Clase 02 – El Modelo Militar Básico – GC 1

LA GUERRA PRIMITIVA

En la vida del hombre prehistórico la guerra tenía un carácter
ocasional. La abundancia de territorios de los cuales obtener recursos
y la escasez de pobladores del planeta hacía que los encuentros entre
individuos fueran esporádicos, y más ocasional aún que se disputasen
la posesión tierras o riquezas.
Cuando estos encuentros ocurrían asumían un formato particular
que estaba íntimamente ligado a las sociedades en conflicto, característica
ésta permanente en la definición de las guerras. Las sociedades
primitivas, hasta donde se ha podido conocer y especular, no tenían
capacidad para centralizar sus acciones y decisiones, es decir que
podían concentrar sólo alguno de sus recursos en la obtención de un
logro específico e inmediato. La descentralización las privaba de
poder formular políticas que respondieran integralmente a las necesidades
de la sociedad, de allí que los intereses involucrados en los
conflictos fuesen generalmente individuales y fragmentarios basados
en principio en la ofensa al jefe o a algún tabú tribal14. La incapacidad
de formular ideas y criterios unificadores impedía la enunciación de
cualquier concepto estratégico o táctico, implicando entonces la imposibilidad
de determinar objetivos y de establecer los métodos para
alcanzarlos.
Para compensar estas falencias dado que se debía actuar de todas
formas, los pueblos primitivos habrían recurrido a la fijación de rituales
que determinaban las conductas a seguir en una guerra sin importar
las circunstancias reales que ésta manifestaba. Así se conoce que
habría habido combates regidos por árbitros, luchas que reconocían
etapas de escalada que iban de los gritos a la violencia física, guerras
que concluían una vez alcanzado cierto número de bajas o conflictos
resueltos por la lucha entre campeones.15 Aunque estos rituales puedan
parecernos extraños, algunos de ellos y la idea de la ritualización
de la guerra se repiten en la historia de la humanidad.
Mientras la guerra resultó ocasional y las sociedades se mantuvieron
en estado primitivo estos procedimientos para hacer la guerra
conservaron su vigencia. No queremos decir con esto que el hombre
primitivo fuese más respetuoso de la vida humana que lo que somos
hoy, pues también sabemos que las emboscadas, las razias sobre pueblos
indefensos y el asesinato eran moneda corriente, pero el conflicto
elevado al nivel de grupo social, tenía como proceso resolutorio la
aplicación del protocolo ritual.
Cuando estas sociedades prehistóricas evolucionaron al punto de
poder establecer una estructura política y una continuidad en su supervivencia
la forma en que enfrentaron la guerra también cambió.
Ahora los objetivos perseguidos estaban íntimamente vinculados con
la subsistencia de la sociedad, se los podía además reconocer por todos
y se lograban establecer procedimientos para alcanzarlos. Esto
que tenía validez en la paz, en la guerra dio lugar a la creación de las
primeras organizaciones destinadas estrictamente a ella y a la aparición
de la primitiva doctrina de combate.
El cambio se produjo además en el momento en que los aún pocos
pobladores de la tierra comenzaban a migrar hacia las regiones
más ricas en recursos, como la Mesopotamia Asiática, los Deltas del
Nilo y el Río Amarillo y la Cuenca Noroeste de Sudamérica. La concentración
de habitantes trajo consigo una convivencia a la que los
distintos grupos no estaban acostumbrados, produciendo inevitables
conflictos sobre el apoderamiento de los recursos de la región y la
guerra entonces se transformó en un fenómeno endémico y, al menos
en principio, en uno de los lenguajes en que los pueblos manejan sus
relaciones exteriores.
Al adquirir la guerra un carácter regular se volvió un fenómeno
persistente, complejo y específico. Esta evolución no fue apreciada
de inmediato sino que fue aprendida con la práctica bélica.
Los estados primitivos hicieron la guerra continuando con las
mismas estructuras organizacionales que aplicaban al combate ritual.
Estas organizaciones eran ad hoc y se basaban en el orden social de
forma directa afectando a todos los individuos. Su líder concentraba
sobre sí todos los aspectos de la conducción de la fuerza militar y la
sociedad, sin que se distinguiesen claramente unas funciones de
otras, ni entre combatientes y no combatientes. Como soldados operaban
de forma dispersa, con una táctica que podríamos llamar intuitiva
y con un limitado poder de dañar a distancia. El combate era en
lo que se conoce como en horda, sin formación específica y su resultado
era el producto de los combates individuales que se sucedían al
chocar las masa de las fuerzas en conflicto.
Participar en un combate de estas características limita en mucho
la posibilidad de asegurar el éxito mediante la preparación previa,
salvo la de disponer más soldados que el enemigo. Es posible que
esta preocupación haya movido a nuestros ancestros a elaborar algún
cambio en las fuerzas militares.
Para comprender la naturaleza del ciclo de cambios en los ejércitos
y su doctrina se debe tener siempre presente que la guerra es un
fenómeno dialéctico, y que como tal plantea necesariamente un intercambio
entre dos partes. Las modificaciones y desarrollos militares
aparecen como respuesta a una variación en conducta del otro; a su
vez incorporan una nueva situación que dará lugar a nuevas evoluciones.
Cada avance en el arte militar responde a este circuito de allí que
la historia militar sea una de las bases de la comprensión del arte de la
guerra.

