiores y exigía, en compensación, de una mayor competencia,
iniciativa y responsabilidad de los oficiales subalternos y de
los suboficiales.
En cuanto al armamento las ametralladoras pesadas y livianas
comenzaron a formar parte del equipamiento regular de la infantería.
Del mismo modo ocurrió las granadas, morteros y lanzallamas, un
invento francés. Igualmente ocurrió con el casco de acero introducido
como respuesta a los proyectiles de metralla.
Las tareas de fortificación quedaron definitivamente incorporadas
a las actividades de las tropas tanto en defensa como en ataque; el
alambrado de púas se integró como pieza fundamental de las posiciones
fijas en reemplazo de los antiguos fosos y chevaux-de-frise.
El incremento de la potencia de fuego y de la concentración de
tropas en frentes estrechos desplegadas en profundidad con una densidad
de 2.4 hombres por metro, daba a la defensa una potencia excepcional.
Es a partir de esta situación que se comienza a hablar de
fórmulas de relación ataque-defensa, estableciéndose una relación de
tres a uno en hombres, seis a uno en artillería y dieciocho a uno en
municiones77
En cuanto a los adelantos tecnológicos el ferrocarril y el automóvil
se integraron definitivamente a los problemas logísticos. En el
ejército francés se disponía de casi 90.000 vehículos automotores en
1918. El tanque y el avión aún no tenían un perfil táctico definido y
en las próximas décadas su empleo será objeto de discusión y análisis.

76 Compagnon, J., 1984, “La Chevauchée héroïque de Berry-au-Bac. Le Chef
d’Escadrons Bossut”, en “L’Arme Blindé Cavalerie”, Revue Historique des
Armées, Numéro Spécial 2/1984, pg 61, Chateau de Vincennes, RHA

77 Jones A. 1987, “ The Art of War in the Western World, 484, Oxford, Oxford
University Press.

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