LA EVOLUCIÓN DE LA DOCTRINA EN

LA ANTIGÜEDAD

Una de las primeras preocupaciones de los antiguos soldados debió
ser cómo enfrentar un evento tan peligroso y constante como la
guerra. La respuesta fue la de tomar en consideración estas características,
además de su complejidad y especialidad y crear ejércitos permanentes.
Es decir personal cuya única función fuese la de trabajar
en y para la guerra.
Con ejércitos de esta categoría en 3370 a.C. Semerkhet, rey de
Egipto, invade por primera vez el Sinaí y años después en 2872 a.C.
Sargón partiendo de Akkad conquista el Elam en oriente y alcanza las
costas del Mediterráneo llegando hasta Chipre en occidente.16 En el
antiguo Egipto, la fijación de un ejército permanente, favoreció el
florecimiento de la profesión militar, sobretodo a partir de la XIX
Dinastía donde el ejército era visto “…como un medio para progresar
social y materialmente, tanto para ricos como para pobres”17. Esta
profesionalización, sin embargo, no alcanzó a una verdadera especialización
debido a lo primitivo del estado del arte de la guerra.
La introducción de los ejércitos permanentes no solucionaba el
desorden del combate. El guerrero de la antigüedad debió entonces
dar por primera vez una respuesta a los problemas recurrentes del arte
de hacer la guerra. Por una parte establecer la relación entre organización,
fuego y maniobra. Por la otra, pero no ajeno a esta relación, elegir
cuál sería la aptitud principal de sus fuerzas la defensa o el ataque.
Estos problemas tienen aún hoy vigencia en razón que no admiten
una respuesta única y permanente, sino que varían y evolucionan con
los cambios sociales, tecnológicos, etc.
La horda presenta una estructura de dispersión de tropas, descentralización
en el control de la maniobra y en el empleo del fuego,
resultado de la preeminencia del combate individual. Su aptitud es
ofensiva, pues la defensa exige de cierto orden. Una horda carece
entonces de los mecanismos de guía para conducirla y su dinámica de
desorden puede llevarla a la atomización de su potencia de combate.
La respuesta a enfrentar la horda, pero al mismo tiempo mejorarla
fue la creación de la Falange Sumeria. Esta formación consistía en la
reunión de los soldados en filas hombro con hombro, disponiendo de
varias de ellas en profundidad. Esta falange presentaba entonces un
sólido frente contra el cual la horda se deshacía por no tener una masa
de choque lo suficientemente potente. La falange debía ser muy
lenta para conservar la formación y reconocía como maniobra única el
avance hacia el frente, no podía girar ni retroceder. Poseía una nula
capacidad de fuego, privilegiando la lanza como arma de combate
cercano. Esto permitió el desarrollo de una táctica centralizada: todos
los soldados actúan de la misma manera, en la misma dirección y
ejecutando una única maniobra.
Esta solución de suprimir la dispersión por la concentración física
de las tropas era posible en razón de que la capacidad de daño a distancia
de la horda era reducida, pues la misma carecía de la aptitud de
concentrar el fuego de sus flechas y jabalinas.
La Falange Sumeria otorgó a sus creadores la ventaja en el combate
hasta que sus adversarios comenzaron a imitarla. Una vez que
todos los ejércitos de la región combatían en la forma de esta falange
el resultado del combate dependía de la cantidad de soldados disponible
para soportar el choque y el combate entre las dos formaciones.
Nuevamente estamos entonces en que la esperanza de victoria de
basa en la mayor cantidad de medios disponibles.
La Falange Sumeria igualmente tenía dos debilidades una capacidad
de fuego nula y su lentitud e incapacidad para realizar giros o
movimientos laterales, pues esto rompía la formación. Para resolver el
problema del fuego los ejércitos primitivos comenzaron a incluir por
delante de las falanges a tropas en formación dispersa, con equipo
liviano y cuya única función era la de emplear sus armas arrojadizas
contra el enemigo y no combatir cuerpo a cuerpo con él. Siendo la
falange un blanco voluminoso estas tropas ligeras podían fácilmente
concentrar su fuego, debilitando a la formación enemiga antes del
choque con la propia tropa. La introducción de este tipo de tropa
constituyó un freno al superioridad de la falange.
Solucionado el fenómeno del fuego la movilidad requirió de la
incorporación de nuevos recursos: la domesticación de animales que
se produce entre el 3.000 y el 2.000 a.C. y la introducción del carro de
guerra. Ambos elementos en distintas épocas actuaron en los flancos
de la falange protegiéndola y también perturbando el movimiento de
las formaciones enemigas por medio del empleo de armas arrojadizas.
Los carros constituían plataformas móviles de fuego, portando lanceros
y arqueros.

El modelo final se integraba con la falange como núcleo, la infantería
ligera por delante para debilitar al enemigo y los cuerpos móviles
en los flancos para protección y acciones de desgaste. El concepto
central, desarrollado en Persia, era que las tropas ligeras de caballería
al atacar a la infantería pesada la obligasen a detenerse para poder
efectuar una defensa, debilitándola mientras con arqueros, honderos
y jabalineros. Este estilo se mejoró y perfeccionó en las guerras de los
imperios de medio oriente y Egipto.
Las tropas ligeras cumplían además una función defensiva que
era la de rechazar a su igual del campo contrario, impidiendo que se
desgastara a la propia falange.
Los ejércitos se componían entonces de cuatro clases de combatientes.
La Infantería Pesada, cuyo objeto era el combate cuerpo a
cuerpo y fijar en el campo de batalla una posición en la cual el ejército
podía anclar sus acciones; la Infantería Liviana o Ligera que combatía
por medio de armas arrojadizas; la Caballería Pesada capaz de
emplearse para el combate de choque; y la Caballería Ligera que
actuaba también en el combate a distancia. Existían además tropas y
equipos de ingenieros, y servicios logísticos bastante avanzados para
la época.
Operativamente cada tropa actuaba por separado es decir no había
ningún criterio doctrinario para la acción combinada. Así los ejércitos
de la región confiaron cada vez más en la lucha a distancia por el
fuego, lo que los llevó a reducir las piezas de protección de las tropas
de la falange haciéndolas más ligeras. Igualmente la “…maniobra era
más materia de chance que de plan.”18 Las batallas se decidían por el
desequilibrio en el número de tropas o por la primera fuerza que
entraba en pánico y huía.
La estabilización de esta forma de hacer la guerra daba preeminencia
al desgaste por el fuego como método principal de lucha, ya
que con una falange menos protegida el combate cuerpo a cuerpo
podía resultar incierto. Igualmente las batallas aunque sangrientas no
resultaban decisivas pues la lentitud del cuerpo principal y el agotamiento
de la infantería ligera y la caballería durante la lucha prácticamente
impedían toda persecución. Debemos destacar con relación
a esto que no existe todavía el concepto de reserva, es decir la preservación
de una porción de las fuerzas para aplicarse a dar el golpe de
gracia al enemigo, o explotar una oportunidad de combate o para
efectuar su persecución.

14 Ver el, interesante análisis de Dawson, D., 1996, “The origins of western
warfare”, Boulder, Colorado, Westview Press
15 Ver Keegan, J, 1987, “The mask of command”, New York, Penguin Books
y 1993, “Historia de la Guerra”, Barcelona, Editorial Planeta
16 Bernard Montgomery, Mariscal, 1975, “A history of Warfare”, Cuarta
Edición pg. 33Ed. London, Collins, St Jame’s Place
17 Healy, Mark, “Qadesh 1300 A.C.”, Ediciones del Prado, España, 1995,
pgs. 29

18 Trevor N. Dupuy, 1984, “The Evolution of Weapons and Warfare”, pg 6 ,
New York, Da Capo

Anuncios
Esta entrada fue publicada en CLASE. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s